En 1972, el fallecido Gene Cernan, el último hombre que caminó sobre la Luna, volvió a entrar en el módulo lunar y prometió: «Regresaremos en paz y con esperanza para toda la humanidad». Para 2030, los seres humanos volverán a caminar sobre la superficie de la Luna, esta vez impulsados por una revolución en la forma de viajar más allá de la Tierra. En 2017, el sector privado, en colaboración con el sector público, está impulsando el paso de la superficie del planeta a la órbita terrestre baja, a la superficie de la Luna y, después, a Marte. A diferencia del programa Apolo, dirigido principalmente por el Gobierno de Estados Unidos, esta nueva oleada de la humanidad más allá de la Tierra incluirá alianzas entre organismos espaciales gubernamentales y el sector privado.
¿Cómo será 2030? Probablemente, la Estación Espacial Internacional ya habrá salido de órbita tras demostrar el valor de la investigación en microgravedad en campos que van desde la producción de fibra óptica de alto rendimiento hasta el desarrollo de nuevas vacunas y medicamentos para tratar la osteoporosis. Como mostró la prueba del módulo orbital de Bigelow, la próxima generación de estaciones en órbita terrestre baja podría basarse en alianzas público-privadas, con una nueva zona de desarrollo económico que impulse actividades que van desde el turismo espacial hasta la fabricación en el espacio. Los satélites del sector privado contribuirán a mantener despejado el espacio alrededor de la Tierra, retirando los desechos espaciales y ayudando con el reabastecimiento de combustible.
Las observaciones de la Tierra, tanto del sector privado como de los organismos espaciales gubernamentales, seguirán ayudando a los países a reforzar su resiliencia climática, aportar datos para garantizar la seguridad hídrica y alimentaria, y vigilar y predecir los desplazamientos de refugiados climáticos. Es posible que empresas como Amazon ofrezcan satélites por encargo y los lancen con una frecuencia semanal, como los vuelos comerciales, lo que permitirá a países y empresas de todo el mundo acceder al espacio a precios asequibles. El uso posterior de los datos de observación de la Tierra seguirá creciendo e impulsará la innovación y la creación de empleo.
De vuelta en la Tierra, los vehículos de pasajeros propulsados por cohetes y con ciclo combinado permitirán cruzar el planeta en minutos en lugar de horas. La comunicación de banda ancha asequible será posible desde cualquier punto de la Tierra (y por encima de ella), lo que contribuirá a incorporar a miles de millones de personas a la economía global. La navegación espacial de precisión permitirá el transporte local mediante drones y aeronaves eléctricas personales, transformando radicalmente el transporte de personas y mercancías por las ciudades.
La NASA y sus socios de organismos espaciales internacionales y de la industria estarán ultimando el vuelo de prueba de su vehículo de transporte a Marte en órbita alrededor de la Luna. Allí habrán desarrollado sistemas sostenibles de control ambiental y soporte vital que permitirán una misión de ida y vuelta a Marte de tres años, cuyo inicio está previsto para 2032. Los primeros aterrizajes humanos en Marte tendrán lugar antes de que termine la década de 2030, mientras los organismos espaciales y las empresas privadas colaboran en el desarrollo de sistemas de entrada, descenso y aterrizaje capaces de llevar a la superficie la gran cantidad de equipos y suministros necesarios. Es posible que vehículos exploradores y módulos de aterrizaje científicos ya hayan descubierto indicios de vida, lo que aumentaría la necesidad de contar con científicos en la superficie para confirmar las primeras pruebas de biología extraterrestre.

En la superficie de la Luna, es probable que veamos el inicio de una base público-privada, como continuación del concurso de Google Lunar XPRIZE que busca desarrollar una economía lunar. Desde el acceso a los minerales hasta el turismo espacial, la Luna será la próxima zona de desarrollo económico en el espacio, con el sector privado a la cabeza. Mientras tanto, científicos y empresas privadas explorarán asteroides en busca de conocimientos sobre nuestros orígenes y de recursos valiosos.
La nueva economía espacial de 2030 aportará enormes beneficios: impulsará las tecnologías a medida que encontremos formas de vivir de manera sostenible más allá de nuestro planeta, mejorará las observaciones de la Tierra para proteger y preservar la vida en nuestro hogar y creará nuevos empleos, empresas y oportunidades. Han pasado 45 años desde que Gene Cernan dejó la Luna, y ahora estamos a punto de regresar al espacio, esta vez para quedarnos.
Este blog es el primero de una serie de publicaciones del Consejo Global del Futuro sobre Tecnologías Espaciales del Foro Económico Mundial. La serie se centrará en el futuro y la importancia del espacio para los gobiernos, las empresas, la sociedad y las personas.


