La vida en 2030: estas son las 4 cosas que los expertos no pueden predecir

Who oversees the algorithms that decide what happens in society?
Technically confused ... some of our biggest questions are still unansweredImage: Lorenzo Cafaro
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Alvin Toffler predijo un futuro en su exitoso libro de 1970, El shock del futuro que se parece mucho a la realidad actual. Anticipó el auge de internet, la economía colaborativa, las empresas basadas en la «adhocracia» en lugar de una burocracia centralizada, y la confusión social más amplia y las inquietudes relacionadas con la tecnología. Previó que la relación cambiante entre las personas y la tecnología determinaría cómo evolucionan las sociedades y las economías.

Este también es el foco de gran parte del trabajo del Foro Económico Mundial. Examina cómo avanza la tecnología y cómo se abordarán los desafíos pertinentes de aquí a 2030. Estas son algunas de las incertidumbres que afrontan los responsables políticos, los ejecutivos de empresas y los actores de la sociedad civil al adentrarse en este nuevo mundo.

¿Podremos dominar una conectividad mayor?

Muchos están convencidos de que, en la próxima generación, internet estará en todas partes, o casi. Estará «encendido» en la mayoría de las cosas e integrado en muchos objetos y entornos. Los expertos afirman que internet pasará a un segundo plano, como la electricidad: será menos visible, pero estará profundamente arraigado en las actividades humanas. Incluso quienes no tengan un alto nivel de alfabetización interactuarán con contenidos digitales y aplicaciones usando la voz, lo que impulsará una expansión sin precedentes del conocimiento y el aprendizaje.

Alvin Toffler, autor del exitoso libro de 1970 El shock del futuroImage: REUTERS/Phil McCarten

Esta explosión de conectividad abre nuevas posibilidades, pero también crea vulnerabilidades económicas y sociales. El nivel de coordinación y programación necesario para conectar entre sí el internet de las cosas es varios órdenes de magnitud más complejo que cualquier empresa histórica hasta la fecha. Es probable que algunas cosas fallen y nadie sepa cómo repararlas. Los actores malintencionados podrán provocar alteraciones sociales a gran escala y desde lejos. Por consiguiente, nos enfrentamos a decisiones difíciles y costosas. ¿Cuánta redundancia deberían tener estos sistemas complejos? ¿Cómo se defenderán y quién lo hará? ¿Cómo se redefine la responsabilidad a medida que los objetos se conectan a una red global y los ataques pueden propagarse rápidamente?

¿Crearemos un trabajo más significativo?

No hay consenso sobre si las fuerzas desencadenadas por la tecnología destruyen más empleos de los que crean o si prevalece el patrón histórico de mejora de las competencias humanas, a medida que nuevos empleos de mayor valor sustituyen a los desplazados por la tecnología. Los próximos avances en las máquinas están claros; la respuesta humana, no.

Es sumamente pertinente cómo se adaptará el ecosistema de la educación y la formación en competencias. Las universidades, los centros universitarios comunitarios y las escuelas técnicas apenas empiezan a ajustarse a una disrupción de su modelo de negocio que podría rivalizar con los desafíos que ya afrontan los sectores de los medios de comunicación y la música. Muchas instituciones ya han adoptado la enseñanza mediante vídeos en línea o cursos híbridos que combinan experiencias en línea y en el aula. Todos ellos estarán supervisados por sistemas de inteligencia artificial que evalúan el desempeño de los estudiantes y la calidad del curso. Los empleados también se forman por su cuenta con materiales en línea.

¿Será suficiente esta adaptación para afrontar la tarea? Depende de los talentos que la próxima economía recompense. Cuando el Centro de Investigación Pew consultó a expertos, un número considerable se centró en cómo los mejores programas educativos serían aquellos que enseñaran a aprender durante toda la vida. Algunos afirman que surgirán sistemas alternativos de acreditación para evaluar las nuevas competencias que adquieran las personas.

Los expertos también hablaron de talentos humanos concretos que, a su juicio, las máquinas y la automatización no podrán duplicar durante algún tiempo. Entre ellos figuran la inteligencia social y emocional, la creatividad, la colaboración, el pensamiento abstracto y sistémico, las habilidades de comunicación compleja y la capacidad de prosperar en entornos diversos. No está claro si las escuelas y universidades estadounidenses podrán reorientarse para dar prioridad a estas competencias no técnicas.

¿Es posible recuperar la confianza y la verdad?

La confianza es un vínculo social, económico y político. Una abundante bibliografía de investigación sobre la confianza y el capital social documenta las conexiones entre la confianza y el bienestar, la resolución colectiva de problemas, el desarrollo económico y la cohesión social. La confianza es el sustento de la amistad y los cuidados. Cuando falta la confianza, surgen toda clase de males sociales, entre ellos la violencia, el caos y la aversión al riesgo paralizante.

Existe una gran preocupación por que la forma en que la gente usa internet esté erosionando la confianza. El futuro de la confianza y la verdad está en juego. Por un lado, a muchos les preocupa que el ecosistema de noticias falsas explote instintos humanos profundos. La preferencia por la comodidad, el confort y la información que reafirma sus opiniones hace a las personas vulnerables a las formas en que las nuevas herramientas tecnológicas pueden identificarlas, dirigir mensajes a ellas y manipularlas. Por otro lado, los seres humanos tienen un historial bastante bueno a la hora de afrontar los problemas que provocan las revoluciones de las comunicaciones. Hay nuevas formas de contraatacar, a la velocidad de internet.

La acción colectiva está cambiando a medida que las redes sociales cobran fuerzaImage: Rawpixel.com

¿Hasta qué punto pueden la innovación social y organizativa aliviar los nuevos problemas?

Ante tanta convulsión, las personas, los grupos y las organizaciones se verán obligados a adaptarse. Algunos aspectos fundamentales de la acción colectiva y el poder ya están cambiando, a medida que las redes sociales se convierten en una fuerza social. Estas redes se utilizan tanto para compartir conocimientos como para movilizar a otras personas a la acción. Hay nuevas formas de colaborar para resolver problemas. Además, cada vez hay más estructuras grupales para abordar problemas, desde asuntos de micronicho hasta cuestiones macromundiales como el cambio climático y las pandemias.

Las nuevas leyes y los litigios son inevitables y probablemente abordarán preguntas como estas: ¿Quién es dueño de qué información? ¿Quién puede usar la información y obtener beneficios de ella? Cuando algo falla en un sistema de procesamiento de información (por ejemplo, si un automóvil autónomo se precipita por un puente), ¿quién es responsable? ¿Dónde debe trazarse la línea entre la recopilación de datos —o la vigilancia— y la privacidad? ¿Qué tipos de información personal pueden tenerse legítimamente en cuenta al evaluar el empleo, la solvencia o la situación de seguro de alguien? ¿Quién supervisa los algoritmos que deciden lo que ocurre en la sociedad?

Queda mucho camino por recorrer hasta 2030. Hay muchas oportunidades para reducir la incertidumbre.

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