Un nuevo enfoque de la seguridad nuclear

Un nuevo enfoque de la seguridad nuclear
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En estos tiempos de dificultades económicas, posibles pandemias y disturbios civiles generalizados, quizá sorprenda que tantas personas de todo el mundo sigan considerando el conflicto nuclear la mayor amenaza a la que se enfrenta la humanidad.

Y tienen buenos motivos. Pensemos en los posibles efectos de una explosión nuclear de 50 megatones, similar a la de la Bomba del Zar, detonada en octubre de 1961, que hizo añicos ventanas a 900 kilómetros (560 millas) de distancia y elevó una nube en forma de hongo por encima de la estratosfera.

Los acuerdos mundiales, como el Tratado sobre la No Proliferación de las Armas Nucleares (TNP), junto con el sentimiento general de buena voluntad que siguió inmediatamente a la Guerra Fría, pudieron haber generado la percepción de que nunca se usaría un arma así en combate. Pero cada vez somos más conscientes de que todavía no podemos bajar la guardia.

Al analizar los riesgos, en la última década el énfasis ha pasado de impedir que más Estados adquieran armas nucleares a evitar que grupos terroristas y otros actores no estatales las adquieran (o consigan componentes esenciales).

Lo que está en juego es mucho y la amenaza es real. El peligro del terrorismo nuclear constituye una de las amenazas más graves para nuestra seguridad colectiva. Incluso una pequeña cantidad de material nuclear podría matar y herir a cientos de miles de personas inocentes. Las redes terroristas podrían adquirir los materiales necesarios para ensamblar un arma nuclear y causar estragos en la paz y la estabilidad mundiales, con la posibilidad de una pérdida extraordinaria de vidas y de daños económicos.

Este ha sido el principal foco de atención de la Cumbre de Seguridad Nuclear bienal, que comenzó en 2010 con 47 países y tres organizaciones internacionales. Sin embargo, hasta ahora la NSS ha limitado su alcance a proteger las infraestructuras y los materiales nucleares del uso indebido deliberado. Debemos desconfiar de una definición tan limitada de la seguridad nuclear.

No podemos permitirnos abordar por separado los asuntos interrelacionados del control de armamentos, el desarme y la no proliferación. En el mundo actual, sumamente complejo e interconectado, debemos considerar todas las amenazas nucleares de manera integral.

Un buen punto de partida es considerar cómo el Tratado de Prohibición Completa de los Ensayos Nucleares contribuye a la seguridad nuclear. Al prohibir todas las explosiones nucleares, el TPCE obstaculiza tanto el desarrollo inicial de armas nucleares como sus mejoras sustanciales. En los últimos 15 años, solo un país —Corea del Norte— ha probado un arma nuclear. Y al hacerlo ha afianzado su condición de Estado paria.

Está claro que el TNP y el TPCE han reforzado la seguridad nuclear. Solo un puñado de países ha desarrollado armas nucleares al margen del TNP, y el TPCE ha reducido el número de ensayos nucleares de un promedio de 500 por década a apenas un goteo.

Sin embargo, la negativa de ocho países a ratificar el TPCE ha impedido que entre en vigor, y hasta ahora su contribución a la seguridad mundial no se ha incluido en el programa de la NSS. Esto resulta especialmente decepcionante dada la existencia de un régimen de verificación tecnológicamente avanzado, capaz de detectar incluso pequeños ensayos nucleares subterráneos, que el secretario de Estado de EE. UU., John Kerry, calificó recientemente de «uno de los grandes logros del mundo moderno» .

El hecho de que la comunidad internacional no haya logrado que el TPCE entre en vigor es una de las razones por las que el emblemático Reloj del Juicio Final del Bulletin of Atomic Scientists sigue marcando cinco minutos para la medianoche, la hora más cercana a la medianoche desde el apogeo de la Guerra Fría. Pero, aunque claramente hay motivos de preocupación, no hay razón para perder la esperanza.

La próxima Cumbre de Seguridad Nuclear tendrá lugar en Estados Unidos en 2016. De cara al próximo año, la Conferencia de Examen del TNP abrirá una ventana de oportunidad que permitirá al mundo abordar la seguridad nuclear de manera inclusiva y a largo plazo. En el camino hacia la NSS de 2016, lo que más se necesita es un proceso que impulse la acción mundial para abordar de forma integral la amenaza nuclear, también asegurando que el TPCE entre en vigor.

Nos lo debemos a nosotros mismos y a las generaciones futuras: aprovechar todas las oportunidades para crear las condiciones de mayor confianza y comprensión mutua necesarias para liberar al mundo de la amenaza nuclear. Ampliar nuestra comprensión de esa amenaza y diseñar un enfoque integral de la seguridad nuclear no significa diluir los esfuerzos ni perder el foco. Al contrario, significa procurar no excluir a ningún defensor importante ni ninguna herramienta útil para reducir el riesgo de que lo impensable se haga realidad.

Publicado en colaboración con Project Syndicate

Autor: Lassina Zerbo es secretario ejecutivo de la Organización del Tratado de Prohibición Completa de los Ensayos Nucleares (CTBTO) y miembro del Consejo de la Agenda Global sobre Seguridad Nuclear del Foro Económico Mundial.

Imagen: Se ven válvulas dentro de la unidad seis clausurada de la central nuclear de Greifswald, a las afueras de la localidad nororiental de Lubmin, el 5 de agosto de 2014. REUTERS/Thomas Peter

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