Pasar tiempo en los columpios podría desarrollar las habilidades de colaboración de los niños

Children play on improvised swings on a tow truck parked on a roadside in Mumbai March 24, 2014. REUTERS/Mansi Thapliyal (INDIA - Tags: SOCIETY) - RTR3IBMP
For four-year-olds, moving in sync can create a feeling of “being like” another child.Image: REUTERS/Mansi Thapliyal
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Jugar en los columpios es más que diversión. El movimiento acompasado y sincronizado puede animar a los niños en edad preescolar a cooperar en otras actividades, según muestra un nuevo estudio.

«La sincronía mejora la cooperación porque la atención se dirige a interactuar con otra persona al mismo tiempo», afirma Tal-Chen Rabinowitch, investigadora posdoctoral del Instituto de Ciencias del Aprendizaje y del Cerebro (I-LABS) de la Universidad de Washington. «Creemos que estar “a compás” juntos mejora la interacción social de manera positiva».

Estudios anteriores han vinculado la música y la sincronización con otras conductas prosociales, como ayudar, compartir y mostrar empatía, entre los niños pequeños: por ejemplo, marchar juntos al ritmo de una canción podría animar a un niño a compartir con otro.

En el nuevo estudio, publicado en Journal of Experimental Child Psychology, los investigadores se centraron únicamente en el movimiento, sin música, y examinaron cómo cooperaban los niños entre sí después.

La cooperación —adaptarse a una situación, llegar a un acuerdo con otra persona y trabajar para alcanzar un objetivo común— se considera una habilidad para la vida que padres y docentes intentan desarrollar durante los primeros años de un niño.

Para el estudio, los investigadores construyeron un columpio que permitía a dos niños columpiarse al unísono en ciclos de tiempo controlados. Se asignó al azar a parejas de niños de cuatro años que no se conocían a grupos en los que se columpiaban juntos con un ritmo preciso, se columpiaban desincronizados o no se columpiaban. Después, las parejas de los tres grupos participaron en una serie de tareas diseñadas para evaluar su cooperación.

En una actividad, los niños jugaron a un videojuego que les exigía pulsar botones al mismo tiempo para que apareciera un personaje de dibujos animados. Otra actividad, llamada «dar y recibir», consistía en pasarse objetos de un lado a otro a través de un dispositivo parecido a un rompecabezas.

Los niños que se columpiaron al unísono completaron las tareas más rápido, lo que indicaba una mejor cooperación que la de quienes se columpiaron desincronizados o no se columpiaron. Por ejemplo, en la tarea de pulsar botones, las parejas que se habían columpiado juntas tendían más a levantar estratégicamente las manos antes de pulsar el botón para señalar su intención al otro niño, una táctica que resultó eficaz para la tarea.

En los niños de cuatro años, moverse al unísono puede crear la sensación de «ser como» otro niño y, por consiguiente, animarlos a comunicarse más e intentar trabajar juntos, afirma Rabinowitch.

«La cooperación tiene una dimensión tanto social como cognitiva, porque las personas pueden resolver problemas que no podrían resolver solas», afirma Andrew Meltzoff, codirector de I-LABS y profesor de Psicología. «Antes de iniciar el estudio, no sabíamos que la cooperación entre niños de cuatro años podía mejorar mediante la sencilla experiencia de moverse juntos. Resulta revelador que las experiencias puedan cambiar profundamente la cooperación de los niños».

Los hallazgos pueden tener implicaciones fuera del laboratorio, afirma Rabinowitch. Docentes y padres pueden ofrecer a grupos de niños oportunidades para moverse «al compás», ya sea mediante la música, el baile o el juego.

El trabajo se financió con una beca posdoctoral Fulbright y subvenciones de la Fundación Grammy, la Bezos Family Foundation y la Robert L Richmond Foundation.

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