A veces, nuestro cerebro crea «falsos recuerdos»

A boy who was addicted to the internet, has his brain scanned for research purposes at Daxing Internet Addiction Treatment Center in Beijing February 22, 2014. As growing numbers of young people in China immerse themselves in the cyber world, spending hours playing games online, worried parents are increasingly turning to boot camps to crush addiction. Military-style boot camps, designed to wean young people off their addiction to the internet, number as many as 250 in China alone. Picture taken February 22, 2014. REUTERS/Kim Kyung-Hoon (CHINA - Tags: SOCIETY)ATTENTION EDITORS - PICTURE 21 OF 33 FOR PACKAGE 'CURING CHINA'S INTERNET ADDICTS'TO FIND ALL IMAGES SEARCH 'INTERNET BOOT CAMP' - LM2EA6O18Z401
Research has proven that memories can easily be distorted to make people believe false information.Image: REUTERS/Kim Kyung-Hoon
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¿Alguna vez has discutido porque no estáis de acuerdo sobre cómo ocurrió algo? Ambos estabais allí, visteis lo mismo, pero lo recordáis de manera diferente.

Esto sucede con bastante frecuencia, porque la memoria humana es imperfecta. Aunque a todos nos gusta pensar que podemos confiar en nuestra propia mente, los recuerdos pueden alterarse con el tiempo.

Elizabeth F. Loftus es investigadora y profesora de psicología cognitiva y memoria humana. Es muy conocida en este campo por su trabajo sobre la creación y la naturaleza de los falsos recuerdos, y sobre cómo la información recibida después de un suceso puede influir en las personas; ha asesorado en casos y prestado testimonio como perita en cientos de procesos judiciales.

Su investigación ha demostrado cómo pueden distorsionarse los recuerdos. Por ejemplo, en un estudio, se mostró a los participantes vídeos de delitos o accidentes simulados, y luego se les hizo creer que el coche del accidente había pasado por una señal de stop en vez de ceder el paso, o que el ladrón que huía del lugar del delito tenía el pelo rizado en lugar de liso.

«Es bastante fácil distorsionar los recuerdos sobre los detalles de lo que realmente vieron si se les proporciona información sugestiva», explicó Loftus a Business Insider. «Pero más tarde empezamos a preguntarnos hasta dónde se podía llegar con las personas. ¿Se podían implantar recuerdos falsos completos en la mente de la gente sobre cosas que nunca sucedieron?»

La respuesta fue que sí. Loftus y otros investigadores, como Julia Shaw, han conseguido implantar recuerdos en la mente de personas que, por lo demás, estaban sanas. Por ejemplo, en un estudio, se hizo creer al 70 % de los participantes que habían cometido un delito, como robo, agresión o agresión con un arma, simplemente mediante el uso de técnicas de recuperación de recuerdos durante las entrevistas.

La investigación sobre los falsos recuerdos comenzó hace más de cien años...

Salvador Dalí dijo célebremente: «La diferencia entre los falsos recuerdos y los verdaderos es la misma que entre las joyas: siempre son los falsos los que parecen más reales, más brillantes».

Esto podría ayudar a explicar por qué nos apresuramos tanto a creer relatos falsos sobre algo que sucedió.

La idea de la distorsión de los recuerdos se remonta a hace más de cien años, al trabajo del psicólogo Hugo Münsterberg, quien en 1906 dirigía el laboratorio de psicología de la Universidad de Harvard y presidía la Asociación Estadounidense de Psicología.

Münsterberg escribió en la revista Times Magazine sobre un caso en el que una mujer había sido hallada muerta en Chicago. Detuvieron al hijo de un granjero y lo acusaron del asesinato; después de interrogarlo, la policía consiguió que confesara haber matado a la mujer, pese a que tenía una coartada.

«Estaba bastante dispuesto a repetir su confesión una y otra vez», escribió Münsterberg. «Cada vez se enriquecía con más detalles».

Escribió que, cada vez que el joven contaba su historia, esta se volvía más absurda y contradictoria, como si su imaginación se desbocara, pero él no se diera cuenta de que se lo estaba inventando todo.

Münsterberg concluyó que estaba claro que el hombre era víctima de una «elaboración involuntaria de una sugerencia» por parte de los policías que lo interrogaban.

...pero tuvieron que pasar varias décadas para que se estudiara en detalle.

Por desgracia, las ideas de Münsterberg eran demasiado radicales para la época, y ahorcaron al muchacho una semana después.

Pasarían décadas hasta que se estudiaran debidamente la idea de los falsos recuerdos y la distorsión de la memoria, y se considerara que podían influir en las confesiones.

Hoy en día se entiende bastante bien que pueden producirse confesiones falsas durante interrogatorios intensos por delitos como el asesinato. Esto es lo que mucha gente cree que sucede, por ejemplo, en la serie de Netflix «Making a Murderer».

Que una confesión falsa implique que alguien realmente crea haber cometido un delito o que simplemente quiera que termine el interrogatorio se determina caso por caso. Pero Loftus dijo que, a menos que haya motivos para sospechar que la memoria de alguien está distorsionada, no hay forma de saber, solo por escucharlo, que está contando un recuerdo falso.

Sin embargo, quizá haya más motivos para la esperanza en nuestra biología.

Los neurocientíficos han examinado escáneres cerebrales de personas con recuerdos reales y falsos para ver si existe alguna diferencia. En un estudio de la Universidad de Daegu, en Corea del Sur, se pidió a 11 personas que leyeran listas de palabras pertenecientes a categorías, como «animales de granja». Luego se les preguntó si ciertas palabras aparecían en las listas originales, mientras la resonancia magnética funcional (RMf) detectaba cambios en el flujo sanguíneo hacia distintas zonas del cerebro.

Cuando los participantes estaban seguros de sus respuestas y estas eran correctas, aumentaba el flujo sanguíneo al hipocampo, la región del cerebro importante para la memoria. Si estaban seguros de su respuesta, pero se equivocaban —lo que ocurría alrededor del 20 % de las veces—, se activaba la región frontoparietal, asociada a «una sensación de familiaridad».

La «teoría de la huella difusa» ayuda a explicar el fenómeno

Una teoría que explica por qué nuestro cerebro genera falsos recuerdos se llama «teoría de la huella difusa». El término fue acuñado por los investigadores Charles Brainerd y Valerie F. Reyna, y fue la primera teoría propuesta para explicar el paradigma de Deese-Roediger-McDermott (DRM).

El paradigma DRM es menos complicado de lo que parece. Consiste en dar a las personas una lista de palabras relacionadas, como cama, dormir, cansado, sueño y bostezar, y luego pedirles que recuerden tantas palabras como puedan. Por lo general, los participantes recuerdan palabras relacionadas con las de la lista, como dormitar o siesta, que en realidad no aparecían en ella.

«La gente produce de forma sistemática palabras que no estaban en la lista y tiene mucha confianza en ello, así que eso es sin duda un falso recuerdo», explicó Reyna a Business Insider. «Es un fenómeno psicológico muy potente. Un desajuste con la realidad. No es “no me acuerdo”, que sería olvidar, sino “recuerdo vívidamente algo que no ocurrió”. Así que la teoría de la huella difusa fue la primera teoría aplicada para explicarlo».

Hay dos tipos de memoria, y ambos tienen ventajas

Al principio, los investigadores suponían que tenía que ver con las asociaciones entre palabras. Pero, al tenerlo en cuenta en los experimentos, se observaron los mismos resultados. En cambio, la teoría de la huella difusa plantea que hay dos tipos de memoria: la literal y la esencial.

La memoria literal nos permite recordar algo vívidamente y con detalle, mientras que los recuerdos esenciales son representaciones difusas de un suceso pasado; de ahí el nombre de «huella difusa» de la teoría.

«A medida que envejecemos, dependemos más de lo esencial y menos de lo literal», dijo Reyna. «Casi todo lo importante en la vida ocurre después de un tiempo. Por ejemplo, si eres estudiante, tienes que aplicar tus conocimientos no solo en el examen, sino recordarlos el semestre siguiente o en una situación laboral... No se trata de lo que acabas de memorizar ese día o esa semana, sino de recordarlo durante más tiempo. Y lo esencial influye mucho más tras un lapso de tiempo que lo literal».

La teoría de la huella difusa predice correctamente este efecto drástico de la edad en nuestros recuerdos, denominado «efecto de reversión del desarrollo». Básicamente, significa que, al pasar de la infancia a la edad adulta, mejora la memoria literal —se pueden recordar mucho mejor los sucesos con detalle—, pero al mismo tiempo también aumenta la memoria esencial.

Esto significa que es más probable que digas que una palabra relacionada aparecía en una lista cuando en realidad no estaba, pero también que recuerdes la lista entera.

«Esto significa que la precisión global de los niños es mayor que la de los adultos, si se tiene en cuenta todo lo que acertaron y lo que fallaron», explicó Reyna. «Así que, con la edad, aumenta la tendencia a conectar los puntos para darles sentido y luego contar eso en lugar de la realidad literal, esa tendencia a depender de lo esencial. [Una persona se convierte] mucho más en alguien que crea significados».

Así que no es que necesariamente la memoria empeore al envejecer, sino que nuestro cerebro se inclina más a encontrar significados con mayor rapidez. Desde que se presentó la teoría, otros investigadores la han replicado más de 50 veces.

Image: The Conversation

Los falsos recuerdos no siempre son motivo de preocupación

Al principio, muchos se mostraron escépticos ante la teoría, ya que los adultos suelen desenvolverse mejor que los niños en casi todo. Pero quizá sea porque dependemos mucho de nuestra mente, y pensar que no es fiable o que pierde precisión con la edad resulta aterrador.

En realidad, aunque todos hemos creado falsos recuerdos en algún momento, según Reyna, nos las arreglamos perfectamente.

Desde una perspectiva evolutiva, incluso podría ser beneficioso que mejore nuestra capacidad de depender de la memoria esencial.

Por ejemplo, la investigación de Reyna descubrió que la memoria esencial ayuda a las personas a tomar decisiones más saludables en lo que respecta a asumir riesgos. Si viviéramos considerando las cosas solo de forma objetiva y en blanco y negro, podríamos analizarlas matemáticamente y optar siempre por el mayor valor esperado.

La paradoja de Allais —un problema de elección ideado por Maurice Allais en 1953— ayuda a explicar esto. En el problema, se ofrece a las personas la posibilidad de elegir la apuesta A, con un 100 % de probabilidades de ganar 1 millón de dólares, o la apuesta B, que ofrece un 89 % de probabilidades de ganar 1 millón de dólares, un 10 % de ganar 5 millones y un 1 % de no ganar nada.

Desde el punto de vista económico, si haces todos los cálculos, la apuesta B tiene en realidad el mayor valor esperado. Pero eso no significa que la mayoría la elija. De hecho, la mayoría escoge la apuesta A y se lleva 1 millón de dólares con seguridad: ¿por qué no iba a hacerlo?

«La mayoría dice: “Un momento, una gran suma de dinero es mejor que la posibilidad de no obtener nada”, y eso es lo esencial», dijo Reyna. «Con la edad, al llegar a la adultez, aumentan tanto la importancia de lo esencial como la tendencia a elegir de esa manera. No se trata de maximizar el dinero, sino de considerar estas posibilidades por categorías».

«Esa comprensión fundamental es lo que determina tu preferencia. Igual que lo esencial determina cómo recuerdas las palabras en la prueba de palabras».

Reyna dijo que los falsos recuerdos pueden preocupar a las personas por la manera en que ven el mundo, pero que no deberían verlo así. En lugar de considerar la memoria imperfecta como un efecto negativo del envejecimiento, es más probable que sea algo que nos ayude a tomar decisiones más seguras y fundamentadas.

«La gente puede depender muy bien de lo esencial en la vida», dijo. «Por término medio, los estudiantes universitarios tienen una memoria muy rica, pero también cometen toda clase de errores; simplemente no se dan cuenta. Así que la memoria no es un registro estable y preciso en todo momento. Tenemos esa ilusión porque nuestra mente rellena los huecos».

La memoria esencial es otra muestra de lo bien que nuestro cerebro se adapta al entorno. Eso no quiere decir que la idea de perder la memoria a causa de la demencia dé menos miedo, pero hasta que eso ocurra, no es algo por lo que debas preocuparte necesariamente.

«A medida que envejecen, las personas tienen días buenos y malos; hay días en que no recuerdan los detalles literales, pero pueden compensarlo en gran medida recurriendo a su memoria esencial», dijo Reyna. «Así que creo que, al hacernos mayores, no deberíamos preocuparnos tanto por que nuestra memoria esté de algún modo estropeada. En realidad, nunca estuvo del todo intacta».

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