Estas dos neurocientíficas intentan revertir estereotipos dañinos

Female scientist in a laboratory.
Interoception is the hidden sense that helps us to understand our wellbeing.Image: UNSPLASH/ThisisEngineering RAEng
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  • El 11 de febrero se celebra el Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia 2022.

  • Las neurocientíficas Dr. Sarah Garfinkel y Dr. Lisa Quadt hablan de sus investigaciones sobre intervenciones para adultos autistas que experimentan ansiedad.

  • La motivación de su investigación participativa surge de cómo las personas autistas expresan lo que viven y sienten respecto a la soledad.

  • En esta entrevista, ambas hablan de sus mayores logros en neurociencia, los estereotipos de género y la coproducción con participantes autistas.

Entrevistada: Prof. Sarah Garfinkel.Image: Frontiers Science News
Entrevistada: Dr. Lisa QuadtImage: Frontiers Science News

Durante la pandemia de COVID-19, con sus confinamientos reiterados y restricciones sociales, muchas personas de todo el mundo han declarado sentir más aislamiento y soledad. Se sabe que la soledad prolongada está asociada con resultados adversos para la salud mental y física, como un aumento de las enfermedades cerebrovasculares. ¿Cuál podría ser el mecanismo que subyace a esta asociación? Ese es el tema de un artículo de perspectiva reciente publicado en Frontiers in Integrative Neuroscience.

Sus autoras, la Dra. Janine Gronewold, investigadora posdoctoral en el Departamento de Neurología Vascular y Demencia del Hospital Universitario de Essen, y la Sra. Miriam Engels, estudiante de doctorado en el Instituto de Sociología Médica de la Clínica Universitaria de Düsseldorf y profesora en la Universidad Abierta de los Países Bajos, se inspiraron en un marco propuesto recientemente sobre las interacciones adaptativas y desadaptativas entre el cerebro y el cuerpo. Con motivo del Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia 2022 del 11 de febrero, Gronewold (JG, de aquí en adelante) y Engels (ME) entrevistan a dos de las autoras de este marco: la Dra. Sarah Garfinkel (SG), profesora del Instituto de Neurociencia Cognitiva, de la University College London, y su investigadora posdoctoral, la Dra. Lisa Quadt (LQ), investigadora en neurociencia clínica en la Facultad de Medicina de Brighton y Sussex. Aquí, preguntan a Garfinkel y Quadt por sus carreras, sus investigaciones y sus motivaciones.

JG y ME: ¿Qué las inspiró a dedicarse a la ciencia?

LQ: Hice el doctorado en «Filosofía de la mente», un campo en el que ya trabajaba de forma interdisciplinaria, aunque no tenía formación en neurociencia ni psicología. Al final del doctorado, la filosofía se volvió un poco solitaria. Siempre me habían interesado mucho los aspectos clínicos. Así que decidí pasarme a la neurociencia y, por suerte, Sarah Garfinkel y Hugo Critchley me contrataron como investigadora posdoctoral, y la experiencia ha sido increíble.

SG: De pequeña tenía bastante dislexia y las cosas no siempre me resultaban fáciles. Siempre pensé que estudiaría en una escuela de arte. Pero me encantó el proyecto final de la licenciatura. No habría tenido la confianza necesaria para solicitar una plaza de doctorado, pero me la ofrecieron y lo considero un momento decisivo. Ahora me encuentro al frente de mi propio laboratorio de neurociencia en Londres, algo que todavía me sorprende un poco.

Lo que más me gusta de mi trabajo ahora es ver el talento de otras personas —aunque ellas aún no tengan confianza en sí mismas— y ayudarlas. A medida que avanzo, trabajar con científicos jóvenes es algo muy significativo para mí. Podemos intentar crear un laboratorio bueno y acogedor para todos.

JG y ME: ¿Pueden contarnos algo más sobre la motivación detrás de sus investigaciones actuales?

LQ: Después de publicar este artículo teórico en el que se basa su artículo, también teníamos datos de un gran ensayo clínico que evaluó una intervención interoceptiva para tratar la ansiedad en adultos autistas. Hubo un momento en que una participante autista rellenó el cuestionario sobre la soledad y dijo: «Mi puntuación será bastante alta y les mostrará que me siento bastante sola, pero así es como elijo vivir. Eso no me molesta». Así que añadimos algunas preguntas al cuestionario, como «¿Cuánto le molesta esto?». El artículo en el que estamos trabajando ahora muestra que a los adultos autistas y no autistas les angustia por igual sentirse solos.

SG: Hay otro ejemplo que cuento en mis charlas. Analicé detenidamente datos de conductancia de la piel de personas autistas y, de hecho, muestran una respuesta de empatía corporal más intensa. Cuando presento estos datos, muchas personas me escriben para decirme «Gracias». Les parte el corazón oír los estereotipos que afirman que sus hijos quizá carezcan de empatía, porque saben que sienten las cosas intensamente. Creo que, como científicos, tenemos el deber de intentar revertir estos estereotipos erróneos.

LQ: Creo que esto ha sido un trauma colectivo para la comunidad autista. Basta una frase en un artículo para decir que carecen de empatía, que es algo muy básico en los seres humanos. Por eso, creo que es muy importante que la comunidad científica empiece ahora a contribuir a sanar ese trauma y a demostrar empíricamente que se trata de ideas equivocadas.

JG y ME: ¿Pueden explicar el término «coproducción» y qué significa?

LQ: Sí, quizá hayan oído hablar de la investigación participativa, que se rige por la consigna «Nada sobre nosotros sin nosotros». Así que, antes de realizar un estudio sobre personas autistas, asegúrense de hablar con ellas. ¿Refleja el estudio sus creencias y valores? ¿Qué ideas tienen y qué obstáculos podrían encontrar? Empecé a aprender cómo hacer que las cosas fueran más accesibles. Por ejemplo, la dislexia está sobrerrepresentada en la comunidad autista. En vez de sentarlas en nuestro laboratorio durante dos horas para que rellenen cuestionarios, pueden hacerlo en casa y a su propio ritmo. Investigadoras autistas del autismo como la Dra. Gemma Williamsnos han enseñado muchísimo. A menudo, su colaboración no es remunerada. Espero que en algún momento quienes financian la investigación se ocupen de ello y destinen más fondos a ese trabajo.

Si pudieran cambiar ahora mismo una cosa de la ciencia, ¿cuál sería?

SG: Una cosa es que el camino sea muy largo y difícil, con contratos de corta duración y falta de estabilidad, lo cual presiona a los investigadores jóvenes. Creo que las personas hacen su trabajo más creativo cuando se sienten seguras y felices, así que es importante garantizar que ser científico no implique sacrificar aspectos de la vida. En segundo lugar, quizá persista la idea de que la agresividad y la confianza equivalen al talento, y no creo que haya lugar para esa actitud: siempre se puede hacer buena ciencia con amabilidad. A veces, el campo tampoco reconoce a científicos brillantes que son más tímidos y tienen menos confianza en sí mismos. Los estereotipos persisten y quizá a las mujeres les cueste más convencer a los demás de que son buenas en lo que hacen, algo que puede desanimarlas.

JG y ME: ¿Creen que en los últimos años ha sido más fácil para las neurocientíficas jóvenes? ¿Qué consejo darían a quienes apenas comienzan su carrera científica?

SG: Hubo cosas que me pasaron cuando era más joven en la profesión que hoy no ocurrirían. Al mismo tiempo, creo que algunas cosas persisten y que las redes sociales añaden toda una nueva dimensión, que en realidad puede dificultarlo más. Así que el camino hacia mejores condiciones no consiste simplemente en que todo sea cada vez más fácil. La cultura del laboratorio marca una gran diferencia, y deberían elegirla con tanto cuidado como el área de estudio.

LQ: Sí, creo que es muy cierto. Siempre animo a la gente a hacer lo que realmente quiere y a no sentirse atrapada, porque siempre se puede aprender más, sin importar la edad. Además, si no están a gusto en el entorno de investigación o en su laboratorio, pueden marcharse y buscar a alguien más amable y considerado.

JG y ME: ¿Cuál ha sido su mayor logro como neurocientífica hasta ahora?

LQ: Para mí, sin duda, terminar este gran ensayo clínico. Este proyecto me ha cambiado de muchas maneras porque tuve muchas oportunidades de aprender cosas nuevas, no solo en el ámbito científico, sino también a gestionar y planificar un ensayo clínico. Y lo más importante que aprendí fue conocer a 120 personas autistas y ver lo diferentes y maravillosas que son.

JG y ME: ¿Qué les gustaría lograr en el futuro?

SG: Me encantaría volver a conectar todo. Lo que me inspiró a estudiar neurociencia fue trabajar con personas con TEPT, pero todavía no he aplicado a este grupo nada de mi trabajo sobre la interocepción.

LQ: Mi sueño es recibir formación clínica y combinar la práctica clínica con la investigación, y dedicarme a ambas. Ahora mismo estoy cursando un máster en psicología.

Entrevistadora: Dra. Janine GronewoldImage: Frontiers Science News
Entrevistadora: Sra. Miriam EngelsImage: Frontiers Science News
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