Los países en desarrollo deben actuar ante los riesgos que plantean las nuevas tecnologías

Robots weld cars at the Ford Motor Company's Sao Bernardo do Campo facility in Sao Bernardo do Campo June 14, 2012. Ford Motor Co expects the Brazilian auto market to set a new sales record by the end of the year despite a sluggish start, as recent tax breaks and record-low interest rates jumpstart stagnant business at dealerships. Picture taken June 14, 2012. REUTERS/Paulo Whitaker (BRAZIL - Tags: TRANSPORT BUSINESS) - GM2E86G07HO01
New technologies are not just replacing jobs, but they are also enabling the disruption and restructuring of entire industries.Image: REUTERS/Paulo Whitaker
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Los avances tecnológicos asociados con la cuarta revolución industrial —incluida la inteligencia artificial— permiten automatizar una variedad cada vez más amplia de procesos de formas cada vez más interactivas y sofisticadas. Es probable que estos avances generen numerosas oportunidades de desarrollo económico y social en los países en desarrollo, por ejemplo, al aumentar la producción de alimentos.

Pero las nuevas tecnologías también conllevan riesgos importantes, que tienen especial relevancia en los países en desarrollo. Pueden reforzar y agravar las desigualdades existentes, tanto dentro de los países en desarrollo como entre estos y las regiones más desarrolladas.

Tres de estos riesgos interrelacionados son el aumento del desempleo, la creciente concentración del poder económico y la riqueza, y la propagación de sesgos en algoritmos influyentes. Se manifestarán de distintas maneras y exigirán respuestas diferentes en contextos diversos. Un problema transversal es que muy pocos gobiernos de países en desarrollo están prestando la debida atención a estos riesgos.

Riesgo 1: Aumento del desempleo

La preocupación de que las nuevas tecnologías —especialmente la inteligencia artificial— provoquen pérdidas generalizadas de empleos se ha debatido ampliamente. Por supuesto, el temor a que las nuevas tecnologías sustituyan a los trabajadores no es nuevo. Sin embargo, se ha señalado que, históricamente, las nuevas tecnologías a menudo han generado más nuevos puestos de trabajo que los que han desaparecido debido a la automatización.

Quizá lo distinto ahora sea que las nuevas tecnologías digitales interconectadas probablemente tendrán una gama más amplia y de mayor alcance de capacidades. Por ello, es posible que disminuyan las perspectivas de nuevos tipos de empleo o que estos se limiten a ámbitos cada vez más sofisticados, como el aprendizaje automático.

Además, las nuevas tecnologías ya no solo están sustituyendo empleos, sino que también están propiciando la disrupción y reestructuración de industrias enteras. Por ejemplo, Uber ya ha desestabilizado el sector tradicional del taxi en muchos lugares. Imaginemos las posibles consecuencias del paso de Uber a los vehículos sin conductor.

Image: McKinsey Global Institute

Los menores costos laborales en muchos países en desarrollo implican que habrá menos inversión en tecnologías que sustituyen empleos. Sin embargo, otros aspectos de los contextos de estos países aumentan la posible gravedad de este riesgo.

En primer lugar, la escasez de sistemas educativos eficaces y de competencias en países como Sudáfrica dificultará que las personas se capaciten de nuevo para los nuevos empleos, intensivos en tecnología, que estarán disponibles. En segundo lugar, todos los gobiernos tienen dificultades para afrontar las implicaciones de las nuevas tecnologías y los nuevos modelos de negocio. Esta dificultad es especialmente marcada en los gobiernos de los países en desarrollo. El caso de Uber en Sudáfrica lo refleja.

Riesgo 2: Creciente concentración de la riqueza

Muchos países en desarrollo se caracterizan por altos niveles de desigualdad entre su población. Es más probable que las élites de estos países utilicen la IA y otras nuevas tecnologías. Esto aumentará aún más los rendimientos del capital, ampliando la brecha entre la capacidad productiva de las élites y la de los demás.

Es probable que se produzca un efecto similar a escala mundial. No es casualidad que el presidente de Rusia, Vladimir Putin haya identificado la IA como el nuevo terreno de competencia global entre países.

Las ventajas que las nuevas tecnologías ofrecen al capital no se deben solo al aumento de la productividad, sino también a que permiten nuevos modelos de negocio capaces de controlar o incluso dominar subsectores enteros y frenar la competencia. Por ejemplo, una sola empresa podría llegar a controlar grandes flotas de vehículos automatizados en una o varias zonas extensas.

Una vez más, mucho dependerá de que los Estados puedan seguir el ritmo de estos avances y responder con eficacia. Habrá que prestar especial atención a la propiedad intelectual y al derecho de la competencia. Por ejemplo, la aplicación estricta de los derechos de propiedad intelectual sobre los algoritmos de IA podría favorecer una mayor concentración económica. También es probable que los gobiernos nacionales tengan cada vez menos influencia sobre estas decisiones y tendencias. Aun así, muchos gobiernos de países en desarrollo no están prestando a estos avances la atención que merecen.

Riesgo 3: Sesgos incorporados en los algoritmos

Por último, los algoritmos de IA que están en el centro de la cuarta revolución industrial reflejarán y perpetuarán los contextos y los sesgos de quienes los crean. Las dificultades que tiene el software de reconocimiento de voz para reconocer determinados acentos son un ejemplo relativamente inocuo. Por supuesto, se espera que la IA permita que estos sistemas aprendan a resolver esos problemas. Sin embargo, el propio proceso de aprendizaje podría verse influido por prejuicios raciales, de género u otros prejuicios.

Los algoritmos de IA se desarrollan casi exclusivamente en regiones desarrolladas. Por tanto, quizá no reflejen suficientemente los contextos y las prioridades de los países en desarrollo. Garantizar que los algoritmos de IA se entrenen adecuadamente y se adapten a distintos contextos es parte de la respuesta necesaria. Mejor aún sería que los países en desarrollo participaran más en el desarrollo de nuevos sistemas tecnológicos desde el principio.

Los gobiernos deben actuar

Estos tres riesgos exigen que el mundo académico, las empresas y los actores de la sociedad civil presten atención al papel de las nuevas tecnologías en los países en desarrollo. Sin embargo, los gobiernos tienen una responsabilidad especial. En general, parecen estar distraídos.

Los gobiernos deberían evaluar cuidadosamente los riesgos mencionados en su contexto nacional y, a continuación, establecer políticas y programas correspondientes. Esto incluye plataformas nacionales de desarrollo de competencias y colocación laboral, políticas de propiedad intelectual y competencia, y adaptación y desarrollo local de tecnologías.

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