'La avaricia ha muerto': el podcast de esta semana de The Great Reset

A kinder capitalism? We're social, not selfish, according to Oxford economistsImage: REUTERS/Jonathan Ernst
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  • Los economistas de la Universidad de Oxford presentan un mundo en el que 'la avaricia ha muerto'.

  • Afirman: "Los mercados solo pueden funcionar eficazmente cuando están integrados en una red de relaciones sociales."

  • El libro apunta contra el 'fundamentalismo de mercado' y el 'individualismo extremo'.

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"La avaricia es lo correcto, la avaricia funciona. La avaricia aclara, abre camino y capta la esencia del espíritu evolutivo [...] la avaricia, a falta de una palabra mejor, es buena."

Con esas palabras, Michael Douglas resumió el espíritu de la economía thatcherista y reaganiana en la película de 1987 Wall Street en la que interpretó a Gordon Gekko, un adquisidor hostil de empresas que defendía las virtudes del beneficio a cualquier precio.

El discurso era una destilación de la ortodoxia del economista estadounidense Milton Friedman, quien sostenía que la única responsabilidad social de las empresas era aumentar sus beneficios en interés de los accionistas.

El Foro Económico Mundial defiende desde hace tiempo una visión distinta del capitalismo, en cuyo centro se sitúan las 'partes interesadas' y no solo los accionistas. Con la conmoción global de la pandemia de coronavirus, que eclipsa incluso la de la crisis financiera de 2007-2008, el Foro propugna un Gran Reinicio para hacer realidad esa visión.

En el podcast The Great Reset de esta semana, escuchamos al economista de la Universidad de Oxford John Kay, coautor de un libro que también plantea una nueva versión de la sociedad: La avaricia ha muerto.

Portada del libro La avaricia ha muerto.Image: Penguin

"Por supuesto, esto no quiere decir que la avaricia esté realmente muerta, como tampoco era cierto en los años ochenta que la avaricia fuera buena. Pero lo que intentamos explicar es que ha llegado el momento de un cambio en la corriente intelectual", afirma John Kay.

El último gran cambio de este tipo en el mundo occidental se produjo en los años ochenta, según sostienen Kay y Collier, cuando se impuso el "fundamentalismo de mercado" y lo que ellos denominan "identidad expresiva", en la que las demandas individuales prevalecen sobre las de la comunidad.

"Lo que sostenemos con firmeza en el libro es que la característica que distingue a los seres humanos de otros mamíferos es que somos extremadamente sociales. Trabajamos unos con otros. Nos comunicamos unos con otros. Hablamos unos con otros, hacemos cosas juntos y hablamos especialmente de las comunidades laborales y de las comunidades de lugar.

"Y lo que sugerimos es que muchas de estas comunidades se han destruido o erosionado en los últimos 30 años, con un gran coste para nosotros, tanto social como económicamente. Y debemos revertir esa tendencia."

Los autores piden poner fin a las prácticas depredadoras y a la subida abusiva de precios, citando como ejemplo a determinadas empresas farmacéuticas, y arremeten contra "la retórica corrosiva actual y la cultura disfuncional de las primas del fundamentalismo de mercado".

Pero también critican a quienes participan en un "activismo en el que la intensidad del sentimiento [es] más importante que el conocimiento real".

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