Tras tres años de actividad económica en declive y un entorno empresarial incierto, los índices recientes de Brasil señalan esperanzas de recuperación para el país. Una encuesta exhaustiva de Deloitte se hace eco de estos indicios positivos: «La agenda de Brasil para 2018», que sugiere que cada vez más responsables de la toma de decisiones apuestan por el crecimiento del consumo y, por consiguiente, por la continuidad de una recuperación gradual en la economía más grande y diversificada de América Latina.
Deloitte entrevistó a líderes de 750 empresas que representan 36 sectores de la economía brasileña y el 26 % del PIB nacional. La encuesta muestra que los líderes están centrando la atención de sus organizaciones en cuestiones que tendrán un impacto a largo plazo y mejorarán la competitividad.
La encuesta reveló que el 56 % de las empresas espera lanzar nuevos productos o servicios en 2018, un aumento del 11 % con respecto al año anterior. Casi uno de cada cinco líderes espera un aumento de las ventas este año, y el 41 % de los encuestados prevé incrementar el número de empleados, un aumento considerable con respecto a 2017.
Los líderes señalaron el aumento de la inversión de Brasil en infraestructura, así como las reformas fiscales y de la seguridad social, como motivos principales de su optimismo. Por otro lado, se citaron el aumento de las tasas de interés en Estados Unidos y la desaceleración de la economía china como acontecimientos que podrían obstaculizar la actividad empresarial en una economía que ya se ve afectada por diversos factores.
Uno de ellos es el llamado «costo Brasil», que se refiere al aumento de los gastos operativos asociados a hacer negocios en el país. Los responsables de la toma de decisiones tanto del Gobierno como del sector privado han dedicado mucho tiempo y esfuerzo a estudiar y abordar los problemas históricos causados por el «costo Brasil», que encarece localmente los bienes y servicios en comparación con casi todos los países del mundo. Seguirá siendo un problema en el futuro previsible.

Al mismo tiempo, la competitividad local está siendo influida, quizá en mayor medida aún, por la transformación global conocida como la «Cuarta Revolución Industrial» o «Industria 4.0».
Vivimos un momento único en la historia. Los cambios, posibles gracias a las nuevas tecnologías y a la conversión continua de la información en datos y canales digitales, impregnan nuestras vidas e inciden en la forma en que las empresas hacen negocios. Esta nueva era tecnológica afecta a todo, desde las relaciones interpersonales y los modos de consumo hasta la estructura de gestión de las organizaciones y los entornos jurídicos y regulatorios en los que operan.
La Industria 4.0 no se limita a la tecnología ni a las herramientas y metodologías digitales. Representa una transformación radical que obligará a las empresas que planean seguir operando en la región a realizar grandes cambios y afectará a la capacidad de supervivencia de las empresas del mundo emergente. Cabe recordar que Brasil no había completado el ciclo de desarrollo industrial cuando el sector de servicios comenzó a dominar la economía local. Por eso, los efectos de esta revolución en Brasil y otros países latinoamericanos serán drásticos y probablemente más disruptivos que en otras partes del mundo. El desafío de adaptar las operaciones locales a esta nueva revolución industrial es enorme.
Un estudio de Deloitte Global presentado en Davos en enero de 2018, «Industria 4.0: ¿Está preparado?», incluye las perspectivas de líderes de más de 100 empresas brasileñas. Sus respuestas revelan sus prioridades mientras avanzan hacia la Cuarta Revolución Industrial, un camino que exige una transformación empresarial completa. La urgencia de que las empresas se reinventen ayuda a explicar por qué el Gobierno brasileño está poniendo en marcha una serie de medidas para apoyar a las empresas en este entorno empresarial que evoluciona rápidamente. Estas medidas son importantes, pero distan mucho de ser suficientes para afrontar la magnitud del problema.
Hay buenos ejemplos de empresas privadas que se transforman y prosperan en la Industria 4.0, pero, lamentablemente, son pocos. Necesitamos iniciar una nueva revolución empresarial en la región que genere beneficios económicos, empresariales y sociales a medio y largo plazo para las empresas, los trabajadores, los gobiernos y la sociedad de toda la región. Esta es la revolución a largo plazo que Brasil necesita hoy.


