Pongámoslo a prueba. Lee una vez el título de arriba, luego tápalo y escribe palabra por palabra lo que recuerdes. ¿Te cuesta? Lo bien que te vaya podría depender del país en que vivas.
Eso es lo que indica un nuevo estudio, publicado en Psychological Science, en el que participaron nada menos que 200.000 mujeres y hombres de 27 países de cinco continentes. Reveló que las mujeres de países más conservadores obtuvieron peores resultados en pruebas de memoria que las de países más igualitarios.
El experto en demografía Eric Bonsang y sus colegas analizaron datos de encuestas nacionales de personas mayores de 50 años. Utilizaron datos existentes de pruebas de rendimiento cognitivo que medían la memoria episódica (la memoria de acontecimientos autobiográficos). En estas pruebas, se pedía a los participantes que recordaran en un minuto tantos como fuera posible de diez palabras leídas por un investigador, ya fuera inmediatamente o tras una breve espera. El equipo evaluó el nivel de igualdad de género de cada país observando la proporción de personas que estaban de acuerdo con esta afirmación: «Cuando escasean los empleos, los hombres deberían tener más derecho a un puesto de trabajo que las mujeres».
Las mujeres superaron a los hombres en memoria en países con igualdad de género, como Suecia, Dinamarca, los Países Bajos, Estados Unidos y la mayoría de los países europeos. Sin embargo, en Ghana, India, China, Sudáfrica y algunos países europeos con roles de género más tradicionales (como Rusia, Portugal, Grecia y España), el patrón se invirtió. En estos países, las mujeres obtuvieron peores resultados que los hombres, justo lo que habían predicho los investigadores. Curiosamente, los hombres de países igualitarios también obtuvieron mejores resultados que los hombres de países conservadores (aunque la diferencia fue menor).
Los resultados no dependían de la región del mundo ni del desarrollo económico de los países (producto interno bruto per cápita en 2010). Sin embargo, un factor que podría influir es que los países modernos (como muchos de los países con igualdad de género mencionados arriba) ofrecen mejores prestaciones de salud. Puede que los adultos mayores simplemente gocen de mejor salud. Pero eso no explica necesariamente las diferencias de género observadas: al fin y al cabo, el estudio constató que el efecto era más marcado en las mujeres que en los hombres.
En cambio, los autores sostienen que las actitudes de una sociedad hacia los roles de género determinan qué comportamientos y características se consideran apropiados para hombres y mujeres. A su vez, estas expectativas sociales influyen en los objetivos vitales, las opciones profesionales y las experiencias de las mujeres (y los hombres). Como resultado, las mujeres de países con roles de género más tradicionales podrían tener menos acceso a actividades que estimulan la cognición, como las relacionadas con la educación y el trabajo. De hecho, la participación en la educación y el trabajo explicó el 30 % de los resultados.
Estereotipos perjudiciales
Aunque el estudio aporta indicios de que las actitudes basadas en estereotipos sí moldean nuestras capacidades, para comprobar plenamente esta teoría habría que estudiar aptitudes que suelen considerarse femeninas según los estereotipos, como la sensibilidad social o la capacidad lingüística.
Por ejemplo, ¿obtendrían peores resultados los hombres de países con roles de género tradicionales que las mujeres en pruebas de sensibilidad social? Un estudio realizado con estudiantes estadounidenses demostró que así era. Es posible, en efecto, que este efecto sea aún mayor en países más conservadores.
Los resultados de este estudio se explicaron mediante la «amenaza del estereotipo», el temor a hacer algo que confirmaría o reforzaría los rasgos negativos que suelen asociarse con los miembros de grupos estigmatizados. Imagina que eres una mujer haciendo una prueba de matemáticas. La creencia generalizada de que a las mujeres no se les dan bien las matemáticas podría rondarte la cabeza y perjudicar tu resultado mientras te esfuerzas por concentrarte. El temor consume nuestros recursos cognitivos y hace que rindamos menos en tareas consideradas difíciles para el grupo estereotipado.
Este efecto es muy potente y se ha demostrado en numerosos estudios. Se ha observado que, cuando se les recuerda estereotipos negativos, las mujeres rinden menos en pruebas de matemáticas, y las personas afroamericanas, en pruebas que miden la capacidad intelectual. De hecho, el nuevo estudio podría interpretarse a la luz de la teoría de la amenaza del estereotipo.
Incluso hemos observado las bases neurológicas de este efecto. En nuestro nuevo estudio, publicado en Frontiers’ Aging Neuroscience, pedimos a un grupo de participantes mayores que leyera un artículo sobre el deterioro de la memoria con la edad (un estereotipo sobre la edad). Demostramos que, como resultado, sus tiempos de reacción en una tarea cognitiva se alargaron. Además, la actividad de las ondas cerebrales de estas personas indicó que tenían pensamientos más negativos sobre sí mismas. Esto se observó en datos obtenidos mediante electroencefalografía (EEG), que utiliza electrodos para seguir y registrar los patrones de las ondas cerebrales.
Nuestro estudio demuestra que la exposición a corto plazo a estereotipos negativos perjudica el funcionamiento cognitivo. Es posible que se hayan producido procesos similares en mujeres expuestas continuamente a estereotipos negativos de género y edad en países conservadores en materia de género, lo que explicaría su peor rendimiento en la prueba de memoria.
¿Qué hace que un país sea sexista?
Otro aspecto que los estudios futuros deberían tener en cuenta es el sistema político más amplio de los países, y no solo las actitudes de género. Una teoría sostiene que la modernización conduce progresivamente a la democratización y la liberalización, también de las actitudes hacia los roles de género. El legado de una sociedad, ya sea político o religioso, influye en sus valores.
De hecho, nuestros estudios sobre las actitudes interculturales hacia las mujeres y los hombres muestran que estas son más liberales en democracias consolidadas, como el Reino Unido, que en países en transición hacia la democracia (como Polonia y Sudáfrica). Descubrimos que los sistemas políticos anteriores también influían en las actitudes de género: eran más conservadoras en la Sudáfrica posterior al apartheid y menos conservadoras en la Polonia poscomunista. Así, las historias nacionales de desigualdad institucionalizada (apartheid) frente a emancipación forzada (comunismo) han dejado una huella duradera en los niveles de sexismo de cada país.
Quizá no sea casualidad que algunas de las democracias más antiguas incluidas en el nuevo estudio sean también las que tienen mayor igualdad de género. Como sugiere mi investigación, tanto la democratización como la reducción de la amenaza del estereotipo —especialmente a través de los medios de comunicación, por ejemplo mediante publicidad que muestre roles de género no tradicionales— son importantes. Estos esfuerzos deberían ser el eje de nuestro trabajo para lograr una mayor igualdad en diversas habilidades entre mujeres y hombres de todo el mundo.



