En un mundo acelerado, puede ser difícil ver los grandes cambios incluso mientras se desarrollan ante nuestros ojos. Al mirar atrás hacia 2017, ¿de qué maneras tuvieron las tecnologías emergentes un impacto significativo en el mundo durante los últimos 12 meses? Identificamos cinco señales que indican que la Cuarta Revolución Industrial transformó efectivamente nuestras vidas y sociedades en 2017, y cinco ámbitos en los que las transformaciones aún están por llegar.
1. Ética: abordar los sesgos y las premisas de las tecnologías
Una de las características distintivas de 2017 fue que las empresas tecnológicas empezaron a admitir el gran impacto que tenían en la sociedad y las personas, y a reconocer la importancia de abordar las implicaciones éticas de las tecnologías. Hasta entonces, el debate solía ser una pugna entre quienes se inclinaban por el entusiasmo exagerado ante la tecnología y quienes expresaban un profundo temor a un futuro distópico cercano. Pero en 2017, DeepMind de Google creó su Unidad de Ética y Sociedad para examinar minuciosamente el impacto social de sus tecnologías, y la Universidad de Nueva York puso en marcha el AI Now Institute al reconocer que las tecnologías tienen sesgos inherentes. Y en marzo de 2017, el Foro Económico Mundial puso en marcha su Centro para la Cuarta Revolución Industrial en San Francisco, para abordar los efectos sociales de las tecnologías emergentes y los avances científicos.
2. Fiebre cripto: el bitcoin se generalizó y la cadena de bloques se disparó
El bitcoin surgió alrededor de 2009 como un interés de nicho entre los entusiastas de las criptomonedas. En 2017 pasó a ser un tema generalizado, y hasta las abuelas invirtieron en la ya famosa moneda. A lo largo de 2017, el valor del bitcoin aumentó la asombrosa cifra del 2000 %, lo que llevó a muchos a advertir sobre una burbuja. Ya sea que el interés popular por las criptomonedas y otros usos de la cadena de bloques exprese una pérdida de confianza social en las instituciones tradicionales, una fiebre tecnológica poco informada o el reconocimiento de una tecnología con un potencial increíble, logró ampliar el debate sobre el valor distribuido y despertó un interés popular sin precedentes por una de las tecnologías más interesantes de la Cuarta Revolución Industrial.
3. La nueva geografía de la innovación: el poder se desplaza de Occidente a Oriente, un algoritmo a la vez
El centro de gravedad del desarrollo de la inteligencia artificial pudo haber estado en Occidente desde finales de la década de 1950, pero 2017 fue el año en que quedó claro que el futuro de la IA se decidirá en gran medida en Oriente. China se consolidó como líder mundial en IA. La amplia visión de la IA del país aspira a superar al resto del mundo en los próximos años y confirmó que en China la IA se considera un motor esencial de la transformación industrial. Mientras China invertía fuertemente en investigación sobre IA, el Gobierno de EE. UU. redujo la financiación para la IA y endureció las normas de inmigración para investigadores internacionales. Pero China no está tomando la delantera únicamente en las tecnologías de IA. Un nuevo plan de investigación en medicina de precisión permitirá a China superar al espacio farmacéutico hasta ahora dominado por Occidente, pues por cada 1 $ gastado en investigación sobre medicina de precisión en EE. UU., China gastará 43 $.
4. Economías de plataformas: de la euforia a la reacción adversa
Muchos se han acostumbrado a la idea de que los modelos de negocio basados en plataformas alteren las industrias tradicionales —una idea que cuenta con considerable apoyo público—, pero en 2017 muchas plataformas se encontraron ante una reacción popular adversa. La oposición popular, motivada por preocupaciones sobre los salarios, los impuestos y la vivienda, dio lugar a impugnaciones contra Uber en países como Bulgaria, Dinamarca, el Reino Unido, Italia, Hungría, Finlandia, España y los Países Bajos mientras que AirBnb se enfrentó a prohibiciones y restricciones a sus operaciones comerciales en Berlín, Reikiavik, Nueva Orleans y Nueva York.
5. Ciberseguridad: guerra en un mundo de ceros y unos
2017 también resultó ser un año histórico para la ciberseguridad. Dos ataques de magnitud sin precedentes —WannaCry, lanzado desde Corea del Norte en mayo, y NotPetya en junio— demostraron que, en la Cuarta Revolución Industrial, el resultado de los conflictos geopolíticos dependerá tanto del código digital como de la superioridad militar y el PIB. También demostraron que los riesgos cibernéticos van mucho más allá de las filtraciones de datos personales: afectan a los sistemas de salud y energía, con repercusiones muy directas en las personas. Y en 2017 ni siquiera los gobiernos democráticos pudieron proteger los procesos electorales frente a la ciberdelincuencia. Las audiencias del Congreso de EE. UU. sobre la publicidad patrocinada por Rusia en las elecciones de 2016 y las preguntas sobre la injerencia electoral de Rusia en las elecciones presidenciales francesas apuntaron a que, al entrar en 2018, la integridad y la confianza en los sistemas políticos se encuentran gravemente amenazadas y carecen de soluciones contundentes inmediatas.
Cinco cosas que no ocurrieron (todavía)
Quizá sea aún más interesante lo que todavía no ha ocurrido que lo que sí ocurrió, y lo que deberíamos procurar lograr o evitar en 2018.
1. Reducción de la brecha salarial de género
Con mujeres protestando en más de 20 países y la histórica campaña #metoo, al mirar atrás hacia 2017 cabría esperar que la Cuarta Revolución Industrial tuviera rostro femenino. Sin embargo, según un informe del Foro la realidad es muy distinta. La brecha de género se amplió en 2017 y se necesitarán nada menos que 217 años para cerrar la brecha en remuneración y oportunidades laborales, un problema que afecta especialmente al sector tecnológico.
2. Un impulso concertado a la tecnología para el desarrollo
La muerte en diciembre de 2017 de uno de los principales académicos africanos sobre innovación, el profesor de la Escuela Kennedy de Harvard Calestous Juma, sirvió para destacar la urgente necesidad de que los países menos desarrollados se beneficien más de las nuevas tecnologías. Aunque muchas personas hablan de las perspectivas de «salto tecnológico», el desarrollo económico sostenible requiere inversiones importantes en infraestructura, competencias y ecosistemas locales de innovación. 2017 terminó sin acuerdos sustanciales en la reunión de la Organización Mundial del Comercio en Argentina, lo que sugiere que las esperanzas depositadas en el potencial de la tecnología podrían estar eclipsando la realidad de las inversiones tan necesarias.
3. Gobiernos más ágiles
En 2017, los gobiernos prestaron más atención a la cuestión de la Cuarta Revolución Industrial: los Emiratos Árabes Unidos nombraron a un ministro de IA, el Reino Unido y Corea del Sur crearon organismos gubernamentales para la Cuarta Revolución Industrial y Dinamarca nombró al primer embajador tecnológico del mundo, pero el cambio estructural significativo aún está lejos. En su último libro, Shaping the Fourth Industrial Revolution, Klaus Schwab, fundador y presidente ejecutivo del Foro Económico Mundial, reclama reformas audaces de nuestros modelos de gobernanza que promuevan procesos de gobernanza más ágiles, inclusivos y centrados en las personas. Los gobiernos que lean esto y deseen responder a este llamamiento a la acción en 2018 encontrarán más información sobre cómo dominar la gobernanza ágil aquí.
4. Adopción de políticas de renta básica universal
Aunque en 2017 la opinión sobre la renta básica universal se volvió más favorable, tras el anuncio de experimentos en Hawái, Finlandia, Kenia, Ontario y Escocia, aún no hemos visto los resultados de experimentos a gran escala que permitan determinar si esta puede ser una fuente de transformación sistémica positiva y radical.
5. Desempleo tecnológico generalizado
Por otro lado, en 2017 la pérdida de empleos relacionada con la tecnología disminuyó, contra lo esperado. De hecho, los mercados laborales tanto de EE. UU. como de Europa se fortalecieron. Sin embargo, al entrar en 2018, señales preocupantes indican que el impacto de la automatización está a la vuelta de la esquina. En octubre de 2017, el National Australian Bank anunció beneficios récord, pero también su decisión de recortar el 20 % de su plantilla durante los próximos 3 años debido al impacto previsto de la automatización futura. Además, investigadores del MIT concluyeron que, en un futuro próximo, la automatización afectará a las ciudades pequeñas en una escala mucho mayor que a las grandes.
Al mirar atrás y ver lo que ocurrió y lo que no ocurrió en 2017, una cosa queda clara: depende de todos y cada uno de nosotros cómo se desarrolle la Cuarta Revolución Industrial en 2018. Que contribuya a cerrar la brecha de género, empoderar a las personas de todo el mundo y promover enfoques audaces para gobernar todas estas apasionantes tecnologías emergentes en favor de un futuro más inclusivo y sostenible para la humanidad depende, en última instancia, de ti y de mí. ¡Así que pongámonos manos a la obra!
El nuevo libro de Klaus Schwab, Shaping the Fourth Industrial Revolution, se publicó el 18 de enero de 2018 y está disponible aquí: wef.ch/shaping4IR


