Las soluciones de infraestructura pública digital (DPI, por sus siglas en inglés) pueden mejorar la vida de los ciudadanos de todo el mundo al facilitar la inclusión digital.
Los gobiernos que han tenido éxito han sabido aprovechar estas herramientas digitales para afrontar los urgentes desafíos a los que se enfrenta la sociedad.
Exponemos cuatro formas en las que la DPI puede convertirse en una fuerza global para el bien mediante una colaboración responsable entre el sector público y el privado.
La pandemia de COVID-19 puso de manifiesto que la infraestructura pública digital (DPI) es fundamental para el buen funcionamiento de las economías y el bienestar de los ciudadanos.
La DPI se refiere a las soluciones digitales que permiten funciones básicas esenciales para la prestación de servicios públicos y privados, es decir, la colaboración, el comercio y la gobernanza. Piense en la infraestructura pública compartida que ya existe, como las carreteras y la educación, pero en línea: eso es la DPI en pocas palabras.
Entre los ejemplos típicos se encuentran las plataformas de identificación digital, como Aadhaar en la India, los flujos de intercambio de datos, como X-road en Estonia, o los sistemas de pago digital, como como UPI en la India y Raast en Pakistán.
Estas son cuatro razones por las que debería preocuparse por la DPI.
1. La DPI demostró ser de un valor incalculable para los países en la lucha contra la COVID-19
Los países que ya contaban con una DPI integral antes de la pandemia pudieron articular una respuesta coherente, exhaustiva y rápida frente al virus.
Tomemos como ejemplo Togo. Este país de África Occidental utilizó pagos y datos digitales para dirigir las transferencias de efectivo de emergencia por la COVID-19 a los más vulnerables, y puso en marcha el programa en 10 días. El programa benefició a más mujeres que hombres y también prestó apoyo a los trabajadores informales.
En otro ejemplo, Sri Lanka desarrolló e implementó un sistema de cribado, rastreo de contactos y seguimiento de la COVID-19 en tiempo real sobre su plataforma sanitaria existente, y comenzó a desplegarlo en cuestión de días tras el registro del primer caso de COVID-19. El país también compartió las nuevas herramientas con otros países que utilizan la misma plataforma de software sanitario.
2. Los bienes públicos digitales están ayudando a que la DPI alcance una escala mundial
La virtud del software y los estándares es que cualquier persona, en cualquier lugar, puede contribuir a ellos y utilizarlos, y que solo adquieren valor a medida que se comparten y reutilizan. Los desarrolladores de software lo han entendido y han utilizado el código abierto como base de la colaboración durante años. Podemos hacer lo mismo al construir infraestructura pública digital para abordar los urgentes desafíos y necesidades de desarrollo a nivel mundial.
Los bienes públicos digitales (DPG) –software de código abierto, datos abiertos, modelos abiertos de IA, estándares abiertos y contenidos abiertos que cumplen con la privacidad y otras buenas prácticas aplicables– son una herramienta fundamental para construir infraestructura de forma que se superen algunas de las limitaciones de las soluciones que dependen de software propietario.
Un buen ejemplo es el District Health Information Software 2 (DHIS2), que se creó por primera vez en la Sudáfrica posterior al apartheid para subsanar las carencias en la recopilación, el acceso y el uso de datos sanitarios a nivel local. Hoy en día es la plataforma de sistema de información de gestión sanitaria más grande del mundo, gestionada por la Universidad de Oslo (Noruega), y la utilizan los ministerios de sanidad de 73 países de ingreso bajo y mediano, que representan el 30 % de la población mundial.
¿Qué está haciendo el Foro para cerrar la brecha digital?
Durante la pandemia, países como Sri Lanka desarrollaron nuevos módulos de DHIS2 para la vigilancia de enfermedades en tiempo real y para la planificación y el seguimiento del despliegue de vacunas. El equipo central de DHIS2 perfeccionó y compartió estos módulos con la comunidad en general, y actualmente están en funcionamiento en 41 países y en desarrollo en otros. El sistema ha acelerado el despliegue de vacunas en algunos de los países más vulnerables del mundo y ha agilizado los procesos de certificación de laboratorios clínicos y de viajes.
MOSIP, también un bien público digital, es un sistema fundamental de identificación digital disponible para todos los gobiernos para su implementación como parte de su DPI. Está diseñado para ser seguro, inclusivo y proteger la privacidad. Marruecos, Filipinas, Sri Lanka, Guinea, Etiopía y otros varios países están evaluando o implementando ya sus propios sistemas basados en MOSIP, adaptándolos a sus necesidades.
3. Si la DPI no es «buena», puede resultar muy perjudicial para todos
Informes procedentes de Afganistán indican que la población teme que las bases de datos en poder del gobierno derrocado puedan ser utilizadas en su contra por los talibanes. Nadie debería sentirse así, lo que pone de relieve por qué es crucial acertar desde el principio y prever cómo podrían salir mal las cosas. Una DPI deficiente puede tener consecuencias dramáticas, por lo que construir una DPI «buena» no debe ser una reflexión posterior al desarrollar dicha infraestructura.
Una infraestructura «buena» debe ser inclusiva, proteger la privacidad y la seguridad de los ciudadanos y estar regida por normativas que garanticen la rendición de cuentas y la transparencia en su aplicación. Debe concebirse para que los gobiernos puedan colaborar con el sector privado y para fomentar la diversidad de proveedores y la innovación sobre los sistemas fundamentales. Esto es esencial para garantizar que los usuarios accedan a una serie de servicios, como la atención sanitaria, los seguros y la financiación, y para que surjan ecosistemas locales prósperos que presten estos servicios. Además, deben existir alternativas y redundancias para asegurar que quienes no puedan o no quieran utilizarlos no queden excluidos.
Esto no es fácil de conseguir para ningún país, y las consecuencias de hacerlo mal pueden ser graves, no solo en términos de sobrecostes y retrasos, sino también de violaciones de los derechos humanos. Mientras los gobiernos de todo el mundo intentan responder a la pandemia, los países menos desarrollados, en particular, necesitan un apoyo urgente e integral para implementar una DPI buena y como protección frente a la implementación precipitada de una DPI mala DPI.
4. Es una oportunidad de negocio para todos
Establecer asociaciones público-privadas significativas será fundamental para desarrollar una DPI buena, y las empresas, grandes y pequeñas, también se beneficiarán de ello.
En la India, el ecosistema de pagos digitales creció después de que se pusieran en marcha Aadhaar y UPI, y atrajo a numerosas empresas nuevas, nacionales e internacionales, que pudieron desarrollar y prestar nuevos servicios y obtener cuotas de mercado considerables. Al incorporar a más de 330 millones de personas al sector financiero formal, la infraestructura digital de la India ha impulsado la innovación tanto en el sector público como en el privado, y ha sido impulsada por ella.
Además, ha permitido la competencia y la innovación, con PhonePe, PayTM, Google Pay, Amazon Pay y otros que compiten por ser la aplicación de pagos favorita de los consumidores. Pero no solo benefició a los grandes actores: durante la COVID-19, las transacciones digitales en todo el país han alcanzado un nuevo máximo, tanto en bancos grandes como pequeños. UPI también eliminó las barreras de entrada, democratizando la innovación para las empresas nuevas y las ya existentes por igual.
A medida que estos ecosistemas crezcan, el objetivo más importante debe ser garantizar que la DPI proporcione beneficios a las empresas más pequeñas y a la persona media, eliminando las barreras de distancia, coste, papeleo y burocracia que frenan su participación en la economía digital.
¿Qué viene después?
Formamos parte de una comunidad internacional de organizaciones en rápido crecimiento que trabaja para cambiar la manera en que se apoya a los países en sus procesos de transformación digital. No existen soluciones rápidas. Solo mediante una mejor coordinación, muchos más recursos y una visión clara de lo que es una «buena DPI» y de por qué importa podremos acelerar los despliegues, fortalecer la soberanía digital nacional y la creación de valor local.
También necesitamos cambiar nuestra forma de trabajar: los compartimentos estancos en el gobierno, las organizaciones internacionales y las empresas, así como los enfoques obsoletos de la tecnología pública, nos están frenando. Más adelante este año, líderes con ideas afines se reunirán para desarrollar conjuntamente nuevas formas de trabajo, poniendo en marcha un programa de acción dirigido por la Alianza de Bienes Públicos Digitales y otros.


