África ha cambiado notablemente, y para mejor, desde que trabajé por primera vez como médico joven en Angola, hace unos 20 años. Pero ningún cambio ha sido tan evidente como la adopción de la tecnología móvil en el continente. Los habitantes de África —y, de hecho, de los países de ingresos bajos y medios de todo el mundo— están aprovechando las oportunidades que ofrece la tecnología y utilizan teléfonos móviles para todo tipo de actividades, desde realizar pagos y expedir certificados de nacimiento hasta acceder a la atención sanitaria.
La ventaja de las tecnologías móviles radica en el acceso. Obstáculos como la distancia geográfica y la escasez de recursos, que durante mucho tiempo han impedido que miles de millones de personas reciban la atención que necesitan, son mucho más fáciles de superar en la era digital. Y, en efecto, hay innumerables formas de utilizar la tecnología para mejorar el acceso a la atención sanitaria y su prestación.
Por supuesto, esto no es nuevo, y en los últimos años han surgido cada vez más iniciativas sanitarias basadas en la tecnología. Sin embargo, solo unas pocas han logrado ampliarse y alcanzar la sostenibilidad a largo plazo; la mayoría de los proyectos no ha superado la fase piloto. El resultado es un panorama muy fragmentado de soluciones digitales que, en algunos casos, puede añadir presión a los sistemas sanitarios existentes.
El primer paso para abordar este problema es identificar qué factores propician el éxito y cuáles lo obstaculizan. En este sentido, quizá la observación más importante tenga que ver con el vínculo entre la solución y la realidad sobre el terreno. Al fin y al cabo, la tecnología facilita la innovación en la prestación de la atención sanitaria; no es un fin en sí misma.
Las soluciones centradas en los usuarios finales, ya sean profesionales sanitarios o pacientes, tienen más posibilidades de éxito. Para ello, es fundamental reconocer que los usuarios no necesitan necesariamente las tecnologías más avanzadas, sino soluciones fáciles de usar y de implementar. De hecho, tecnologías que parecen obsoletas, como los mensajes de voz y de texto, pueden ser herramientas mucho más útiles para los usuarios a quienes van dirigidas que las aplicaciones más recientes o las innovaciones de vanguardia en, por ejemplo, nanotecnología.

Pensemos en el Proyecto de mejora de la hipertensión comunitaria de Ghana, dirigido por la Fundación Novartis, que yo lidero, y FHI 360. El proyecto ayuda a los pacientes a gestionar su enfermedad por cuenta propia mediante recordatorios periódicos de medicación en el móvil y consejos sobre los cambios necesarios en su estilo de vida. Este enfoque tiene éxito porque está centrado en el paciente y aprovecha herramientas de tecnología de la información y la comunicación (TIC) que están disponibles y se utilizan habitualmente. En un país donde la penetración de la telefonía móvil supera el 80 %, pero pocas personas tienen teléfonos inteligentes, soluciones tan sencillas pueden tener el mayor impacto.
Para los profesionales sanitarios, las soluciones digitales deben percibirse como herramientas que mejoran la eficiencia, en lugar de añadir carga a su ya intensa jornada laboral. La cocreación de soluciones con personas experimentadas en la prestación de atención sanitaria en entornos con pocos recursos puede contribuir a que se adopten a gran escala.
Por ejemplo, la red de telemedicina que la Fundación Novartis y sus socios pusieron en marcha junto con el Servicio de Salud de Ghana respondió directamente a la necesidad, expresada por los profesionales sanitarios sobre el terreno, de ampliar el alcance de los conocimientos médicos especializados. Con una simple llamada telefónica, la red conecta a los trabajadores sanitarios de primera línea con centros de consulta de hospitales de referencia situados a varias horas de distancia, donde hay médicos y especialistas disponibles las 24 horas. Desde el principio, el proyecto respondió a la necesidad expresada de ampliar el alcance de los conocimientos médicos especializados y fue gestionado íntegramente sobre el terreno por personal del Servicio de Salud de Ghana, lo que hizo que este modelo fuera sostenible a gran escala.
Para hacer realidad todo el potencial de la salud digital, las soluciones deben integrarse en los sistemas sanitarios nacionales. Solo entonces podrá la tecnología digital acelerar los avances hacia la cobertura sanitaria universal y atender las necesidades sanitarias prioritarias de los países.
Es esencial la colaboración entre los sectores de la salud y las TIC, tanto públicos como privados. Las alianzas multidisciplinarias, impulsadas por el liderazgo sostenido de altos cargos gubernamentales, deben orientar los avances desde la etapa de planificación. La colaboración entre organismos gubernamentales, la financiación específica para soluciones de salud digital y unos mecanismos de gobernanza eficaces también serán fundamentales para que las estrategias tengan éxito.
Las tecnologías digitales ofrecen enormes oportunidades para mejorar la prestación de la atención sanitaria. Si queremos aprovecharlas, debemos aprender de la experiencia. Si mantenemos la atención en la realidad de los usuarios finales y en las necesidades sanitarias prioritarias, en lugar de dejarnos deslumbrar por la tecnología más reciente, podremos hacer realidad la promesa de la salud digital.


