Recientemente pronosticamos que 2018 será un año excepcional para las operaciones de fusiones y adquisiciones (M&A) y las ofertas públicas iniciales (IPO), gracias a la mejora de la demanda mundial, el impulso sostenido de los mercados bursátiles y el repunte del comercio mundial. Entre los principales riesgos para esta perspectiva figuran una política comercial impredecible de Estados Unidos, problemas en el mercado de bonos estadounidense y una desaceleración del crecimiento económico de China.
Estas proyecciones y los riesgos asociados son indicadores fiables del estado de la globalización y de las perspectivas de crecimiento relativo de los mercados. Pero la imagen que revelan está dominada por fuerzas enfrentadas: colaboración frente a competencia; conexión frente a proteccionismo; inclusión frente a rechazo; transparencia frente a privacidad. La intensidad del conflicto es sorprendente. El impulso por innovar, digitalizarse y conectarse como nunca antes se ve contrarrestado por una fuerte compulsión a volver a tiempos más sencillos.
Hace un par de años, nuestra expresidenta Christine Lagarde describió un mundo en el que la economía mundial se integraba cada vez más, mientras que el sistema político mundial se fragmentaba, en parte debido a una reacción contra los efectos disruptivos de la globalización y contra quienes se percibían como sus ganadores y perdedores. Esto se ha materializado a una escala que nadie predijo. Su tensión inherente se ha manifestado menos como un enfrentamiento abierto y más como fricción.
Durante la última década, se han acelerado las oportunidades y las fuerzas desencadenadas por la tecnología y la globalización, dando paso a la Cuarta Revolución Industrial. La innovación ha creado nuevos modelos de negocio que han desplazado a los actores establecidos. Las empresas se esfuerzan por eliminar la fricción de las cadenas de suministro y la prestación de servicios. Sin embargo, los gobiernos, los organismos reguladores, los actores establecidos y las sociedades reaccionan a la disrupción con fricción. Hay fuerzas complejas en juego.
¿Cómo se gravan adecuadamente los productos digitales a escala mundial? ¿Se puede permitir que evolucionen nuevos modelos de negocio y empleo y, al mismo tiempo, preservar el contrato social? ¿Qué implicaciones tienen los llamados monopolios digitales para la competencia? ¿Cómo se recompensa la innovación y se facilita a la vez la movilidad social? ¿Cómo será la nueva fuerza laboral a la luz de estos cambios?
Estamos viendo un cambio hacia una globalización a distintas velocidades. El desafío estratégico de la próxima década es desenvolverse en un mundo que se integra y se fragmenta al mismo tiempo. Los mercados bursátiles han alcanzado nuevos récords y la volatilidad económica ha caído a mínimos históricos, mientras se han producido conmociones políticas de una magnitud sin precedentes en generaciones. Realidades aparentemente contradictorias coexisten.
A pesar del Brexit y del ascenso del presidente Trump con su lema «Estados Unidos primero», la economía mundial sigue teniendo un desempeño notablemente sólido. El PIB de China crece a un ritmo sostenido del 6 %. Aunque la economía del Reino Unido está algo más débil, en la eurozona aumentan el gasto de los hogares y la inversión empresarial. Indicadores clave del comercio mundial, como el transporte marítimo en contenedores y el transporte aéreo de mercancías, crecen a sus ritmos más rápidos desde antes de la crisis económica mundial.
Sin embargo, hay un lado más sombrío. Aunque la globalización ha fortalecido la economía mundial en su conjunto, dos tercios de los hogares de 25 países con economías avanzadas vieron estancarse o disminuir sus ingresos entre 2005 y 2014. En los últimos cinco años, el Reino Unido ha registrado crecimiento económico y una caída de los salarios. La desigualdad en la distribución de la riqueza va en aumento. Y, pese a los enormes esfuerzos por concienciar sobre el papel de las mujeres en la economía moderna, su empoderamiento económico en condiciones de igualdad sigue pareciendo un sueño lejano. Estas contradicciones se sienten con especial intensidad.
Estadísticas como estas han permitido a los políticos explotar el resentimiento económico. Esto suele traducirse en políticas proteccionistas, como imponer aranceles más altos a los productos importados, restringir el flujo transfronterizo de datos, endurecer las medidas contra la inmigración y pedir el regreso a los valores tradicionales, una expresión que a menudo encubre el proteccionismo social y económico.
Sí creo que la globalización es una fuerza para el bien, tanto a título personal como en mi calidad de presidente de un bufete internacional de abogados con presencia mundial. No creo que replegarse en el proteccionismo sea la respuesta, aunque comprendo las críticas a la globalización y la profunda frustración de quienes no han visto mejorar su vida cotidiana. Debemos abordar mejor estos problemas. Ya es hora de realizar un esfuerzo concertado para lograr una gobernanza más sostenible de la economía mundial.
Los acontecimientos políticos han sido sin duda impactantes. Pero los fundamentos económicos subyacentes siguen siendo sólidos. De hecho, la previsión más reciente de Baker McKenzie sobre transacciones mundiales pronostica que la actividad de operaciones seguirá acelerándose hasta acercarse a niveles récord en 2018.
¿Podría un nuevo repunte del populismo derrumbar todo esto? Nuestro análisis muestra que el impacto de una postura más proteccionista de Estados Unidos sobre los flujos mundiales de transacciones podría hacer que en 2018 el volumen mundial de fusiones y adquisiciones cayera hasta un billón de dólares y que la actividad de ofertas públicas iniciales se redujera a la mitad. La amenaza de un Brexit duro y del colapso del TLCAN también sigue siendo un riesgo real para nuestras previsiones relativamente optimistas.
Pero también modelamos un escenario de riesgo favorable, en el que la actividad económica mejora más rápido, la economía china se expande a un ritmo que no se veía desde hace varios años, el entorno normativo de Estados Unidos es benigno y la eurozona sigue creciendo. En este escenario, la actividad empresarial alcanza niveles récord en 2018 y 2019. Las reformas fiscales de Estados Unidos darán un impulso al crecimiento. Tenemos confianza en que este segundo escenario se materialice con más fuerza que el primero.
Preveo que la globalización se fragmentará, pero no se detendrá ni iniciará un repliegue a gran escala. Los mercados, los países y las personas están demasiado conectados para que eso ocurra. Es más probable que veamos avances irregulares: un paso atrás seguido de uno adelante. Más pausas, más retrasos y más tratados bilaterales que multilaterales.


