La pandemia de COVID-19 ha repercutido en el empleo y en la forma en que trabajamos.
Se estima que desde 2019 se ha perdido el 17 % de las horas de trabajo en todo el mundo, y quienes aún tienen empleo trabajan en condiciones muy diferentes.
La inseguridad laboral percibida se reconoce como un factor de estrés grave que afecta a la salud mental y física, así como al comportamiento en el trabajo e incluso a las actitudes políticas.
Pero 2020 nos ha demostrado que las personas tienen resiliencia y creatividad para adaptarse y desenvolverse ante cambios drásticos en el trabajo y en la vida, escribe una psicóloga.
La pandemia ha alterado profundamente nuestra forma de trabajar. Según las estadísticas publicadas por la Organización Internacional del Trabajo (OIT) en septiembre de 2020, se han perdido en todo el mundo 35 billones de dólares estadounidenses (26 billones de libras esterlinas) en ingresos laborales. También se estima que desde 2019 se ha perdido el 17 % de las horas de trabajo en todo el mundo, y que los jóvenes y las mujeres han sido los más afectados. Además, muchas de las personas que aún tienen empleo trabajan en condiciones muy diferentes.
Apenas empezamos a comprender las consecuencias a largo plazo de este cambio para el bienestar de los trabajadores, la forma en que se realiza el trabajo y la sociedad y las economías en su conjunto. Como psicóloga laboral, me interesa saber cómo estos cambios provocados por la pandemia afectan al bienestar, el comportamiento y las actitudes de cada persona, y cuáles podrían ser sus efectos más amplios para la sociedad en su conjunto.
Cada vez se entiende más la pandemia como una conmoción: un suceso que escapa a nuestro control y que trastocó nuestras formas habituales de trabajar y vivir. Esta conmoción tuvo un efecto más perturbador para algunas personas que para otras. Algunas vieron dispararse su carga de trabajo y tuvieron que trabajar sin descanso para responder a las nuevas exigencias, como el personal sanitario o de supermercados. Otras tuvieron que empezar de repente a trabajar desde casa, adaptarse a procedimientos distintos e intentar compaginar los retos de la vida familiar con el trabajo.
Muchas personas perdieron su empleo y algunas, su profesión, cuando sectores enteros cerraron. Quien se ha esforzado mucho para convertirse en actor, ingeniero aeroespacial o dueño de un pub no querrá trabajar en otra profesión, y mucho menos formarse para ejercerla. En este caso, la persona no solo ha perdido su medio de vida, sino también parte de su identidad. Esto puede tener consecuencias profundas en cómo se sienten las personas consigo mismas y con el lugar que ocupan en la sociedad.
A diferencia de recesiones anteriores, algunos países han introducido programas de permisos temporales con protección del empleo. Pese a la protección que reciben gracias a ellos, quienes están acogidos a estos programas siguen manifestando a menudo gran preocupación e incertidumbre ante la posibilidad de perder el empleo. La inseguridad laboral percibida se reconoce como un factor de estrés grave que afecta a la salud mental y física, así como al comportamiento en el trabajo e incluso a las actitudes políticas. Mientras tanto, el desempleo efectivo en el Reino Unido, incluso con los permisos temporales, ha aumentado al 4,8 %, y el Banco de Inglaterra prevé que se duplicará para 2021.

A estos efectos de los permisos temporales y la pérdida de empleo se suma la pérdida de ingresos. La pandemia ha empujado a más personas a la pobreza, incluso pese a tener trabajo, como muestran el aumento de la deuda de los consumidores y el incremento de quienes recurren por primera vez a los bancos de alimentoslo demuestran. Es probable que la consiguiente presión económica y precariedad agraven el estrés causado por los retos a los que se enfrentan las personas.
La mayoría de las personas aún conserva su empleo, aunque a veces haya cambiado hasta volverse irreconocible. Las nuevas normas de distanciamiento social y las regulaciones sanitarias por la COVID-19 afectan a la manera en que las personas interactúan con clientes, pacientes y colegas en el trabajo. Trabajar desde casa también plantea sus propios retos, como cambios en la comunicación, dificultades tecnológicas, interferencias en la vida privada o mayores exigencias de organización personal, por nombrar solo algunos.
Todos estos cambios exigen que las personas se adapten mucho y hagan un esfuerzo adicional, demuestren tenacidad y recurran a su creatividad para que funcionen. Todo esto ocurre en el contexto de una pandemia que ya nos ha obligado a adaptarnos a formas de vida indeseables, con menos interacciones sociales y de otro tipo, y más preocupaciones por la salud.
Desde una perspectiva del estrés, los distintos cambios laborales que las personas experimentaron y tuvieron que afrontar pueden entenderse como exigencias adicionales que se sumaron a una vida ya ajetreada y alterada. Así que no te sorprendas si al terminar 2020 te sientes agotado.
Como sabemos por la investigación, el estrés tiene varios efectos secundarios relacionados con la forma en que nos comunicamos e interactuamos con los demás. Así que, si vemos que las personas cometen más errores o a veces se comportan con descortesía, debemos entenderlo en el contexto actual de exigencias adicionales. Date un respiro (y dáselo a los demás). Puede que quien reaccionó de forma extraña simplemente esté agotado.
¿Un rayo de esperanza?
Pero este año tan extraño también podría tener un lado positivo. 2020 nos ha demostrado que las personas han mostrado una resiliencia extraordinaria, además de talento y creatividad para adaptarse y desenvolverse ante cambios drásticos en el trabajo y en la vida. A pesar de una realidad social transformada, las restricciones de viaje y todo lo demás, muchas personas han encontrado la manera de seguir dirigiendo sus empresas, relacionarse socialmente con sus colegas, organizar sus días y gestionar su carga de trabajo. Mirar atrás y reflexionar sobre los logros de este año debería darnos confianza y fe en nuestra propia capacidad para afrontar los retos.
Y aunque cada una de nuestras vivencias de esta pandemia ha sido única, todos hemos atravesado juntos este año. Será un recuerdo que compartiremos. Quién sabe: quizá saber que hemos pasado por esto como comunidad pueda acercarnos y tender puentes sobre antiguas divisiones. Puede que volvamos a vivir un cambio tan drástico en la vida y el trabajo durante nuestras vidas, o puede que no; pero, si ocurre, espero que podamos mirar atrás, a 2020, y confiar en nuestra experiencia y capacidad para afrontar lo imprevisto.


