Como científicos investigadores, leemos muchos artículos científicos.
Pero quizá te sorprenda saber que muchas veces nosotros —sí, los científicos— no entendemos lo que leemos o nos aburrimos tanto que no recordamos lo que acabamos de leer.
Los artículos revisados por pares son la moneda de cambio de la ciencia. Son la base sobre la que se registra e intercambia el conocimiento. Son nuestro sello de aprobación y nos permiten conservar el empleo. En resumen, los artículos de investigación son nuestro pan de cada día.
Pero nuestro pan con mantequilla puede ser difícil de digerir; por lo general, es voluminoso, denso y tan seco que masticarlo no basta para hacerlo apetecible.
Así que decidimos hacer algo al respecto. Escribimos un artículo sobre cómo escribir artículos, en el que explicamos por qué y cómo es importante que los científicos cambiemos nuestra manera de escribir.
Nuestro artículo gira en torno a un elemento clave: el ingrediente X.
El ingrediente X
El ingrediente X es esa sustancia de la que rara vez se habla o se enseña en la escritura científica, y con la que pocas veces nos encontramos. Pero cuando aparece, los conceptos complejos se asimilan con facilidad, las frases avanzan por la página con agilidad, los datos despiertan interés en lugar de desinterés y el mensaje científico se recuerda en vez de olvidarse.
El ingrediente X es creatividad y claridad; es el uso de la narrativa y de una prosa concreta. En el ingrediente X, la prioridad es el lector, no quien escribe.
Esto es lo que podemos hacer como científicos para lograr incorporar el ingrediente X:
1. Dejar de esconder la cabeza bajo el ala
Se forma a los científicos para que sean objetivos y se centren en su campo de investigación, pero no para que piensen en el lector que recibe su información al otro lado. Otras personas ya han reconocido este problema, y debemos abordarlo.
2. Romper el ciclo
Demos más valor a la escritura en la ciencia. Escribir no es solo un medio para describir hechos y cifras: es parte integral de la ciencia. La escritura debería ser un oficio que perfeccionamos, en vez de homogeneizar. Tenemos que romper el ciclo de la mala comunicación que da por sentado que todo el mundo quiere pan seco y correoso: en realidad, ¿a quién le gusta?
3. Recompensar la buena escritura
Si valoramos la buena escritura, la promoveremos y la recompensaremos. Esta tarea puede corresponder a todos, desde quienes están en primera línea (por ejemplo, supervisores, autores, revisores y editores de revistas) hasta quienes están algo más alejados (por ejemplo, universidades, organismos gubernamentales y sociedades científicas).
4. Dejar de enseñar el «estilo oficial»
Escribimos sobre ciencia con el «estilo oficial» (definido con elegancia en el clásico manual de estilo de Lanham) porque está arraigado en nosotros desde el principio. Revisemos cómo enseñamos a escribir sobre ciencia, prestando atención a la participación del lector y a la facilidad de lectura.
5. Leer y escribir más
Hay que animar a los científicos a leer y recopilar buenos textos, y aprender de ellos para empezar a descubrir qué hace que una escritura sea buena. También hay buenos manuales de estilo que pueden guiarnos (las referencias citadas en este artículo son un buen punto de partida). Los científicos escribimos mucho, pero necesitamos escribir de otra manera más a menudo y con una mentalidad abierta.
Ser concisos, originales e inspiradores
Pero seamos claros: no defendemos el sensacionalismo. Los científicos desconfían del sensacionalismo, y con razón. La ciencia trata de hechos y objetividad, no de exageraciones para vender una historia.
Sin embargo, sostenemos que la objetividad no está reñida con añadir un elemento creativo a lo que escribimos ni con hacerlo más claro, accesible e interesante de leer.
Inspirándonos en La liebre y la tortuga, de Esopo, consideremos el siguiente título hipotético de un artículo científico:
La distinta respuesta locomotora de los taxones de mamíferos (Lepus) y reptiles (Testudo) ante la competencia interespecífica
Este título cumple los criterios científicos de precisión y objetividad. Pero también es inexpresivo, formal, impersonal y está lleno de tecnicismos. ¿De verdad la competencia interespecífica despierta aquí tu interés?
Si reescribimos el título con un enfoque sensacionalista, podríamos acabar con algo así:
¡La nueva era de los dinosaurios! Los reptiles ganan la carrera
Aunque es conciso y entretenido, resulta sensacionalista, simplista y exagerado. La mayoría de los científicos consideraría que un título así no es profesionalmente adecuado.
El término medio es lo que llamamos la «cultura del futuro»: un título preciso, objetivo, conciso y claro, pero también inspirador, original y accesible:
La ventaja locomotora: cómo un paso lento y constante beneficia a las especies más inesperadas
Las tradiciones de la escritura científica
La escritura científica tradicional suele ser aburrida y difícil de leer. ¿Por qué? En realidad, no estamos seguros. Simplemente es así, siempre ha sido así y parece que va a peor.
La mayoría de las personas en el ámbito de la ciencia parece pensar que todos los demás quieren que escribamos como lo hacemos nosotros. Y, por nuestra experiencia, si intentamos escribir de otra manera, suelen tacharla de inapropiada.
Pero este es el verdadero problema: si a los científicos les cuesta leer artículos, a quienes no se dedican a la investigación y quieren leer sobre nuestra ciencia les resultará aún más difícil.
Los comunicadores científicos, periodistas, emprendedores, responsables de políticas y miembros del público general interesados quieren seguir las últimas investigaciones científicas. Y, sin embargo, aunque los artículos científicos son una herramienta de comunicación, no son muy eficaces para comunicar.
Estamos en la «era del conocimiento», en la que el conocimiento es más diverso y accesible que nunca, pero gran parte de él sigue recluido. Trabajamos en una profesión que promueve el cambio y la reevaluación, pero la escritura científica permanece estancada.
Esta es nuestra historia sobre la escritura, la ciencia y por qué deberíamos tomar el ingrediente X con ambas manos y probarlo.
Ahora hemos vuelto a nuestros escritorios y escribimos con energías renovadas: devoramos todo lo que podemos sobre escritura, enseñamos el ingrediente X a quienes tienen interés y, de hecho, disfrutamos de lo que escribimos.


