¿Cómo podemos regular la revolución digital?

3D printed objects are displayed as an artificial hand is being printed during a 3D printing show in Brussels, Belgium, October 18, 2015.
Image: REUTERS/Eric Vidal
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Autos sin conductor. Órganos impresos en 3D. Computadoras que aprenden por sí solas. Parece una novela de ciencia ficción, pero esa es la realidad y la emoción de la Cuarta Revolución Industrial. Sin embargo, a medida que avanza esta revolución, hay una dimensión que debe abordarse y que resulta mucho menos atractiva: la regulación.

La tensión entre el uso de tecnologías innovadoras y la regulación no es nada nuevo. En el pasado hay ejemplos de manual de cómo las nuevas tecnologías se combinaron con modelos de negocio innovadores y terminaron adelantándose a la regulación. Pensemos en Napster, una empresa de intercambio de música. Cuando la tecnología digital hizo posible descargar música, la industria musical cuestionó la capacidad singular de Napster para compartir archivos. Aunque Napster en sí no infringía ninguna ley de derechos de autor, los tribunales consideraron que el funcionamiento de su plataforma digital tenía como único propósito facilitar la infracción de los derechos de autor. Napster perdió frente a la industria musical (y todos sabemos qué pasó con Napster).

Este caso, en particular, señala un dilema fundamental sobre el momento en que se regula y se lanzan nuevos modelos de negocio. Hoy, al igual que ocurrió con Napster, las tecnologías digitales están haciendo posibles nuevas plataformas y modelos de negocio que quizá superen lo que los reguladores han encontrado hasta ahora. Además, como estas plataformas aprovechan las tecnologías exponenciales de rápida evolución de la revolución digital, aumenta el riesgo de que la regulación no esté a la altura.

Los drones pueden ser un ejemplo. La tecnología digital y móvil avanzada ha creado las condiciones para que los drones se conviertan potencialmente en uno de los próximos grandes modelos de reparto. En lugares donde las carreteras y otras infraestructuras de transporte prácticamente no existen o son intransitables —como en ciertas zonas de África—, los drones pueden transportar suministros médicos y otros artículos de primera necesidad. Cuando el transporte terrestre resulta prohibitivo en cuanto a costos, plazos y logística, se proponen los drones como una nueva alternativa para la entrega de paquetes.

Está claro que un espacio aéreo atestado de drones puede plantear peligros reales y requiere algún tipo de supervisión. Sin embargo, es posible que la regulación de los drones no siga el ritmo de los modelos de negocio innovadores que la industria quiere explorar. En Estados Unidos, cuando se aprobaron las regulaciones sobre drones el año pasado, la industria experimentó un crecimiento espectacular porque las normas se diseñaron específicamente para los drones, en vez de ser una mera extensión de las regulaciones aeronáuticas, como ocurría antes. Una vez aclarados los parámetros regulatorios, los operadores de drones vieron que podían avanzar con mayor certidumbre. Pero las regulaciones siguen siendo poco flexibles; por ejemplo, los drones deben permanecer a la vista del operador, lo que impide desarrollar nuevos modelos de negocio para la entrega de paquetes que podrían ser mejores, más rápidos y más baratos que los medios de transporte tradicionales.

Los drones Phantom 3 de DJI se exhiben en su primera tienda insignia en Shenzhen, provincia de Guangdong, China, el 20 de diciembre de 2015. Image: REUTERS/Tyrone Siu

Otra posible zona gris es determinar quién es responsable de los daños causados por las plataformas digitales que permiten utilizar estas nuevas tecnologías, como la inteligencia artificial y la impresión 3D. Con la llegada del «aprendizaje automático» (la capacidad de las computadoras para aprender y adaptarse según interacciones anteriores), se entiende por qué la cuestión de la responsabilidad puede ser problemática. Si una computadora aprende de sus interacciones, ¿cómo puede saber el fabricante qué hará más adelante? Y ¿es responsable una empresa si una computadora que fabricó «aprende» una acción que causa daños? Del mismo modo, en la impresión 3D, ¿cómo se aplican las leyes sobre responsabilidad por productos? ¿A quién puede reclamar una indemnización el consumidor si falla una pieza de fontanería impresa en 3D? ¿A la tienda que imprimió la pieza? ¿A la empresa que proporcionó el diseño? ¿O al fabricante de la impresora 3D?

Ante tantas cuestiones regulatorias que surgen cuando se lanzan nuevos modelos de negocio basados en tecnologías exponenciales, algunos empresarios están adoptando un papel proactivo. Por ejemplo, las empresas tecnológicas están trabajando con la UE para reformar las normas de privacidad que afectan a sus modelos de negocio de minería de datos. La industria de los drones ha logrado que las normas de la UE pasen a basarse en el riesgo; es decir, que se permitan exenciones caso por caso, en vez de esperar a que se redacte un nuevo conjunto de regulaciones para cada situación.

Las empresas que quieran utilizar tecnologías exponenciales para crear modelos de negocio innovadores deberían considerar seguir este ejemplo. Deben trabajar con los gobiernos y las partes interesadas para desarrollar regulaciones flexibles, transparentes y participativas, basadas en nuevos modelos de colaboración entre los sectores público y privado. Como señala el Foro Económico Mundial, las alianzas innovadoras entre los sectores público y privado son aquellas en las que el Estado trabaja conjuntamente con el sector privado «con el objetivo de optimizar los resultados, el impacto y la sostenibilidad». Si esto también puede aplicarse al ámbito regulatorio, los innovadores tendrán libertad para aplicar las tecnologías del mañana sin que las regulaciones de ayer les frenen.

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