La edición del genoma es ahora mucho más fácil, rápida, barata y versátil que nunca. Una de estas técnicas de edición, conocida como CRISPR-Cas9, podría permitir nuevas aplicaciones, desde virus y bacterias hasta animales, plantas y seres humanos. Pero, a medida que desarrollamos esta tecnología, ¿cómo deberíamos regularla?
Una respuesta al debate sobre ética y gobernanza
La Academia Nacional de Ciencias (NAS) y la Academia Nacional de Medicina (NAM) hicieron un audaz intento de responder a esta pregunta en un informe conjunto, Edición del genoma humano: ciencia, ética y gobernanza. La NAS y la NAM designaron un comité internacional de expertos de 22 miembros para examinar el estado actual de la ciencia y las aplicaciones clínicas; los posibles riesgos y beneficios para la salud humana; y las normas para abordar los llamados «efectos fuera de objetivo», que son consecuencias imprevistas asociadas a la edición de genes específicos. El comité también debatió cuestiones de equidad y acceso, así como las consideraciones éticas sobre el posible impacto de esta tecnología en las actitudes sociales hacia la discapacidad y la enfermedad.
El informe estableció siete principios de gobernanza para la edición del genoma humano, concebidos para aplicarse en todo el mundo, en distintos contextos políticos y culturales.

La razón de ser de estos principios es que la investigación sobre edición del genoma es una empresa internacional y que todas las naciones deben garantizar que las posibles aplicaciones clínicas reflejen los valores sociales y estén sujetas a una supervisión y regulación adecuadas. El comité espera que estos principios generales se reflejen en la comunidad científica y los procesos regulatorios de cada nación y, en última instancia, mejoren la coherencia de la regulación entre países.
Los siete principios de gobernanza de un vistazo







Aplicación de los principios
A partir de estos principios, los autores del informe concluyeron que la edición genética en la investigación básica de laboratorio es importante para avanzar en la comprensión de los vínculos entre los genes y enfermedades como el cáncer y la enfermedad de Alzheimer, así como de la progresión de las enfermedades hereditarias. Sin embargo, cuando los investigadores empiezan a aplicar la edición genética a células humanas —por ejemplo, editando células sanguíneas para tratar la anemia falciforme—, la edición genética en seres humanos debe abordarse con cautela y emplearse únicamente para tratar y prevenir enfermedades y discapacidades. El informe concluye que las normativas vigentes en Estados Unidos y otros países gestionan adecuadamente el desarrollo responsable tanto de la ciencia básica como de las terapias para tratar o prevenir enfermedades o discapacidades no hereditarias.
El comité también determinó que hoy no debería aprobarse ningún uso de la edición genética humana con fines de mejora, es decir, con fines distintos del tratamiento o la prevención de enfermedades y discapacidades. Es necesario que haya participación y debate públicos sobre este tema, y que se destinen fondos específicos para respaldar este diálogo.
La edición de la línea germinal —la eliminación de un gen antes del nacimiento para erradicar una enfermedad hereditaria de un embrión y evitar que se transmita a generaciones futuras— aún no es posible. La NAS y la NAM reconocen que hay argumentos a favor de aplicaciones limitadas para prevenir enfermedades hereditarias si llegaran a ser viables. Pero es hora de reflexionar detenidamente sobre las implicaciones de su uso mientras se explora la tecnología, en lugar de esperar hasta que sea inminente decidir si se sigue adelante o no.
La edición de la línea germinal puede tener consecuencias a más largo plazo, ya que los cambios realizados —normalmente en espermatozoides u óvulos, aunque también podrían aplicarse a embriones— alteran el destino genético de una familia. Esto significa que, junto con los efectos positivos que podrían curar un trastorno genético como la enfermedad de Huntington, el cambio podría conllevar efectos imprevistos que se transmitirían a las generaciones futuras. Aunque se elogia la precisión de CRISPR, preocupa lo que podría ocurrir si no alcanza su objetivo, algo que puede suceder. El ADN es complejo y muchos genes están estrechamente relacionados, por lo que modificar un gen podría lograr el resultado que buscan los científicos y, a la vez, afectar inadvertidamente la función de otros genes y moléculas.
El futuro de la gobernanza de la edición del genoma humano
El enfoque de la NAS y la NAM basado en principios para regular las tecnologías de edición del genoma fue una buena primera medida. En general, los principios motivan a las personas a hacer lo que parece bueno y correcto, pero sin las restricciones ni la presión externa que imponen normas específicas. Introducir normas específicas sobre la seguridad y la eficacia de la edición genética empieza a invadir los límites éticos de las personas, algo que la regulación tradicional de los productos médicos no está diseñada para abordar.
Y ese es el dilema al que nos enfrentamos. Muchas de nuestras inquietudes sobre las tecnologías de edición genética quedan «fuera del ámbito» de las instituciones en las que confiamos para regularlas. Por ejemplo, las opiniones públicas sobre la edición del genoma en relación con cuestiones como la investigación con embriones humanos varían tanto entre países como dentro de ellos, y reflejan influencias religiosas y laicas. El resultado han sido políticas públicas que van desde la permisividad hasta la regulación y la prohibición. En este contexto, resulta difícil conciliar los siete principios de gobernanza al establecer directrices regulatorias.
Aquí es donde el Centro para la Cuarta Revolución Industrial del Foro Económico Mundial y el Consejo Global del Futuro sobre Mejora Humana pueden desempeñar un papel fundamental. Si se reconoce que el debate sobre la edición del genoma es mundial, el uso de los principios de gobernanza de la NAS y la NAM como base para establecer normas prácticas requerirá coordinación global. El Centro está bien posicionado para involucrar y coordinar a reguladores de todo el mundo, aprovechar estas directrices y elaborar pautas más específicas para cada tecnología; convocar el proceso de consulta pública que debería acompañarlas; y explorar cómo incorporar las inquietudes éticas y sociales a los debates sobre seguridad y eficacia.
La edición genética tiene un potencial real para combatir muchas enfermedades crónicas y miles de enfermedades hereditarias genéticas que afectan a cientos de millones de personas en todo el mundo. El informe de la NAS y la NAM abrió una puerta que nos exige a todos mirar más allá.
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