¿Podrían los pulsos magnéticos ayudar a tratar el autismo?

¿Podrían los pulsos magnéticos ayudar a tratar el autismo?
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Alrededor de 1 de cada 68 niños tiene un trastorno del espectro autista (TEA), según los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de EE. UU.: una cifra extraordinariamente alta. Aunque el aumento de la prevalencia probablemente se deba sobre todo a cambios en la forma de diagnosticar y clasificar el TEA —el autismo se consideraba antes una afección rara que afectaba a una sola persona entre miles—, se ha convertido en un enorme desafío para la salud pública.

Una forma de ayudar a las personas con TEA podría ser mediante imanes que estimulan el cerebro, que recientemente han demostrado ser eficaces para tratar los problemas del habla en pacientes con accidente cerebrovascular y enfermedad de Parkinson, y para mejorar la memoria.

Nuestra investigación sobre la estimulación magnética transcraneal repetitiva (rTMS), un nuevo tipo de estimulación cerebral, muestra que puede mejorar algunas anomalías de la actividad cerebral en el TEA y también reducir algunas dificultades sociales, como los problemas de comprensión social y la ansiedad.

Entonces, ¿cómo funciona la rTMS y qué características del TEA la convierten en una opción atractiva para este tipo de tratamiento?

Tratamientos para el autismo: lo que sabemos hasta ahora

El TEA implica dificultades de comprensión social y comunicación, junto con una gama limitada y repetitiva de intereses y conductas.

Una parte importante del desafío del tratamiento es que no disponemos de tratamientos biomédicos validados que mejoren los síntomas centrales del TEA. Esto contrasta marcadamente con la mayoría de las demás afecciones de la psiquiatría y la neurología, como la depresión, la ansiedad, la psicosis y el trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH).

Cuando se usan medicamentos para el TEA, suelen destinarse a características asociadas menos frecuentes, como la agresividad.

La intervención temprana en el TEA es muy importante. Por lo general, los mejores resultados se obtienen cuando los niños acceden a programas intensivos de intervención conductual lo antes posible. Esto depende, por supuesto, de un diagnóstico temprano del TEA, idealmente alrededor de los dos o tres años de edad.

Pero a menudo esto no ocurre cuando una persona con TEA tiene excelentes habilidades lingüísticas o una inteligencia alta. Estos niños suelen recibir una derivación clínica mucho más tarde, y con frecuencia no se les diagnostica hasta bien entrada la educación primaria.

Las intervenciones en la primera infancia tampoco responden a las necesidades de los adultos con TEA que siguen teniendo dificultades sociales importantes y, sin embargo, quedan al margen tanto de los programas de autismo dirigidos a jóvenes como de los programas psiquiátricos para adultos.

Una nueva esperanza para los tratamientos

Para quienes quisieran contar con una opción biomédica para tratar el TEA, hay esperanza en el horizonte.

En los últimos años hemos visto resultados alentadores en ensayos clínicos preliminares sobre el TEA que, por ejemplo, han estudiado tratamientos hormonales (oxitocina) y medicamentos desarrollados para otros fines, como la bumetanida, que se usa tradicionalmente para tratar la presión arterial alta.

Un puñado de grupos de investigación de todo el mundo, incluido el nuestro, ha estado realizando ensayos clínicos con una nueva técnica conocida como rTMS.

La rTMS consiste en aplicar pulsos magnéticos intensos pero precisos a una parte del cerebro para estimular su actividad. Para ello, se sostiene una «bobina» de rTMS contra la cabeza de la persona.

Los pulsos magnéticos atraviesan la superficie del cerebro, donde inducen una corriente eléctrica. Esta corriente hace que las células cerebrales se activen o «disparen».

Tras dos décadas de investigación, ahora sabemos que la rTMS puede utilizarse para aumentar o reducir la actividad en regiones cerebrales específicas. Esto podría ser muy útil para tratar diversas afecciones relacionadas con el cerebro, en las que las imágenes cerebrales han mostrado regiones con actividad excesiva o insuficiente.

La rTMS se ha desarrollado como un tratamiento seguro y eficaz para las personas con depresión que no han obtenido beneficios de las terapias psicológicas ni de los medicamentos.

¿Podría funcionar la rTMS para el TEA?

Para muchas personas, las dificultades sociales son el rasgo distintivo del TEA. Sabemos que en el TEA se ven afectadas las redes cerebrales que nos permiten comprender a otras personas e interactuar con ellas.

Por ejemplo, una red cerebral que nos permite interpretar las intenciones que hay detrás de la conducta de otras personas está menos activa en quienes tienen TEA.

En el TEA, la rTMS puede utilizarse para aumentar la actividad o «excitar» las células cerebrales de esta red, lo que puede producir efectos duraderos en los sistemas químicos del cerebro que controlan su actividad. Esto puede considerarse un paso hacia la corrección de una red cerebral disfuncional.

Nuestro trabajo demuestra que es posible influir directamente en las anomalías cerebrales del TEA y promover mejoras clínicas. Sin embargo, esta investigación aún está en sus primeras etapas y queda mucho por hacer antes de que podamos considerarla un «tratamiento» para el TEA.

El futuro de las intervenciones biomédicas en el TEA

En el caso del TEA, no habrá un enfoque de tratamiento único que sirva para todos. Muchos niños seguirán beneficiándose de programas intensivos de intervención temprana.

Pero hay buenos motivos para ser cautelosamente optimistas respecto al desarrollo de opciones de tratamiento biomédico para el TEA, sobre todo si tenemos en cuenta los avances en genética y neuroimagen.

La transición del laboratorio a la clínica suele ser un proceso frustrantemente lento. Ahora que contamos con varios candidatos biomédicos para tratar el autismo, la prioridad es evaluar oportunamente estas nuevas posibilidades de tratamiento e intentar responder a las crecientes necesidades y expectativas de la comunidad del TEA.

Este artículo se basa en una conferencia pública impartida en la Academia Australiana de Ciencias el 5 de noviembre de 2014.

Publicado en colaboración con The Conversation

Autor: Peter Enticott es profesor asociado de Psicología (Neurociencia Cognitiva) en la Universidad Deakin.

Imagen: Una mujer recibe tratamiento de estimulación magnética transcraneal repetitiva (rTMS). Universidad Deakin.

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