Por qué cumplir la ley ya no es suficiente

A woman listens to music as the sun sets as seen between buildings on Boa Viagem beach in Recife June 30, 2014. In a project called "On the Sidelines" Reuters photographers share pictures showing their own quirky and creative view of the 2014 World Cup in Brazil. REUTERS/Brian Snyder (BRAZIL - Tags: SPORT SOCCER WORLD CUP TRAVEL ENVIRONMENT SOCIETY) - GM1EA710EOX01
'Companies must compete with each other and not with society.'Image: REUTERS/Brian Snyder
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Estimado lector: quisiera dejarle un único mensaje de la Reunión Anual del Foro Económico Mundial celebrada este año en Davos: para las grandes empresas, cumplir la ley ya no es suficiente.

En un mundo cada vez más fragmentado y en el que los ciudadanos desconfían de casi todos los agentes sociales, las expectativas de la sociedad respecto de las empresas van mucho más allá del cumplimiento de los requisitos legales mínimos.

Dos de los principales temas de debate en la reunión de Davos de este año fueron el cambio climático y la desigualdad social. Estos problemas requieren la atención urgente de todos. Será un fracaso colectivo si dentro de una década siguen considerándose entre los principales riesgos para la economía mundial, como señala el Informe de Riesgos Globales del Foro.

En un mundo globalizado, con un modelo económico que propicia una consolidación cada vez mayor en las industrias más diversas y una mayor capacidad de influencia por parte de las grandes empresas, la responsabilidad de los líderes empresariales en la construcción de una sociedad sostenible e inclusiva es ineludible. Ya no es aceptable la actitud de «no importa cómo obtengamos beneficios, siempre que sea dentro de la ley; lo que importa es cómo invertimos esos beneficios, y para eso tenemos el departamento de responsabilidad social corporativa y las actividades filantrópicas». Hoy a la sociedad le importa cómo llevan a cabo sus actividades las empresas y cuál es su impacto en el mundo.

Los preceptos liberales que Milton Friedman estableció en la década de 1970 sentaron las bases de un sistema de creación de valor que, junto con otros importantes avances humanistas y la estructura de gobernanza mundial establecida en la segunda mitad del siglo XX, condujo a la humanidad a una etapa de rápidos avances sociales y económicos. Sin embargo, estos preceptos ya no bastan para afrontar los desafíos de la sociedad actual.

Larry Fink, director ejecutivo de BlackRock, la mayor gestora de activos del mundo, escribió en una carta abierta a los directores ejecutivos que las empresas necesitan un marco estratégico para alcanzar sus objetivos de rentabilidad a largo plazo y gestionar su impacto en la sociedad. Estos dos pilares son fundamentales para garantizar el éxito a largo plazo en la era de la cuarta revolución industrial, con sus transformaciones cada vez más aceleradas e impredecibles.

El sector privado no puede resolver todos los problemas de la sociedad, pero muchos de ellos no pueden resolverse sin él. La complejidad del mundo actual exige una colaboración eficaz entre los sectores público y privado, que no sustituye la obligación de los gobiernos de cumplir su parte y formular políticas públicas responsables, éticas, innovadoras, solidarias, transparentes e inclusivas. Los líderes empresariales deben asumir que su responsabilidad en la sociedad va más allá de crear puestos de trabajo, pagar impuestos y ofrecer productos y servicios. Su posición privilegiada en la gestión de recursos financieros y humanos, su acceso a numerosas fuentes de conocimiento y su capacidad de ejecución e innovación les permiten ser una fuerza sin igual para construir un mundo mejor.Las empresas deben competir entre sí, no con la sociedad.

En este proceso, el papel de los inversores y de los consejos de administración es crucial. En Davos, dos directores ejecutivos de alcance mundial describieron situaciones muy distintas: el primero, director ejecutivo de una empresa metalúrgica alemana, no se siente respaldado por su consejo en su empeño por crear valor para un grupo diverso de partes interesadas; en cambio, el consejo de una empresa de transporte escandinava presiona a su director ejecutivo para que mejore cuanto antes el desempeño ambiental y social. Las empresas visionarias y comprometidas pueden dar pasos de gigante en este camino cuando cuentan con el apoyo de sus inversores, que integran cada vez más indicadores de desempeño ambiental, social y de gobernanza en sus decisiones de inversión.

Ya es hora de acabar con la falacia de la supuesta incompatibilidad entre sostenibilidad y creación de valor para los accionistas. Hay innumerables ejemplos de iniciativas de empresas líderes mundiales perfectamente compatibles con la maximización del valor para los accionistas a largo plazo. Al integrar la creación de valor para distintas partes interesadas en el modelo de negocio de la empresa, los beneficios se vuelven estructurales: se reducen los riesgos, mejora la capacidad de innovación, se desarrollan nuevos mercados, se atrae talento y se fortalece la gobernanza corporativa. Las empresas más admiradas aspiran a resolver los mayores desafíos de la humanidad de forma responsable, sostenible, ágil, innovadora y eficiente.

Afortunadamente, muchos líderes empresariales demuestran un firme compromiso social al movilizar a sus respectivas industrias para que alcancen altos estándares de desempeño sostenible. Este compromiso no debe limitarse a la alta dirección. Cada uno de nosotros es responsable de varias decisiones cotidianas que pueden contribuir a impulsar esta agenda. Todos conocemos ejemplos de iniciativas que pueden replicarse en otras organizaciones y comunidades en un ámbito precompetitivo. Esto exige una amplia conciencia de nuestra responsabilidad como ciudadanos en una sociedad cada vez más desigual, interdependiente y en constante cambio.

Este es un momento único en el que los líderes empresariales tienen la oportunidad y la obligación de poner su capacidad creativa y de ejecución al servicio de un proyecto de sociedad apasionante.

En Davos se pusieron en marcha importantes iniciativas de colaboración público-privada para construir una sociedad más sostenible y justa. Tras los debates de nuestra reunión anual, el Foro Económico Mundial comienza un nuevo año con un mandato renovado de sus integrantes para seguir trabajando con los gobiernos y las principales empresas mundiales a fin de cumplir su misión de mejorar el estado del mundo.

Una versión de este artículo en portugués fue publicada originalmente por Valor Econômico.

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