Hoy, más de 65 millones de personas en todo el mundo se han visto obligadas a huir de sus hogares y una cifra récord de 141 millones necesita asistencia humanitaria.
Las causas van desde los conflictos violentos y la agitación política hasta los fenómenos meteorológicos extremos, pero el costo humano suele ser el mismo: familias desarraigadas; niños que no pueden asistir a la escuela; personas que luchan por sobrevivir sin refugio, alimentos ni agua potable.
Estos inmensos desafíos amenazan décadas de avances en materia de desarrollo, y resulta irónico que nos enfrentemos a ellos durante la Cuarta Revolución Industrial, una época en la que las tecnologías revolucionarias se desarrollan rápidamente y transforman nuestra forma de vivir, trabajar e interactuar.
La tecnología desempeña un papel fundamental para ayudar a las organizaciones humanitarias y de desarrollo a abordar los urgentes problemas globales que afrontamos. Sin embargo, este sector ha quedado en gran medida al margen de la transformación tecnológica en curso. Muchas de las soluciones tecnológicas que necesitan las ONG ya existen, pero suelen ser inaccesibles debido a los modelos de negocio y sus costos.
Pensemos en esto: mientras los tecnólogos han desarrollado soluciones capaces de verificar y autenticar nuestra identidad con solo leer nuestra huella dactilar, muchos trabajadores humanitarios todavía recopilan información personal por escrito y la introducen en hojas de cálculo. Este proceso manual requiere mucho tiempo, es propenso al error humano y no aprovecha plenamente las tecnologías más recientes de seguridad de datos ni las normas de protección.
Entre otros desafíos a los que se enfrentan las agencias humanitarias y las comunidades con las que trabajan se encuentran:
La falta de herramientas para analizar datos y obtener información útil para la toma de decisiones que, en última instancia, permita ayudar a más personas.
La protección de datos sensibles e información personal.
La identificación eficiente y precisa de los beneficiarios, la asignación de bienes y servicios, el seguimiento de las distribuciones y la evaluación del impacto de los programas de ayuda.
La entrega de información precisa y oportuna sobre servicios y otros recursos a las personas desplazadas que están en tránsito o se establecen en nuevas comunidades.
Las limitaciones para experimentar con tecnologías emergentes en los lugares donde operan, a menudo debido a la falta de financiación.
Como ha escrito Klaus Schwab, fundador y presidente del WEF, la respuesta a la Cuarta Revolución Industrial «debe ser integrada e integral, e involucrar a todas las partes interesadas, desde los sectores público y privado hasta el mundo académico y la sociedad».
Si aplicáramos las innovaciones tecnológicas del sector privado a las comunidades humanitarias y de desarrollo, los resultados podrían transformar la vida de millones de las personas más vulnerables del mundo.
Este trabajo ya está en marcha. Por ejemplo, a finales de 2015, Cisco llevó sus avanzadas redes wifi Meraki y personal de ingeniería a centros de acogida de refugiados en Europa. Estas redes han conectado más de 600.000 dispositivos únicos y han permitido que los refugiados se comuniquen con más de 2 millones de amigos y familiares. El software de seguridad en la nube asociado a estas redes bloquea un promedio de 2.000 ciberamenazas al día y garantiza conexiones seguras para los usuarios.
Pero debemos hacer más. La digitalización y otros avances tecnológicos que impulsan la Cuarta Revolución Industrial están creando un entorno en el que:
Todo está cada vez más conectado.
Todo se basa cada vez más en software.
Todo genera datos.
Todo puede automatizarse.
Todo debe protegerse.
¿Cómo podemos garantizar que el sector humanitario y de desarrollo no solo se adapte a este entorno, sino que también aproveche sus oportunidades?
Chuck Robbins, director ejecutivo de Cisco, ha afirmado que, en la economía actual, toda empresa debe convertirse en una compañía tecnológica. También es cierto que todas las organizaciones sin ánimo de lucro y ONG deben convertirse en organizaciones basadas en la tecnología si quieren lograr el impacto ampliable necesario para responder a las enormes necesidades humanitarias y los desafíos de desarrollo actuales. El sector privado puede ayudarlas a conseguirlo.
Para impulsar este esfuerzo, Cisco y la organización global Mercy Corps han emprendido una ambiciosa alianza de cinco años y varios millones de dólares que permitirá a Mercy Corps aprovechar un conjunto de soluciones digitales para prestar asistencia con mayor rapidez y eficacia, y llegar a más personas. Mercy Corps ya incorpora una mentalidad tecnológica en todos sus programas globales y está creando un equipo interno dedicado a maximizar el impacto de la tecnología en el sector de la ayuda humanitaria y el desarrollo. Al trabajar juntos, esperamos aprovechar las tecnologías digitales en los programas de Mercy Corps y seguir transformando la manera en que trabaja la organización.
Mediante una combinación de fondos, productos y conocimientos tecnológicos, estamos trabajando para cerrar brechas críticas en la prestación de ayuda humanitaria. Entre ellas se incluyen la integración de sistemas de recopilación de datos, la mejora del análisis de datos para la toma de decisiones y la experimentación con nuevas tecnologías prometedoras en los entornos donde se utilizarían.

Por ejemplo, un análisis sólido de datos podría ayudar a Mercy Corps a predecir cuántas familias llegarán a un punto de distribución de ayuda y qué suministros necesitarán, para estar mejor preparados para atenderlas.
Una red más abierta y programable podría facilitar una aplicación hiperlocal que conecte a las personas a nivel de barrio para compartir alertas de emergencia, emprender acciones colectivas, encontrar servicios e información vital y acceder a oportunidades de empleo y educación.
Los trabajadores de campo en un centro de recepción de refugiados podrían probar una solución de registro biométrico que garantice la captura precisa de información de identificación vital y su almacenamiento seguro en tiempo real, para que quienes prestan asistencia humanitaria puedan ofrecer mejores servicios, adaptarse rápidamente a la evolución de las necesidades y supervisar el impacto de los programas.


