Desde el uso de drones para detectar violaciones de los derechos humanos hasta los datos de teléfonos móviles que orientan las respuestas humanitarias, las organizaciones de la sociedad civil han recurrido a tecnologías digitales y de la Cuarta Revolución Industrial. Su intención es beneficiar a la sociedad, incluidas a menudo las poblaciones más vulnerables.
Hoy en día hay multitud de proyectos e iniciativas que exploran el uso de tecnologías emergentes por parte de organizaciones humanitarias y de desarrollo, grupos de defensa de causas, sindicatos y otros actores. Las empresas tecnológicas, los donantes y otras partes interesadas suelen aplaudir y promover estos esfuerzos como pasos hacia una mayor eficiencia e impacto en el sector de la sociedad civil. Sus defensores incluso describen no utilizar datos para abordar problemas sociales como «el equivalente moral de quemar libros».
Sin embargo, no debe darse por sentado que una mayor innovación y un mayor uso de la tecnología —incluso con buenas intenciones y misiones centradas en la sociedad— tendrán automáticamente un impacto o contribuirán al bien común de todos. Los nuevos proyectos piloto e iniciativas propuestos forman parte de una historia más larga sobre cómo las organizaciones con un poder considerable utilizan nuevos recursos que rigen la vida de las poblaciones vulnerables.
Lo que está en juego es especialmente importante cuando la sociedad civil empieza a utilizar estas tecnologías, ya que la «delgada línea entre innovación, experimentación y explotación» puede ser difusa al poner en marcha proyectos en contextos con protecciones legales, consentimiento y rendición de cuentas organizativa limitados. Además, puede no estar claro hasta qué punto las nuevas inversiones en tecnología beneficiarán en última instancia a las poblaciones pobres y marginadas en cuyo nombre se llevan a cabo.

Al mismo tiempo, las organizaciones buscan mejorar drásticamente sus enfoques y operaciones para adaptarse y ser ágiles en la Cuarta Revolución Industrial, en un contexto de menos recursos, financiación y espacio para que la sociedad civil funcione. La exploración del uso de tecnologías digitales y emergentes con fines de la sociedad civil debería exigir al sector (y a otros en colaboración) que examine más a fondo sus valores, infraestructura digital y capacidades para participar «de forma segura, ética y eficaz».
Aunque el uso directo de estas tecnologías quizá no sea el enfoque adecuadopara varias organizaciones, los desafíos a la rendición de cuentas, la transparencia, la confianza y la equidad que posibilita la tecnología exigen que la sociedad civil los comprenda, se prepare y responda a ellos. A medida que cambia la relación entre las personas, las tecnologías y las nuevas plataformas, no es momento de que las organizaciones de la sociedad civil se retiren del entorno digital o se queden aún más rezagadas.
Cuatro preguntas de la sociedad civil sobre los datos y la tecnología al servicio del bien común
Las organizaciones de la sociedad civil no son las únicas partes interesadas que sopesan estas cuestiones sobre cómo utilizar la tecnología de forma responsable en su trabajo. En toda la sociedad civil hay múltiples debates fragmentados centrados en la intersección entre la tecnología y los desafíos sociales relacionados con la rendición de cuentas, la equidad, la confianza y la transparencia. El Foro Económico Mundial convocó un taller de múltiples partes interesadas en abril de 2018 para reunir a expertos y profesionales de estos debates globales e identificar las preguntas comunes que afrontan las organizaciones de la sociedad civil y de base al adoptar nuevas tecnologías.

De esos debates surgieron cuatro preguntas fundamentales que las organizaciones de la sociedad civil se plantean una y otra vez. Todas se relacionan con las tecnologías digitales y de la Cuarta Revolución Industrial, que requieren orientación sistemática dentro y fuera de la sociedad civil.
1. ¿Cómo podemos adoptar un enfoque que priorice los derechos en la transformación digital y el uso de la tecnología?
Las actividades de innovación de las organizaciones sin ánimo de lucro suelen centrarse en la aplicación y la escala de las tecnologías, por encima de los derechos de las personas a las que pretenden servir y las implicaciones para ellas. Como han expresado en sus trabajos Nathaniel Raymond y otros pensadores críticos, esta tendencia debería invertirse, especialmente porque han salido a la luz varios casosen los que organizaciones sin ánimo de lucro han sido cómplices de causar daños digitales y de nuevas categorías a las poblaciones vulnerables a las que sirven.
Esto, por supuesto, se inscribe en un contexto mucho más amplio de daños asociados a las plataformas de redes sociales y a los sistemas de toma de decisiones algorítmicas y su impacto en las poblaciones vulnerables y la democracia.
Definir enfoques que prioricen los derechos exigirá un conocimiento más profundo y vínculos intersectoriales más sólidos con el mundo académico, la industria y la filantropía, a fin de orientar e influir en las prácticas organizativas. La sociedad civil está en primera línea de la innovación responsable y, con inversiones fundamentales en su preparación, el sector tiene el potencial de abrir camino y dar ejemplo de cómo es un uso responsable y que prioriza los derechos de los datos y la tecnología en la práctica organizativa.
2. ¿Cómo definimos un proceso de transformación digital que tenga sentido para nosotros?
Las investigaciones de gobiernos, la industria y la sociedad civil destacan que la transformación digital puede aumentar la eficiencia, ampliar el alcance y generar nuevos conocimientos que permitan a las organizaciones lograr un mayor impacto. Sin embargo, la definición de procesos de transformación digital es radicalmente distinta en las organizaciones sin ánimo de lucro y de la sociedad civil que en los modelos y estudios de caso tradicionales de la industria.
Las organizaciones de la sociedad civil y otras que trabajan por el bien común necesitan estrategias y recursos que tengan en cuenta sus objetivos centrados en valores, sus recursos limitados y su compromiso con el uso responsable de los datos, especialmente en su trabajo con poblaciones vulnerables. Los grupos de defensa de causas y las organizaciones humanitarias, de desarrollo y otras entidades sin ánimo de lucro necesitan una plataforma más amplia para compartir conocimientos sobre cómo impulsar y desarrollar prácticas responsables en materia de datos.
3. ¿Cómo desarrollamos las capacidades organizativas para el cambio – nuestra gente, nuestros procesos de gestión y nuestra capacidad de previsión?
Para las organizaciones de la sociedad civil que responden a las tecnologías digitales y emergentes, el éxito de las iniciativas depende en gran medida de su capacidad para contratar talento de primer nivel, invertir en conocimientos tecnológicos dentro de la organización y fomentar una cultura sostenible de aprendizaje y gestión adaptativa. Aunque el 80% de los líderes de organizaciones sin ánimo de lucro quiere introducir procesos de innovación en sus organizaciones, solo el 40% cuenta con la capacidad necesaria para implementarlos de forma eficaz y sostenible.
Impulsar el cambio organizativo y los conocimientos tecnológicos requiere diseñar enfoques a largo plazo y realizar experimentos iterativos, en lugar de imponer herramientas técnicas sin más o caer en la ilusión de programas supuestamente «innovadores». La orientación compartida y los conocimientos prácticos en toda la sociedad civil, junto con inversiones fundamentales de la filantropía y los gobiernos, fortalecerían la capacidad del sector para cambiar.
4. ¿Qué papel desempeñamos en los debates más amplios sobre cómo la tecnología gobierna e influye en la sociedad?
La sociedad necesita que las organizaciones de la sociedad civil y de base sigan planteándose estas preguntas, tanto por sí mismas como en un sentido más amplio, para impulsar una Cuarta Revolución Industrial centrada en las personas. Estas organizaciones aportan conocimientos especializados de larga trayectoria, vínculos comunitarios y enfoques inclusivos, fundamentales para aplicar la tecnología al servicio de las personas, pues tienen en cuenta las experiencias relacionadas con la identidad, el poder y la opresión histórica que no suelen formar parte de los debates sobre gobernanza. Esto es especialmente esencial mientras las entidades públicas y comerciales exploran el uso de tecnologías emergentes en ámbitos como la justicia penal, la identidad digital, la inmigración y la respuesta humanitaria.
Abordar estas preguntas en conjunto
Invertir en la sociedad civil —en su preparación, infraestructura digital e inclusión en la gobernanza de las tecnologías emergentes— es fundamental para garantizar una Cuarta Revolución Industrial más justa y centrada en las personas. El intercambio de conocimientos entre disciplinas y el aprendizaje en todo el sector servirán para orientar e influir en un debate más amplio entre la industria, los gobiernos y el público sobre cómo la tecnología afecta a nuestro mundo.

El proyecto del Foro Económico Mundial sobre Preparar a la sociedad civil para la Cuarta Revolución Industrial ofrece una plataforma para acelerar el impacto, las prácticas y la responsabilidad de la sociedad civil y de las organizaciones con una misión que responden a las tecnologías digitales y emergentes. Funciona de cuatro maneras:
Como red: Apoya la tan necesaria traducción y el intercambio de conocimientos entre redes activas en la intersección de la sociedad civil, los derechos humanos y la tecnología, mediante el desarrollo de resultados concretos y grupos de trabajo globales, bajo el liderazgo del Foro Económico Mundial y su consejo asesor externo.
Como entidad movilizadora: Ofrece un espacio para coordinar políticas y prácticas regionales y globales relacionadas con la protección de las poblaciones vulnerables, incluidos niños, trabajadores, personas desplazadas y otros, frente a los daños relacionados con la Cuarta Revolución Industrial.
Como base de conocimientos: Crea recursos compartidos y nuevos conocimientos adaptados a la sociedad civil junto con organizaciones asociadas y expertos. Entre ellos habrá informes sobre temas como la transformación digital responsable, el diseño ético de proyectos tecnológicos al servicio del bien común y otros.
Como acelerador: Puede poner en marcha nuevas iniciativas para abordar carencias críticas y desafíos organizativos internos existentes, en colaboración con otras partes interesadas comprometidas con «poner a las personas y al planeta en primer lugar» en la Cuarta Revolución Industrial.


