Las últimas décadas se han caracterizado por un auge sin precedentes de la innovación tecnológica, y las economías modernas han llegado a depender de la innovación continua para su competitividad y crecimiento. ¿Qué factores tuvieron que estar presentes para hacer posible esa innovación y qué se necesita para mantenerla en el futuro?
Alice Gast, presidenta del Imperial College London, Reino Unido, citó tres factores básicos, pero fundamentales: el entorno (incluidos el entorno normativo, las infraestructuras y una cultura que fomente y recompense la innovación), los recursos (no solo capital de riesgo, sino también incubadoras, aceleradoras y el tipo de «capital paciente» necesario para la investigación básica y otras inversiones a más largo plazo) y las personas. Con «personas» no se refería al inventor solitario y heroico, ampliamente ensalzado; hizo hincapié en la importancia de las comunidades, en particular de las diversas: señaló que el 40 % de los ganadores del Premio Nobel desde 1980 eran inmigrantes en los países donde vivían cuando recibieron el galardón, y que inmigrantes en Estados Unidos fundaron el 50 % de los «unicornios» estadounidenses, empresas privadas valoradas en más de 1.000 millones de dólares. La colaboración, y especialmente la colaboración internacional, necesita preservarse con urgencia, afirmó, en una época de reacción contra la globalización.
Patrick McCray, profesor de Historia de la Universidad de California en Santa Bárbara, señaló que es necesario ampliar la definición de innovación y hacerla más inclusiva y holística. Citó inventos relativamente modestos y poco reconocidos, como la síntesis de sonido por modulación de frecuencia: una patente concedida en 1975 y posteriormente licenciada a Yamaha que, como señaló McCray, durante muchos años fue en realidad la joya más valiosa, aunque no la más vistosa, de la cartera de propiedad intelectual de Stanford.
L. Rafael Reif, presidente del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT), distinguió dos tipos de innovación: ideas creativas o incluso brillantes que aprovechan plataformas existentes, pero no requieren investigación científica propiamente dicha (un tipo ejemplificado por Uber, la plataforma para compartir viajes); y otro tipo que depende de la investigación científica básica. Subrayó la necesidad constante de investigación básica y la consiguiente necesidad de capital paciente.
Martin Stratmann, presidente del Instituto Max Planck de Alemania, cuestionó la idea convencional de que los procesos de innovación siguen un modelo secuencial sencillo: de la investigación básica a la investigación aplicada y, después, al desarrollo de productos. Señaló que la investigación básica y la aplicada se diferencian en más aspectos que la metodología: en última instancia, la investigación básica está impulsada por la curiosidad, mientras que la aplicada está esencialmente orientada a objetivos. Como ejemplos de investigación básica emprendida por pura curiosidad sobre el mundo natural que ha permitido aplicaciones derivadas imprevistas, mencionó la mecánica cuántica —que se estudia desde hace 80 años y que ahora es fundamental para los LED y todo tipo de microdispositivos— y la investigación del ADN, sin la cual no tendríamos la mayor parte de la biomedicina moderna.
Stratmann sostuvo que, si como sociedad nos centramos únicamente en la «innovación», pasaremos por alto algo fundamental. Aludiendo a la revolucionaria tecnología de edición genética CRISPR/Cas9, señaló que sus inventores no se propusieron encontrar una herramienta para editar genes; solo intentaban identificar cómo se defienden las bacterias de los ataques virales y encontraron la técnica de edición casi por accidente. Fijar la innovación como objetivo primordial, afirmó, es un error.
Otros comparten plenamente esta idea. Gast, por ejemplo, cuestiona que los descubrimientos solo se produzcan mediante un enfoque de resolución de problemas y bromea: «No tenemos ningún problema con las ondas gravitacionales», aunque expresa plena confianza en que la humanidad acabará beneficiándose de estudiarlas, ahora que se ha demostrado que son algo más que una teoría.


