Para aprovechar el poder de las nuevas tecnologías en favor del bien social, la ONU, los gobiernos, las empresas y los grupos de la sociedad civil reclaman nuevos marcos de cooperación mundial, nacional y local en torno al desarrollo tecnológico. Estos pueden requerir un rediseño de los sistemas, nuevos modelos, nuevas competencias y nuevas mentalidades para afrontar las oportunidades y los desafíos que plantea la Cuarta Revolución Industrial (4IR). Esto será difícil para los responsables políticos, las empresas y la ciudadanía: a los seres humanos no nos gustan demasiado los trastornos y los cambios, sobre todo a la velocidad y escala actuales, que parecen poco propensas a disminuir.
Entonces, ¿qué debemos tener en cuenta al diseñar políticas y mecanismos de gobernanza para orientar las nuevas tecnologías hacia el bienestar de las personas y el planeta, sin causar más problemas de los que resuelven?
Recuerden: «la tecnología no es como el clima»
Dado el ritmo vertiginoso del cambio, es comprensible que muchos sientan que el desarrollo tecnológico está fuera de control; como si estuviéramos atados a un tren a toda velocidad, intentando desesperadamente averiguar si esa luz al final del túnel es una salida o si es otro tren que viene a arrollarnos.
Aunque el avance tecnológico puede resultar emocionante, también puede restar poder e inquietar, sobre todo a los responsables políticos, pues la tecnología parece avanzar más deprisa que nuestra capacidad para orientarla o gobernarla. Sin embargo, Paul Romer, economista galardonado con el Premio Nobel en 2018, nos insta a recordar que «la tecnología no es como el clima: no nos sucede sin más». Nos recuerda que, en esencia, la tecnología está bajo nuestro control y que «si nos proponemos colectivamente mejorar la tecnología, podemos mejorarla en una dirección que nos parezca importante y a un ritmo más rápido».
Aunque en los últimos tiempos se han producido algunos errores tecnológicos importantes, también hay muchos ejemplos en los que sí nos estamos «proponiendo colectivamente» crear cambios positivos y basar las políticas y el desarrollo tecnológico en valores humanos. Descubran los usos de AI4good, o las excelentes historias de TechForGood, o incluso únanse a personas de su zona que están haciendo realidad los Objetivos de Desarrollo Sostenible en SDGsInAction.
Situar los valores y la ética en el centro de las políticas y el desarrollo tecnológico
La visión del Consejo Mundial del Futuro sobre Valores, Ética e Innovación del WEF es «hacer que sea normal hablar de valores y ética y llevarlos a la práctica en las políticas, la inversión, las empresas y la gobernanza».
Podría parecer evidente que el bienestar de las personas y la sostenibilidad del planeta deberían estar en el centro de estas áreas críticas, que controlan todos los aspectos de nuestra vida. Lo que resulta casi absurdo es que hoy se considere «normal» evitar deliberadamente estos temas en muchos ámbitos de las políticas y las empresas, por considerarlos irrelevantes en el mejor de los casos o incluso un impedimento, en la búsqueda de objetivos limitados, mayormente económicos.
Quizá hablar de ello no parezca suficiente para lograr un propósito. Pero la psicología nos dice que convertir algo en un tema habitual de conversación es un gran primer paso para generar cambios. Sería esperanzador que los responsables políticos, quienes diseñan la gobernanza, los desarrolladores tecnológicos e incluso los investigadores empezaran más a menudo por debatir cómo pueden colaborar más estrechamente con la sociedad para comprender los valores y la ética que sustentan su trabajo. Si luego tomaran medidas prácticas para incorporar aún más esos valores en sus políticas, instrumentos de gobernanza, proyectos de investigación y productos, sería transformador.
De nuevo, hay señales de verdadera esperanza. Los debates mundiales sobre los valores y la ética del uso de los datos, la inteligencia artificial y la robótica y la edición genética están por todas partes. No faltan las conversaciones y los debates sobre cómo pueden influir mejor los valores en las políticas y la gobernanza, la I+D y el desarrollo de productos; solo el tiempo dirá con qué eficacia se traducen en acciones concretas y cambios de comportamiento.

Conectar los puntos: la integración es esencial
El reciente informe técnico del Foro Económico Mundial, Valores, ética e innovación: replantear el desarrollo tecnológico en la Cuarta Revolución Industrial, destaca la importancia de un enfoque sistémico de las políticas. Un enfoque que examine dónde y cómo pueden integrarse los valores y la ética en las políticas, desde la educación hasta la financiación, y desde el diseño de productos hasta la gobernanza.
El informe presenta una visión convincente. Muestra que solo mediante un enfoque realmente coordinado, con nuevas colaboraciones y alianzas entre las políticas, el mundo académico, las empresas y la sociedad civil a lo largo de todo el ecosistema de innovación, podremos empezar a influir de verdad en las prioridades y las acciones en todos los niveles y contribuir a diseñar la 4IR desde sus cimientos, para que sea más segura, equitativa y sostenible que las anteriores.
La Primera Revolución del Empoderamiento
Una de las características definitorias de la 4IR es que la ciudadanía ya no se muestra obediente ni confía en quienes ostentan el poder. Muchas empresas y responsables políticos están viendo una transformación impulsada por las redes sociales y las tecnologías móviles, que permiten a muchas más personas expresarse de forma directa y contundente para cuestionar el statu quo. Quizá lo que estamos viendo no sea solo una Cuarta Revolución Industrial, sino una Primera Revolución del Empoderamiento.
Ciudadanos de todo el mundo alzan la voz y exigen que se escuchen sus opiniones y se actúe en consecuencia, como puede observarse desde la Primavera Árabe hasta los acontecimientos políticos actuales en Estados Unidos y Europa. Pero el alcance de este fenómeno va mucho más allá de estos ejemplos. También se manifiesta en un contexto más concreto, relacionado con la 4IR: pensemos en la oposición de los empleados de Google al motor de búsqueda censurado que se propuso para China, o en la preocupación de los empleados de Microsoft por el uso de la IA por parte del ejército estadounidense. Una sociedad nueva, empoderada y dispuesta a alzar la voz puede resultar muy inquietante, especialmente para quienes están acostumbrados a sentir que tienen el control. Puede parecer anárquica, caótica y preocupante, y resultar difícil saber cómo responder.
Nuestro trabajo sobre las raíces de la confianza y la desconfianza en las tecnologías y la gobernanza buscó comprender cómo se resuelven con éxito otros conflictos difíciles de zanjar, como las negociaciones de paz. Aún queda mucho conocimiento por explorar, pero tres factores parecen fundamentales para diseñar colaboraciones exitosas partiendo de un posible conflicto:
1. La convicción compartida de que el statu quo no funciona para todas las partes.
2. El más mínimo atisbo de valores y una misión compartidos, que ofrezcan un vínculo con el bien común y con el interés propio de todos, puede impulsar las cosas hacia un espacio que antes no existía.
Los Objetivos de Desarrollo Sostenible nos ofrecen mucho más que un atisbo de esperanza: nos brindan una agenda de referencia que puede ayudar a orientar la tecnología para que sea más inclusiva, responda mejor a las necesidades y se centre en el bien social y ambiental.
3. Procesos diseñados para incorporar el respeto mutuo y ganarse la confianza de las distintas partes, con pruebas de ese respeto que sean claras para todos.
El proceso importa; mediante procesos fiables, diseñados en colaboración, podremos sortear mejor las prioridades potencialmente enfrentadas, las difíciles concesiones y los conflictos de valores que serán parte inevitable de afrontar las complejidades de la 4IR.
Puede que no sea fácil, pero crear un mundo en el que las personas y el planeta prosperen como nunca antes merece, sin duda, todo nuestro esfuerzo.


