Los coches autónomos podrían repararse por sí mismos en el futuro

An AutonomouStuff Automated Research Development Vehicle drives on the race track during a self-racing cars event at Thunderhill Raceway in Willows, California, U.S., April 1, 2017. REUTERS/Stephen Lam
Cars have been diagnosing their problems for decades, but will autonomous cars fix their own faults?Image: REUTERS/Stephen Lam
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En un mundo en el que algunas tecnologías de transporte parecen estar retrocediendo —ya no hay misiones a la Luna, se ha retirado el Concorde y falla el transporte público—, el vehículo totalmente autónomo es una maravilla de la era moderna.

Quizá lo menos inteligente de un vehículo inteligente sea la materia orgánica que está al volante, pero incluso con el poder de Musk, Google y otros, ¿hasta qué punto son inteligentes?

Olvidémonos de la conducción autónoma y de los coches inteligentes. Los coches llevan décadas diagnosticando sus propios problemas y, hasta cierto punto, reparándolos. Diagnosticar y reparar averías es fácil —depende de la avería—, pero, ahora que el software empieza a impulsar el sector, ¿no será solo cuestión de macrodatos?

Grados de diagnóstico

Los primeros sistemas de inyección de combustible producidos en masa eran capaces de supervisar una serie de sensores y variables. A medida que avanzó la tecnología, permitió que el sistema de inyección de combustible adaptara ciertos parámetros, lo cual constituye sin duda una forma de autodiagnóstico y quizá incluso un elemento de «reparación» del problema.

La dificultad no está en determinar si los coches tendrán la tecnología necesaria, sino en definir qué podría considerarse una autorreparación; la adaptación podría verse como una solución al problema, más que a su causa.

A medida que cambia la industria automotriz, también debemos reflexionar sobre la obsolescencia programada del motor de combustión interna. Incluso un coche «básico» lleva instalados unos 30 controladores electrónicos; algunas marcas de lujo elevan esa cifra a unos 100, y eso antes de llegar a los coches autónomos, eléctricos o de propulsión híbrida.

Ordenadores y controladores

A medida que aumenta exponencialmente el número de controladores electrónicos instalados, un coche inteligente actual tendrá unos 100 millones de líneas de código informático distribuidas entre sus controladores. Supervisa y ajusta todo, desde los frenos, la iluminación y los sistemas de seguridad hasta el rendimiento del motor, la comodidad de los pasajeros e incluso el espacio interior. Por eso, es más probable que recurramos a soluciones de macrodatos que a soluciones mecánicas.

Por supuesto, algunas averías mecánicas siempre serán irreparables y ninguna tecnología, por ingeniosa que sea, podrá solucionarlas; pensemos, por ejemplo, en una manguera de agua reventada. Sin embargo, cabe argumentar que el sistema de gestión podría sortear el problema, es decir, improvisar una solución temporal.

También cabe otro argumento: como la tecnología es tan avanzada, disminuye el riesgo de que fallen componentes importantes: los sensores detectarían problemas antes de que se produjeran e impedirían una avería catastrófica; hoy ya vemos una versión limitada de esto.

La tecnología predictiva podría ser la respuesta

Aquí es donde los macrodatos demuestran todo su potencial.

Los ingenieros saben que la vida útil de los componentes es limitada; todo tiene un ciclo de vida, desde los cigüeñales hasta los árboles de transmisión. Pero, si se utilizan los datos obtenidos de millones de kilómetros de pruebas (es decir, del uso de los productos por parte de los clientes), ese ciclo de vida podría predecirse con exactitud, aunque, por supuesto, siempre habrá factores externos que lo condicionen.

Una interpretación sencilla de las predicciones basadas en datos permitiría a los ingenieros conocer la probabilidad de que cierto porcentaje de los consumidores reposte el combustible equivocado, conduzca el coche con los neumáticos poco inflados o, sencillamente, no se preocupe por cómo trata su coche. También permitiría saber cuándo fallará un componente, qué condiciones provocarán un fallo prematuro e incluso cuántas averías se producirán por cada millón de vehículos vendidos.

Una pregunta, cien respuestas

¿Podrán los coches autónomos diagnosticar y reparar sus propias averías? Sí. No. Más o menos.

Todo depende de cómo definamos reparar o arreglar.

Sin duda, los coches del futuro podrán diagnosticar más averías y condiciones que nunca. Esta característica de tener un coche podría verse muy influida por el Internet de las cosas y el hardware controlado por software podrían incluso superar cualquier vida útil. Eso no convierte a los vehículos en autosuficientes en las reparaciones, en el sentido más estricto y habitual, pero sí supone un gran paso hacia ese objetivo.

La pregunta debería ser si la tecnología permitirá prolongar indefinidamente la vida útil de los vehículos. Pues bien, la respuesta es, sin duda, sí.

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