Liberar el potencial de la tecnología energética para crear un futuro sostenible y resiliente

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New, data-driven energy technology can optimize everything from grids and data centres to buildings and industry.Image: Getty Images/NicoElNino
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  • A medida que convergen la electrificación, la automatización y la inteligencia digital, el panorama energético se transforma: pasa de sistemas lineales y centralizados a redes multidireccionales basadas en datos.

  • Esta transformación es fundamental para resolver la paradoja actual entre el crecimiento de la demanda energética y las limitaciones de los sistemas energéticos.

  • Los líderes reunidos en la Reunión Anual del Foro Económico Mundial de 2026 explorarán cómo el uso ético de las tecnologías emergentes puede resolver desafíos del mundo real.

La inteligencia artificial (IA) está redefiniendo la infraestructura energética mundial.

Actualmente, los centros de datos de IA más grandes del mundo (también conocidos como fábricas de IA) consumen tanta energía como algunas ciudades. Se prevé que la demanda mundial de electricidad de los centros de datos se duplique y alcance los 945 TWh para 2030, según la Agencia Internacional de la Energía— un nivel equivalente al de muchos países industrializados.

Pero esta demanda explosiva coincide con una nueva volatilidad en los ámbitos de la energía y la geopolítica. En este contexto, el mundo no puede depender de la infraestructura del siglo XX.

Esta es la paradoja fundamental de la economía moderna. La IA es el motor digital del crecimiento, pero también consume enormes cantidades de uno de los recursos más demandados del mundo: la energía. Y aquí viene lo inesperado: la IA es también la tecnología que necesitamos para optimizar la energía, la infraestructura y los sistemas que alimenta.

La elección ya no es entre «verde y contaminante», sino entre crecimiento y estancamiento.

A medida que la IA demanda más energía, solo una tecnología más inteligente y resiliente puede suministrarla. La próxima ola de crecimiento e innovación dependerá de dos elementos esenciales: la eficiencia, que consiste en hacer más con menos energía, y la resiliencia, que implica construir sistemas energéticos capaces de anticiparse a las perturbaciones y los cambios, resistirlos y adaptarse a ellos.

Incorporar eficiencia y resiliencia a los sistemas energéticos

El antiguo modelo energético era sencillo: un flujo rígido, unidireccional y lineal que iba de grandes centrales de generación a consumidores pasivos que aceptaban todo sin cuestionarlo. Ese mundo ya no existe. El nuevo panorama energético está descentralizado, es multidireccional, está definido por software y se basa en datos. Los hogares, los edificios y las fábricas están evolucionando: de puntos finales pasivos a participantes activos e inteligentes.

Esta transformación se basa en la convergencia de la electrificación, la automatización y la digitalización, que define la tecnología energética moderna. En un mundo volátil y multipolar, una red digitalizada es una red resiliente: se dobla, pero no se rompe. Las herramientas digitales permiten detectar y eliminar el desperdicio, lo que genera más eficiencia: combustible que no hace falta comprar. Y mientras la eficiencia es el motor del crecimiento, la resiliencia es una póliza de seguro contra la inestabilidad.

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Las fábricas de IA actuales no fabrican productos; producen inteligencia medida en tokens, las unidades de datos que impulsan los modelos de IA. Cuantos más tokens se generan, más energía, refrigeración y optimización se necesitan. Esta realidad está elevando las densidades de potencia hasta niveles que exigen un rediseño fundamental de la infraestructura energética, tanto física como digital.

Este es un desafío de datos e inteligencia tanto como de hardware. Impulsar la tecnología energética significa integrar el Internet de las cosas, las plataformas digitales y la IA para optimizarlo todo, desde las redes y los centros de datos hasta los edificios y la industria.

Para afrontar este desafío, se necesitarán sistemas energéticos no solo electrificados y automatizados, sino también profundamente integrados con la inteligencia digital. Hoy, enormes cantidades de datos circulan por dispositivos, plataformas y procesos industriales, pero muchos siguen estando fragmentados y son difíciles de utilizar. Sin contexto, la optimización se estanca. Con contexto, la IA puede pronosticar la demanda, simular escenarios y recomendar medidas que mejoren la fiabilidad, reduzcan el desperdicio y amplíen la eficiencia.

Para lograrlo, los sistemas energéticos necesitan una base que dé estructura y sentido a los datos. Esto requiere una integración fluida de los datos, desde el dispositivo hasta el borde y la nube, gemelos digitales que evolucionen a lo largo de todo el ciclo de vida de los activos y conocimientos multidisciplinarios que incluyan experiencia práctica en sistemas energéticos y de automatización.

La integración de estas dimensiones hará posible la inteligencia energética e industrial. Esto supone contar con modelos avanzados capaces de interpretar sistemas completos, adaptarse a condiciones cambiantes e impulsar la eficiencia a gran escala. Al combinar el razonamiento basado en la física con el contexto operativo, esta inteligencia puede aprender y mejorar continuamente a lo largo del ciclo de vida. De cara al futuro, capacidades emergentes como los flujos de trabajo agénticos ampliarán estos avances y permitirán pasar de la comprensión a la acción autónoma, siempre bajo supervisión humana.

Para hacer realidad estos beneficios, las empresas energéticas e industriales necesitan una IA profundamente integrada en los mundos físico y digital. Esta tecnología energética ya está haciendo posibles capacidades sin precedentes y permitirá muchas más en el futuro, entre ellas:

  • Consumir menos energía. Los modelos de IA pueden ayudar a reducir el consumo energético en hogares, edificios, fábricas y centros de datos.

  • Hacer realidad el nuevo panorama energético. La IA aporta flexibilidad y ayuda a reducir el consumo máximo al pronosticar la demanda y la producción, y optimizar los flujos de energía para obtener electricidad más limpia y barata.

  • Mejorar sistemas complejos de energía y automatización. Facilitar su implementación, interacción y optimización para quienes toman decisiones.

  • Hacer posibles sistemas energéticos autónomos. Utilizar agentes y modelos fundacionales para que aprendan y se adapten por sí mismos, y reduzcan continuamente los costes energéticos y el impacto en el clima.

  • Impulsar soluciones a lo largo de todo el ciclo de vida del sistema energético. Desde el diseño y la ingeniería hasta las operaciones y el mantenimiento, la IA puede ayudar a las empresas a lograr eficiencia e innovación en cada etapa.

La innovación técnica, la inteligencia basada en datos y una visión ecosistémica pueden ayudar a resolver la paradoja entre el crecimiento digital y las limitaciones energéticas. En última instancia, ni siquiera el algoritmo más inteligente puede corregir una infraestructura ineficiente. La medición es la base; solo entonces es posible optimizar.

Incorporar el factor humano a la tecnología energética

Aunque la tecnología puede proporcionar las herramientas, los ecosistemas aportan la escala necesaria para transformar los sistemas energéticos. Pero la paradoja energética es demasiado amplia y compleja para que una sola empresa o gobierno la resuelva por su cuenta: la innovación fragmentada y aislada está destinada al fracaso.

Crear ecosistemas abiertos en los que la tecnología, los socios empresariales y las personas puedan cocrear requiere una cooperación radical entre los sectores público y privado. Es fundamental comprometerse con estándares abiertos, marcos de datos compartidos y alianzas intersectoriales.

Toda la cadena de valor debe participar en este proceso, desde los electricistas y los integradores de sistemas hasta los emprendedores y los responsables de formular políticas. Así es como la innovación logra un impacto real y medible que permite ampliar la eficiencia y la resiliencia desde los emplazamientos hasta los sectores y las sociedades.

Una nueva era de inteligencia energética

La IA se ha convertido tanto en el motor digital del crecimiento como en una gran consumidora de los recursos más demandados del mundo. Este momento decisivo exige una respuesta colectiva e inmediata: los cambios graduales y las acciones aisladas no bastan.

No hay IA a gran escala sin inteligencia energética.

El futuro pertenece a quienes impulsan la tecnología energética y convierten la eficiencia y la resiliencia en la norma de cada avance. Esta es la única manera de transformar la complejidad en nuestra mayor oportunidad mundial.

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