Para 2030, ¿serán cosa del pasado los atascos?

An employee of Japan's internet commerce and mobile games provider DeNA Co, rides on the company's Robot Shuttle, a driver-less, self driving bus, during its demonstration in Tokyo, Japan July 7, 2016.
Self-driving cars and other technologies could soon make our cities more liveableImage: REUTERS/Toru Hanai
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Imagina un futuro en el que los coches autónomos, los trenes y los autobuses estén todos conectados a la perfección mediante una aplicación, en el que los atascos sean cosa del pasado y los aparcamientos innecesarios se hayan convertido en espacios verdes. Este podría ser el mundo en el que vivamos para 2030, afirma Cathis Elmsäter-Svärd, presidenta de Drive Sweden y miembro del Consejo Global del Futuro sobre Movilidad, en esta entrevista.

¿Por qué deberíamos pensar en el futuro de la movilidad?

Las ciudades crecen en todo el mundo. Por lo general, sus habitantes viven, producen, consumen y socializan en distintos barrios. Uno de los factores que más determina si disfrutamos activamente de la vida cotidiana en una ciudad o si simplemente tenemos que vivir allí porque es donde está el trabajo es cuánto tiempo pasamos en atascos o esperando en las paradas de autobús.

La calidad de la movilidad urbana también es fundamental para muchos otros asuntos que nos preocupan: la salud, por las emisiones y los accidentes; el crecimiento económico, al reducir al mínimo el tiempo que se pierde en llevar a trabajadores y productos adonde deben estar; y la desigualdad: ¿todo el mundo tiene la posibilidad de desplazarse o solo quienes pueden conducir?

¿Cuánto podría cambiar la movilidad urbana para 2030?

Para entonces, en lugar de ser propietarios de nuestros propios coches y conducirlos, quizá recurramos habitualmente a coches autónomos a través de una plataforma de economía colaborativa siempre que necesitemos uno. Nos recogerán, nos llevarán a nuestro destino y recogerán a otra persona, bajo el control de un sistema inteligente de gestión del tráfico. Es el concepto de «movilidad como servicio», resultado de la automatización, la digitalización y la economía colaborativa.

Pero ese debería ser solo uno de los cambios en la movilidad para 2030. Imagino que contaremos con sistemas de transporte totalmente automatizados en los que la tecnología integre a la perfección distintas formas de transporte: coches autónomos, trenes y autobuses, bicicletas y desplazamientos a pie.

También transportaremos las mercancías de otra manera, además de a las personas: quizá tengamos pequeños robots que realicen entregas de última milla o redes sofisticadas de puntos de recogida de paquetes, para que las compras se entreguen en un lugar conveniente donde cada persona pueda recogerlas cuando le resulte más cómodo.

Todo esto debería hacer que el transporte urbano funcione de manera más eficiente: habrá menos vehículos en las calles, el aire será más limpio y habrá menos contaminación acústica. Necesitaremos menos aparcamientos, que podrían convertirse en zonas verdes u otras instalaciones, haciendo que las ciudades sean aún más habitables y agradables.

Image: Boston Consulting Group

¿Cómo sería un sistema de transporte automatizado e integrado a la perfección?

Imagina una aplicación que te ofrezca, en tiempo real, información sobre opciones para ir de puerta a puerta: por ejemplo, el tiempo que tardarías en llegar a pie a la bicicleta urbana más cercana y cómo llegar; dónde está el coche autónomo más próximo y cuánto duraría el trayecto según las condiciones actuales del tráfico; cuándo llegará el próximo autobús o tren; o combinaciones de estas opciones, ordenadas por precio, duración o impacto ambiental. Además, puedes usar la aplicación para pedir un coche, desbloquear la bicicleta o comprar el billete de tren.

¿Qué obstáculos podrían dificultar la realización de esta visión?

Es natural que la gente tenga temores relacionados con la tecnología. A algunas personas les preocupará la privacidad, porque un sistema en línea siempre sabrá dónde estás, adónde vas y dónde has estado. A otras les inquietará la ciberseguridad: ¿estarán los vehículos automatizados protegidos frente a los ataques informáticos?

Los dirigentes políticos también tendrán que dar un paso al frente y estar dispuestos a encabezar el desarrollo de estas nuevas soluciones de movilidad. Gran parte de esta visión del futuro sigue siendo teórica, y a menudo la gente teme ser la primera en actuar: quiere aprender de los errores ajenos.

¿Qué deberían hacer los gobiernos?

Tenemos que acelerar los avances en materia de regulación: la tecnología de los vehículos autónomos progresa más rápido que los debates sobre cómo debería funcionar el seguro y quién debería asumir la responsabilidad en caso de accidente. Además, los gobiernos municipales suelen elaborar sus presupuestos año a año, por lo que deben encontrar formas más creativas de liberar la inversión necesaria en nuevas infraestructuras.

Cada ciudad también afronta desafíos locales que dependen de sus circunstancias. La situación más sencilla se da cuando se construye una nueva zona de una ciudad, o una ciudad completamente nueva, porque se pueden plantear soluciones de movilidad al mismo tiempo que se planifican las nuevas viviendas. Sin embargo, la mayoría de las ciudades debe encontrar la manera de adaptar sus sistemas de transporte público existentes o entornos urbanos que evolucionaron en torno al automóvil, en lugar de los desplazamientos a pie.

¿Hay hoy ejemplos de ciudades que estén marcando el camino?

Muchas lo están intentando, pero el transporte es un ámbito muy conservador. Por lo general, las ciudades se centran ahora en avanzar en un área concreta: por ejemplo, Copenhague da mucha prioridad al ciclismo, mientras que Oslo presta más atención a los coches eléctricos, entre otras iniciativas.

La organización que presido, Drive Sweden, reúne a partes interesadas de todos los sectores del país —el gobierno, la industria y el mundo académico— para abordar los desafíos que plantea la transición de las ciudades del país hacia sistemas de transporte automatizados e integrados a la perfección. El año que viene designaremos zonas en Estocolmo y Gotemburgo para realizar pruebas en entornos reales con todo tipo de soluciones basadas en la digitalización y la automatización. Así crearemos un laboratorio de políticas que esperamos despierte interés internacional.

Tenemos que reconocer que esto es mucho más que un asunto de transporte. Debemos identificar las repercusiones en todos los sectores —medioambiente, comercio, salud— y buscar beneficios para todos.

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