La conversación global en torno al capitalismo ha cambiado.
El camino de las empresas hacia el equilibrio entre beneficio y propósito se está acelerando.
La mejor forma de generar valor para las partes interesadas es escuchar a nuestra gente.
Hace más de tres décadas, cuando dejé mi hogar en la India para estudiar en una universidad de los Estados Unidos, la sabiduría predominante sobre el capitalismo procedía del economista Milton Friedman, quien dijo con gran notoriedad: «El negocio de los negocios es el negocio». En otras palabras, las corporaciones deberían centrarse principalmente en el beneficio.
El enfoque de Friedman sobre el capitalismo ha tenido muchos beneficios y muchos beneficiarios. Ha sacado de la pobreza a millones de personas, brindando a muchos de nosotros oportunidades con las que solo podíamos soñar. Pero también ha tenido consecuencias inesperadas y no deseadas, entre las cuales destaca el calentamiento irreversible de nuestro planeta.
Y, quizá lo más importante, demasiadas personas aún carecen de acceso a la escalera de la movilidad social ascendente.
No es de extrañar, por tanto, que la conversación global en torno al capitalismo haya cambiado significativamente en los últimos años, a medida que nos acercamos a la Cuarta Revolución Industrial. Con razón, la gente se pregunta si podemos hacer que el sistema sea más justo y equitativo, y cómo lograrlo. Los líderes empresariales están reconsiderando el valor que sus organizaciones pueden aportar a una variedad más amplia de partes interesadas.
En la tercera encuesta anual de Deloitte sobre preparación para la 4IR, que examina la «preparación» empresarial en las dimensiones de impacto social, estrategia, talento/fuerza laboral y tecnología, analizamos la intersección entre preparación y responsabilidad para ver cómo los líderes están equilibrando esta transición hacia la Industria 4.0: aprovechar las tecnologías avanzadas para impulsar sus negocios, a la vez que actúan de forma más socialmente responsable, particularmente en el ámbito de la gestión ambiental.
Nuestra encuesta a más de 2.000 directivos de nivel C-suite en 19 países ofreció una visión de cómo se entrecruzan los objetivos empresariales tradicionales, las tecnologías transformadoras, las competencias en evolución y las crecientes obligaciones con el bien común.

Algunas respuestas indicaron avances, como las de los líderes que están impulsando el desarrollo de los empleados y la atención a las preocupaciones sociales. Otras, como la persistencia del cortoplacismo y la renuencia a adoptar plenamente las tecnologías de la Industria 4.0, parecen oportunidades perdidas. Sin embargo, en última instancia, la encuesta sugiere que el camino de las empresas hacia el equilibrio entre beneficio y propósito se está acelerando.
Esto quedó patente en agosto, cuando los casi 200 CEO de la Business Roundtable, con sede en Washington D. C., publicaron una nueva declaración sobre el propósito de las empresas; en esta, se hizo hincapié en crear valor para los clientes, las comunidades y el planeta, además de para los accionistas. Me enorgullece haber sido uno de los firmantes.
Como ha señalado Klaus Schwab, la declaración de la Roundtable nos acerca a su visión del «capitalismo de las partes interesadas», en la que las corporaciones actúan como fideicomisarias de la sociedad.
El Manifiesto de Davos 2020 explica cómo las empresas pueden involucrar a sus partes interesadas en la creación de valor compartido y sostenido. Además de las métricas financieras estándar, afirma que las organizaciones también deberían establecer y hacer seguimiento de sus avances en los objetivos ambientales, sociales y de gobernanza (ESG).

Deloitte está trabajando con el Consejo Empresarial Internacional del Foro Económico Mundial, y con nuestros colegas de las otras cuatro grandes firmas de servicios profesionales, para identificar divulgaciones universales en cuatro áreas: prosperidad, personas y planeta, y principios de gobernanza.
Con sinceridad, llevará tiempo cambiar nuestra definición de valor corporativo y desarrollar nuevos marcos para medir ese valor.
Pero no tenemos que esperar. Como líderes empresariales, podemos empezar a generar valor para nuestras partes interesadas ahora mismo.
Una de las mejores formas de hacerlo es escuchar a nuestra gente. Como CEO, dedico todo el tiempo posible a los profesionales de Deloitte de todo el mundo. En las reuniones de socios y en los foros abiertos, debatimos la estrategia empresarial, las prioridades y los planes de nuestra organización. Siempre me sorprende lo comprometidos que están con el propósito de Deloitte —generar un impacto que importe— y no solo para sus clientes, sino también para sus colegas y sus comunidades. Eso impulsa todo lo que hacen.
Saben que no podemos generar impacto por nuestra cuenta. Más bien, debemos trabajar con ONG, gobiernos y otras empresas para preparar a la sociedad para los cambios que se avecinan. Y debemos prestar especial atención a considerar el impacto ambiental y social de nuestro trabajo.
Por eso, en 2017, Deloitte lanzó WorldClass, una iniciativa para ofrecer oportunidades de desarrollo profesional a personas en riesgo en la Cuarta Revolución Industrial. Nuestro objetivo es impactar en 50 millones de futuros para 2030.
Diez millones de esos futuros pertenecen a mujeres y niñas de la India, mi país de origen. Solo el 26 % de las mujeres de la India tiene empleo. Y casi el 40 % de las niñas de entre 15 y 18 años abandonan la escuela.
Esas niñas merecen oportunidades como las que yo aproveché cuando obtuve una beca de la Fundación Rotary para estudiar en una universidad de Estados Unidos. Me enorgullecí de regresar a la India el pasado mes de febrero para anunciar el apoyo de Deloitte a Katha y Pratham, dos organizaciones que llevan materiales educativos y herramientas de formación docente a comunidades remotas.
Ya se trate de limpiar nuestros océanos o de invertir en educación rural, generar un impacto que importe es una inversión en nuestro futuro compartido. Pero no tiene que ocurrir en alguna fecha o momento futuro. Podemos marcar la diferencia aquí y ahora. Y debemos hacerlo. Porque nuestra responsabilidad ya no es crear valor solo para nuestros accionistas. Debemos aportar valor a todas nuestras partes interesadas. Hoy en día, el negocio de los negocios tiene que ser más grande que los negocios.


