La guerra del planeta de los simios, la última película de la longeva saga El planeta de los simios ocupó el primer puesto de la taquilla en su fin de semana de estreno y es una de las películas más taquilleras del verano.
Como ocurre con todas las películas de la saga, que comenzó en 1968, la trama de la película de 2017 se basa en gran medida en la premisa de que los simios podrían hablar como los humanos si tuvieran un mayor desarrollo cerebral, algo que en la gran pantalla consiguen mediante una droga sintética.
Pero ¿de verdad podría bastar un fármaco para que los simios hablaran como las personas?
Es un debate persistente entre los científicos: si los primates no humanos podrían hablar con un poco más de capacidad cerebral o si carecen de la estructura anatómica adecuada en el tracto vocal para producir sonidos propios del lenguaje humano.
También es un tema de interés para los primatólogos Dieter y Netzin Steklis, que llevan décadas trabajando con simios y dirigen la escuela de campo de verano de estudios sobre primates de la Universidad de Arizona en Ruanda.
El debate más reciente sobre el tema que ha llamado la atención de los Steklis es el que mantienen Philip Lieberman, científico cognitivo de la Universidad Brown, y William Tecumseh Sherman Fitch III, biólogo evolutivo y científico cognitivo de la Universidad de Viena.
Según las investigaciones de Lieberman, que utilizan modelos de los tractos vocales de los primates, los monos y los simios no pueden producir la variedad y la secuencia de sonidos vocálicos necesarias para el habla humana debido a las diferencias entre sus tractos vocales y los de los humanos. Los humanos tienen un tracto más largo y en forma de L, que evolucionó junto con la marcha erguida.
Fitch y sus colegas, por su parte, sostienen que no es necesario tener un tracto vocal en forma de L para producir vocales. Admiten que los monos y los simios no cuentan con toda la variedad de sonidos vocálicos y que, si pudieran hablar, su habla sonaría muy distinta de la humana. Sin embargo, creen que aun así podría funcionar como un lenguaje con significado.
Dieter Steklis, profesor de la Facultad de Ciencias Biomédicas Comparadas y Animales de la universidad, y Netzin Steklis, profesora adjunta de la misma facultad y del departamento de estudios sobre la familia y desarrollo humano, han investigado por su cuenta el lenguaje y las vocalizaciones de los simios.
Aquí ofrecen sus perspectivas sobre el debate, así como sus reflexiones sobre por qué las películas de El planeta de los simios siguen teniendo tanta popularidad.
P: ¿Qué postura adoptan en este debate?
R
Dieter: En cuanto a las limitaciones del tracto vocal, adopto una postura intermedia: los monos y los simios pueden producir más sonidos vocálicos de los que sostiene Lieberman, pero no los suficientes para que su habla se reconozca como humana.
En la nueva entrega de El planeta de los simios habla César, el chimpancé, al igual que algunos de los otros simios. El único indicio de que su capacidad de hablar es limitada es que su habla resulta algo entrecortada y con mucho aire, pero por lo demás es perfectamente inteligible como habla humana. En la película, no se considera que otras especializaciones del cerebro o del tracto vocal sean relevantes para la capacidad de los simios de hablar. La idea de que basta con hacer más inteligente al simio para que hable no es un escenario verosímil, diría yo.
P: ¿Qué han demostrado sus investigaciones en este campo?
R
Dieter: Mi investigación abordó las especializaciones cerebrales que intervienen en la producción vocal en los humanos y otros primates. A partir de esta información, propuse una explicación de cómo evolucionaron el lenguaje y el habla humanos. Concluí que, en contra de muchas ideas anteriores, los monos y los simios sí tienen la capacidad neurológica de producir vocalizaciones voluntariamente, pero aún carecen de ciertas especializaciones neurológicas que los humanos poseen para producir lenguaje y habla. Por eso algunas personas, yo incluido, hemos sugerido que el lenguaje se expresó primero mediante gestos manuales y, más tarde, mediante el habla.
Netzin: He pasado mucho tiempo en el campo, en Centroamérica y África, grabando y analizando las vocalizaciones de monos y simios. Como parte de este interés, también he revisado con detenimiento los distintos experimentos que se han llevado a cabo en las últimas décadas para intentar enseñar lenguaje a los grandes simios. He llegado a la conclusión de que su capacidad para vocalizar y transmitir significado es más compleja de lo que se pensaba, y que todavía nos queda mucho por aprender.
Por ejemplo, al estudiar las vocalizaciones de los gorilas de montaña, Dieter y yo descubrimos que pueden emitir vocalizaciones infrasónicas, llamadas muy profundas que quedan fuera del rango de audición humana. Ningún otro primate produce vocalizaciones infrasónicas con significado, así que estamos explorando para qué les sirven a los gorilas. Me parece que estas vocalizaciones tan profundas tienen un efecto «Barry White» en las hembras cercanas. Aun así, también creo que la capacidad de otros primates para producir sonidos del habla es muy limitada. Por eso fracasaron los primeros intentos de enseñar a hablar a los chimpancés, mientras que los estudios posteriores que emplearon un lenguaje gestual —una forma de lengua de señas estadounidense— tuvieron mucho más éxito.
Uno de los simios que más éxito ha tenido aprendiendo a usar símbolos en un teclado para comunicarse con los humanos es Kanzi, un bonobo y uno de los simios más aculturados del planeta. Sin embargo, Kanzi, que se ha esforzado al máximo por imitar los sonidos del habla humana, a mi oído no da la talla.
P: ¿Por qué creen que las películas de El planeta de los simios siguen teniendo tanta popularidad?
R
Dieter: Exploran la división entre humanos y animales. Desde hace mucho sabemos lo estrechamente emparentados que estamos con los simios, pero los vemos como animales y nos consideramos humanos. Estas películas humanizan al simio y difuminan la frontera. Los simios, sobre todo César, son en parte humanos y en parte animales. Por ejemplo, César no controla bien sus emociones: el animal que lleva dentro aflora con facilidad, algo que los productores de la película hicieron deliberadamente.
Por la misma razón nos fascina desde siempre la historia de Jekyll y Hyde. Jekyll y Hyde son una quimera en una sola persona: mitad animal, en el aspecto emocional, y mitad humano, en el racional. También nos fascina King Kong. Él también es, en cierto modo, una quimera: siente ternura por una mujer humana y, sin embargo, puede convertirse en un monstruo aterrador.
Netzin: Como estudio cómo distintas personas ven a los animales y la naturaleza, creo que las películas de El planeta de los simios atraen a quienes sienten una gran empatía emocional por los animales y aman la naturaleza «virgen».
Las películas presentan una visión apocalíptica del futuro de la humanidad. El apocalipsis llega de la mano de la tecnología humana y de la búsqueda de poder y control sobre la naturaleza, lo que nos lleva a la destrucción. Esta visión distópica también es un tema recurrente en otras películas y obras literarias: nuestra separación de la naturaleza y el intento de controlarla conducen a nuestra destrucción como especie.
El planeta de los simios comienza con el uso de animales —simios— para investigar en beneficio de los humanos. Es una declaración de nuestro dominio sobre la naturaleza y sobre todos los demás seres vivos. Por supuesto, la ética del uso de animales en la investigación es un tema muy debatido; basta recordar la prohibición de 2015 de usar chimpancés para la investigación en Estados Unidos.
Creo que muchos espectadores ven a los simios del laboratorio como los desvalidos y los apoyan. Su rebelión es la proverbial venganza de los oprimidos, la venganza de la naturaleza. Mientras tanto, a otros no les molesta en absoluto una visión más instrumental de los animales y simplemente disfrutan de las escenas de lucha llenas de acción.
P: ¿Cuánta ciencia real vemos en estas películas?
R
Dieter: Estas últimas entregas incorporan bastante ciencia, sobre todo en comparación con las primeras películas de El planeta de los simios. Andy Serkis, que interpreta a César en la nueva película, dedicó mucho tiempo a estudiar el comportamiento y las vocalizaciones de chimpancés y gorilas, por lo que los movimientos e incluso las expresiones faciales son muy realistas. Su interpretación de ese habla entrecortada y con mucho aire también introduce la idea de que el control de la respiración es importante.
También es interesante que los simios, en especial César, se vuelvan cada vez más plenamente bípedos a pesar de su anatomía simiesca, con unas extremidades superiores muy largas en comparación con las de los humanos. Quizá esto sugiera el curso de la evolución humana en avance rápido. César recibe un impulso farmacológico de inteligencia, camina erguido, habla e incluso muestra pensamiento reflexivo, algo que los simios vivos solo hacen de forma rudimentaria porque carecen de las especializaciones necesarias en los lóbulos frontales del cerebro.
Netzin: Las últimas películas de El planeta de los simios reflejan con acierto y precisión diferencias de personalidad entre simios que la ciencia ha establecido. El estudio de la personalidad animal es un campo relativamente reciente, pero ahora sabemos mucho sobre las diferencias de personalidad entre las especies de grandes simios y sobre cómo estas se relacionan con sus sistemas sociales y su ecología, que son muy distintos.
En comparación con los gorilas, por ejemplo, los chimpancés son más maquiavélicos: más calculadores, dominantes y orientados al poder y al autoritarismo. Dieter y yo impulsamos y participamos en el primer estudio sobre la personalidad de gorilas de montaña salvajes hace unos años, y la película representa bien la personalidad de gorilas y chimpancés.
¿Y qué hay de las habilidades ecuestres de los simios? En este caso, de verdad tengo que hacer un esfuerzo para suspender mi incredulidad. Como propietaria y amazona, sé cuánta capacidad cognitiva y regulación emocional se requieren. Aunque puedo imaginar un planeta de los simios, no estoy segura de poder imaginar un planeta de simios que susurran a los caballos.


