El impacto real de la automatización depende de cómo gestionemos la transición.
Nuestra responsabilidad no es proteger los empleos que las máquinas pueden desempeñar mejor, sino preparar a la fuerza laboral para el tipo de trabajo que probablemente se necesitará.
Debemos invertir en las personas ofreciéndoles la formación que necesitan para prosperar en este nuevo panorama.
A menudo nos dicen que la automatización hará desaparecer millones de empleos en los próximos años, pero el impacto real depende de cómo gestionemos la transición. Tiene el potencial de crear más oportunidades económicas, promover un modelo de fabricación regionalizada y ofrecer trayectorias profesionales gratificantes a una fuerza laboral más diversa.
Para aprovechar plenamente estos posibles beneficios, los sectores público y privado deben colaborar para transformar el mercado laboral y empoderar a los trabajadores para que prosperen en una economía digital basada en el conocimiento. En la industria manufacturera y más allá, nuestra responsabilidad no es proteger los empleos que las máquinas pueden desempeñar mejor, sino preparar a la fuerza laboral para el tipo de trabajo que probablemente se necesitará.
Crear oportunidades económicas mediante la automatización
La robótica, la inteligencia artificial (IA) y otras tecnologías de la Cuarta Revolución Industrial llevan décadas al alcance de la industria, pero su viabilidad empresarial solo ha cobrado impulso más recientemente. Esto se debe a la reducción del coste de la robótica y al auge de los macrodatos, al aumento de la capacidad de procesamiento y al aprendizaje automático.
En todos los sectores, la adopción generalizada de la automatización hará que la producción sea más ágil, rentable y de mayor rendimiento. La fase de diseño también podría beneficiarse: por ejemplo, la tecnología de gemelos digitales ofrece una representación virtual de un objeto o proceso y puede ayudar a acelerar la innovación. Estos efectos, junto con el aumento de la demanda de bienes por parte de los consumidores, podrían actuar como catalizador del crecimiento económico. Para respaldarlo, hará falta una fuerza laboral con competencias técnicas.
Promover la fabricación regionalizada
La fabricación inteligente a gran escala puede hacer más que promover el crecimiento económico. También puede animar a las empresas a acercar la producción al mercado de destino. Esto es especialmente cierto en el caso de productos especializados, como los dispositivos médicos, que suelen requerir prácticas de fabricación con un alto contenido de conocimiento.
Consideremos el ejemplo de un proyecto a pequeña escala para automatizar las pruebas de circuitos integrados. Con un desembolso inicial de 50.000 dólares, la empresa podría sustituir a un trabajador a tiempo completo que gana 30 dólares por hora, o unos 62.000 dólares al año en una economía desarrollada. El plazo de recuperación de la inversión es inferior a 12 meses, frente a casi el doble para un trabajador similar que gana la mitad en una economía en desarrollo. Esto reduce significativamente el incentivo para que las empresas subcontraten la fabricación en el extranjero. Podría llevar a la creación de más centros regionales de fabricación con capacidades avanzadas y altamente especializadas.

Nuevas trayectorias profesionales
Un estudio del MIT y la Universidad de Boston concluyó que las nuevas tareas pueden compensar el impacto negativo de la automatización en el mercado laboral, ya que «todas las tecnologías generan efectos de productividad que contribuyen a la demanda de mano de obra». Esto queda corroborado por un estudio del Foro Económico Mundial que predice que, para 2025, las tecnologías digitales crearán al menos 12 millones de empleos más de los que eliminarán, ya que se necesitarán personas con las competencias adecuadas para programarlas, mantenerlas y repararlas.
Estos nuevos puestos especializados también ofrecen a los trabajadores trayectorias profesionales más seguras y satisfactorias. En Flex, la adopción de la automatización y la robótica no ha provocado reducciones masivas de personal entre nuestros trabajadores de planta. En cambio, se ha reasignado o trasladado a estos trabajadores para atender otras necesidades de producción, o se les han impartido nuevas competencias para desempeñar funciones especializadas. No es raro que reconvirtamos a operadores de montaje y a quienes realizan pruebas en auditores del cumplimiento de las normas de línea o técnicos en robótica.
Al cubrir los puestos creados por la automatización, los empleadores pueden nivelar las oportunidades para las personas con discapacidad y otras personas en situación de desventaja. Por ejemplo, el uso de la robótica puede eliminar el requisito de «poder levantar objetos», haciendo que un puesto sea más accesible.
Nuestro reto y nuestra responsabilidad
A medida que adoptamos tecnologías y técnicas más avanzadas, las empresas y los gobiernos deben trabajar juntos para transformar la fuerza laboral y promover la creación de empleo. Las transformaciones digitales en la industria manufacturera y más allá ofrecen a los trabajadores oportunidades extraordinarias para pasar de tareas lentas y repetitivas a funciones más dinámicas y gratificantes.
Ahora debemos invertir en las personas ofreciéndoles la formación que necesitan para prosperar en este nuevo panorama. A medida que aumenta la productividad, podemos empoderar a los trabajadores y crear un mundo cada vez más dinámico y digital en el que las personas y las máquinas trabajen juntas.


