Para generar un impacto duradero a partir de la innovación, se necesitan ecosistemas favorables que le permitan escalar, lo que incluye políticas, regulaciones, infraestructuras, capital, competencias, confianza y colaboración.
Los emprendedores son clave para el crecimiento, ya que convierten las ideas en soluciones reales al identificar problemas, crear alianzas y escalar innovaciones.
Este artículo se publicó originalmente en China Daily, puede leerlo aquí.
Estamos en la antesala de una nueva era industrial, impulsada por cambios tecnológicos acelerados y enfrentada a una complejidad creciente. El Informe sobre Riesgos Globales 2026 del Foro Económico Mundial señala la confrontación geoeconómica como el riesgo más importante para 2026, mientras que las amenazas ambientales cobran gran relevancia en la próxima década.
La preocupación por los posibles efectos negativos de la inteligencia artificial (IA) y por la polarización social también ha aumentado en los últimos dos años. Estos desafíos llevan a las economías y las sociedades a repensar cómo producimos, consumimos, trabajamos y convivimos.
La cuestión clave es si la humanidad aprovechará esta oportunidad para construir no solo economías sólidas y dinámicas, sino también comunidades cohesionadas y un planeta sano.
Innovar a escala exige cambios transformadores a nivel de sistemas. Esto implica transformaciones fundamentales en las estructuras, los incentivos, las relaciones y las operaciones de sectores enteros, para que la innovación genere un impacto más amplio y sostenido.
Escalar no consiste solo en desplegar más tecnología o ampliar empresas; también implica traducir nuevas ideas en cambios duraderos y de gran alcance. Para lograrlo se requiere un entorno propicio de políticas, regulaciones, normas, infraestructuras, capital y capacidades, junto con cultura, confianza y cooperación.
Sin estos elementos, la innovación corre el riesgo de limitarse a proyectos piloto y a los primeros adoptantes.
El emprendimiento es central en esta transformación. A menudo vistos como asumidores de riesgos o disruptores, los emprendedores son, esencialmente, pioneros que trazan nuevas formas de pensar, interactuar y operar, y que tienden un puente entre lo posible y la práctica. Identifican cuellos de botella del mercado, carencias en los servicios y fricciones institucionales.
Reúnen talento, capital y alianzas para abordar estos desafíos, probando nuevos enfoques, adaptándolos a problemas del mundo real y aplicando soluciones que puedan escalarse y mantenerse en el tiempo, y contribuyen a definir y dar forma a normas y regulaciones.
En Asia, el emprendimiento ha impulsado la innovación al construir ecosistemas orientados a un propósito que integran infraestructuras, competencias, capital, mercados y alianzas público-privadas para lograr un crecimiento resiliente, sostenible e inclusivo.
Las redes de fabricación han ayudado a que los proveedores más pequeños prosperen junto a las grandes empresas, las plataformas digitales y las redes logísticas han abierto nuevos mercados para las microempresas y las pequeñas empresas, y las inversiones en conectividad han creado nuevos modelos en pagos, comercio, movilidad y servicios.
El 15.º Plan Quinquenal de China (2026-30) ejemplifica cómo la modernización industrial, la innovación tecnológica y el desarrollo verde pueden perseguirse de forma conjunta para respaldar la transformación estructural y un crecimiento más sostenible.
El desarrollo de cadenas de valor de energía limpia que vinculan la energía solar, las baterías, las redes inteligentes y los vehículos eléctricos ilustra esta integración. Estas industrias interconectadas han impulsado la creación de empleo, las exportaciones y los ingresos locales, a la vez que reducen los costos energéticos y las emisiones, mejoran la calidad del aire y aceleran un cambio más amplio hacia una industria y una movilidad más ecológicas.
Alrededor de la mitad de los pioneros de la IA del programa MINDS (Soluciones Significativas, Inteligentes, Novedosas y Desplegables) del Foro Económico Mundial se encuentran en China. Estas empresas han demostrado cómo las soluciones de IA pueden aplicarse de manera significativa y a gran escala para generar valor para las empresas y la sociedad.
Una empresa MINDS del sector sanitario, por ejemplo, ha reducido el tiempo de cribado de pacientes en un 83 %, ha acortado los ciclos de investigación en los centros clínicos en un 67 % y ha mejorado la eficiencia operativa en escenarios médicos clave en un 30 % mediante un modelo operativo empresarial de IA sujeto a gobernanza.
Estos ejemplos muestran que el futuro de la capacidad manufacturera y de la resiliencia económica se definirá no solo por la velocidad de adopción de la tecnología, sino también por la capacidad de construir ecosistemas y rediseñar sistemas que beneficien a las personas y al planeta, junto con las mejoras en productividad y en asignación de recursos.
Para que la innovación pueda escalar, deben evolucionar tres sistemas interconectados e interdependientes: la gobernanza, la responsabilidad empresarial y la preparación social.
El sector público puede replantear sus instrumentos de política para estimular el flujo de capital hacia las innovaciones, probar soluciones antes de escalarlas y fomentar alianzas para una mayor cocreación entre el sector público, las instituciones de investigación y las empresas privadas.
En el caso de las empresas, la innovación puede pasar de casos de éxito aislados a una transformación de todo el sector, al priorizar las prácticas empresariales éticas, el valor para las partes interesadas y el bienestar de los empleados.
La cultura y la preparación social también son esenciales. Para que el emprendimiento prospere, debemos crear entornos en los que las personas tengan la confianza para experimentar, las redes para colaborar y el apoyo necesario para aprender y volver a intentarlo.
Aún puede hacerse más para ampliar el acceso al capital y a las redes, especialmente para las mujeres, los jóvenes y las empresas comunitarias.
La sociedad debería apoyar y reconocer no solo a las empresas tecnológicas de alto crecimiento, sino también a las pequeñas manufactureras, las agroempresas, los proveedores de servicios asistenciales, las plataformas logísticas y las empresas sociales que crean empleo y resuelven problemas locales.
En un mundo marcado por una complejidad creciente y un menor peso de la cooperación multilateral, coaliciones más pequeñas y ágiles de países y empresas desempeñarán un papel más relevante para garantizar que la cooperación general perdure.
La transformación sistémica ya está en marcha, caracterizada por colaboraciones lo suficientemente flexibles y ágiles como para reconocer las realidades geoeconómicas, y a la vez lo bastante ambiciosas y pragmáticas como para abordar desafíos globales compartidos.
En última instancia, innovar a escala significa construir sistemas que permitan que más personas contribuyan a la transformación y se beneficien de ella. En un mundo más complejo y fragmentado, la colaboración debe volverse más intencionada: conectar la tecnología con el factor humano, la empresa con la responsabilidad social y el crecimiento con la sostenibilidad.
Ese impulso ya está tomando forma y, si nos atrevemos a soñar a lo grande, podremos construir un futuro caracterizado por economías más sólidas, comunidades cohesionadas y un planeta sano.


