Vivimos en un contexto mundial cada vez más volátil, marcado, entre otras cosas, por guerras comerciales en varios frentes, incertidumbre política y crisis económicas. En periodos como estos, es lógico que las empresas adopten, por lo general, una postura más cautelosa y opten por esperar y ver cómo evolucionan las cosas antes de tomar decisiones empresariales.
Sin embargo, la inestabilidad puede ofrecer a las empresas oportunidades excepcionales para innovar y avanzar más rápido que sus competidores más cautelosos.
Uno de los problemas más graves, y a menudo ocultos, para la economía mundial es la enorme cantidad de trabajadores industriales que están cerca de la edad de jubilación o ya la han alcanzado. Solo en Estados Unidos, se calcula que 53 millones de personas de la generación del baby boom siguen trabajando; las de mayor edad tienen 73 años. Se avecina una pérdida masiva de conocimientos cuando estas personas abandonen el mercado laboral.
En la industria manufacturera, la Cuarta Revolución Industrial ya está plenamente en marcha. Sin embargo, según una encuesta del Manufacturing Institute y PwC, solo cerca de la mitad de las empresas manufactureras se encuentra en las primeras etapas de la transformación hacia fábricas inteligentes, y un 20 % «desea adoptar» tecnologías digitales, pero se enfrenta a obstáculos. Debe disminuir el número de empresas que se limitan a observar en vez de actuar, y las que ya están inmersas en la transformación digital deberían plantearse aprovechar este momento para acelerar su avance.
Estas son cinco razones por las que los líderes del sector manufacturero deben empezar a poner en práctica sus estrategias digitales ahora:
1. Las fábricas volverán a casa
Cuando las fábricas empezaron a trasladarse al extranjero desde países desarrollados, la idea era reducir el mayor coste de la fabricación de productos: la mano de obra. Pero esos ahorros se están reduciendo. Como sostienen Justin Rose y Martin Reeves, de Boston Consulting Group, en la Harvard Business Review: «En 2004, fabricar en la costa este de China costaba, en promedio, unos 15 puntos porcentuales menos que en Estados Unidos. En 2016, la diferencia se había reducido a cerca de 1 punto porcentual».
Otra razón por la que las fábricas han permanecido en el extranjero es que, a medida que los productos se volvían más complejos, se desarrollaban cadenas de suministro igualmente complejas en torno a ellas para hacer posible la fabricación de esos productos. Sin embargo, gracias a tecnologías como la impresión 3D, ya hay ejemplos documentados de reducciones de 20 veces en la cantidad de piezas de un producto determinado. Esto permite que las fábricas vuelvan a casa, pues ya no dependen de sus cadenas de suministro.
La consecuencia: Su empresa debería prepararse, tanto desde el punto de vista operativo como financiero, para ampliar sus operaciones en los mercados nacionales. Debe estudiar a fondo los procesos de fabricación de sus productos en las fábricas que tiene en el extranjero, y sus ingenieros industriales ya deberían estar pensando en cómo serán esos procesos en la fábrica del futuro, una vez repatriada. Igual de importante es que el regreso de las fábricas ofrece una gran oportunidad para replantearse la infraestructura tecnológica, incluidos los sistemas de TI y TO, e identificar nuevas eficiencias tanto en las oficinas centrales como en la primera línea de operaciones.
2. Las fábricas serán más pequeñas
A medida que los átomos se vuelven tan fáciles de manipular como los bytes y las cadenas de suministro se regionalizan y se reducen a una fracción de su tamaño actual, las fábricas más pequeñas —o las microfábricas locales— podrán fabricar más productos para satisfacer la demanda en una fracción del espacio. Esto significa que ahora las fábricas pueden estar cerca de los centros urbanos a los que abastecen, siguiendo la tendencia que Amazon ya ha marcado en el ámbito de la logística. Además, a medida que el comercio minorista desaparece de las calles principales y los centros comerciales, bajará el coste del suelo en el centro de las ciudades y en sus alrededores.
La consecuencia:Deberá plantearse cómo sería una fábrica pequeña para fabricar sus productos, qué tecnología utilizaría y cómo serían los puestos de trabajo necesarios para operarla. Para ello, se necesita una prueba o un prototipo que le permita definir cuidadosamente su enfoque antes de que la competencia siga sus pasos.
3. La proliferación de variantes de productos —la «explosión de SKU»— será la nueva norma
No sorprende que los consumidores pidan más opciones personalizadas; basta pensar en la tendencia a fabricar productos más pequeños o en porciones individuales dirigidos a hogares unipersonales. La proliferación de variantes de productos —conocida como explosión de SKU— no hará más que acelerarse, y tecnologías como la impresión 3D permitirán a los fabricantes satisfacer la demanda. Sin embargo, para controlar los costes operativos, las fábricas no solo tendrán que ser infinitamente flexibles, sino también muy eficientes. Por ejemplo, los cambios de producción pasarán de realizarse unas pocas veces al día a ser una tarea continua.
La consecuencia:En su fábrica prototipo, debería considerar a qué productos ofrecerá opciones de personalización o múltiples variantes. Esto implica investigar más a los clientes para comprender esas «micronecesidades», determinar qué capacidades de configuración necesitaría para atenderlas y qué tecnologías, máquinas y procedimientos hacen falta para que este nivel de personalización sea viable desde el punto de vista operativo.

4. La escasez de trabajadores con experiencia se agravará
Una fábrica más pequeña e infinitamente flexible estará mucho más automatizada y necesitará trabajadores con competencias muy distintas de las que requiere la mayoría de las fábricas actuales. Los puestos de trabajo en la fabricación avanzada exigen cada vez más conocimientos especializados y contribuyen a ampliar la brecha de competencias; en un estudio de 2018, Deloitte y el Manufacturing Institute calcularon que quedarían sin cubrir unos 2,4 millones de puestos entre 2018 y 2028, con un posible impacto económico de 2,5 billones de dólares.
La consecuencia:A medida que el personal de estas fábricas del futuro asuma funciones más estratégicas, podrá permitirse pagarle más. Así podrá atraer a trabajadores de otras profesiones, quizá especialistas en alta tecnología que prefieran realizar tareas más prácticas. También puede precisar qué significa tener un alto potencial en su empresa y preparar para estos nuevos puestos a los trabajadores con más conocimientos tecnológicos que ya forman parte de su plantilla.
5. Los trabajadores deberán estar más conectados
En la fábrica del futuro, cada trabajador estará al mando de un pequeño ejército de máquinas. Tendrá que comunicarse con ellas y con sus compañeros en tiempo real. Y, dado que hay equipos complejos y productos por valor de millones de dólares en juego, el trabajo deberá realizarse con una precisión quirúrgica aún mayor que nunca.
La consecuencia:Todos los trabajadores deben tener siempre a su disposición un plan operativo claro, instrucciones y un circuito de retroalimentación en tiempo real entre la planta de producción y sus responsables. Hoy, esto implica aprovechar tecnologías que permitan a los trabajadores acceder a la información, los conocimientos especializados y las perspectivas que necesitan para desempeñar sus tareas críticas de la manera más eficaz posible.
Como suele ocurrir en los grandes cambios, quienes se atreven a dar el primer paso suelen llevarse la mayor recompensa. Los fabricantes que aprovechen estas tendencias como catalizadores de sus iniciativas de innovación digital tomarán la delantera.


