3 conclusiones de Davos 2015

3 conclusiones de Davos 2015
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Cada año tengo la suerte de asistir al Foro Económico Mundial en Davos, Suiza. Es uno de los mejores lugares para obtener información de primera mano sobre los grandes asuntos que están dando forma al mundo.

Este año detecté tres grandes tendencias emergentes. Abarcan el sector tecnológico, la naturaleza cambiante de las amenazas al orden mundial y la desaparición generalizada de la confianza en las instituciones.

  1. La tecnología, a la defensiva

    Hubo un tiempo en que los directivos de las grandes empresas tecnológicas eran agasajados como héroes en Davos. Eso ha cambiado. Ya no se los ve como el rostro de un futuro benévolo. Este año, estrellas de Silicon Valley como Sheryl Sandberg, de Facebook; Marc Benioff, de Salesforce.com; Marissa Mayer, de Yahoo, y Satya Nadella, de Microsoft, se enfrentaron a preguntas difíciles y tuvieron que defenderse mientras empeoraba la opinión pública sobre el sector tecnológico.

    De repente, empresas que parecían incapaces de equivocarse parecen estar perdiendo el rumbo. Se está produciendo un importante cambio de poder. Las empresas tecnológicas se están convirtiendo en las grandes corporaciones omnipresentes que a todo el mundo le encanta odiar.

    ¿Qué ha causado este cambio abrupto de percepción?

    Creo que se debe a toda una serie de factores, algunos menores y otros importantes, como las agresivas prácticas de minimización de impuestos de las grandes empresas; los problemas de privacidad (recopilación y uso de datos, el derecho al olvido, etc.); y, por último, el uso de internet con fines nefastos, como el ciberataque contra Sony Pictures o la propaganda y el reclutamiento terroristas.

    En Davos, Fadi Chehadé, presidente y director ejecutivo de ICANN (Corporación de Internet para la Asignación de Nombres y Números), señaló que la relación entre internet y la sociedad se convertiría en un asunto importante en la Asamblea General de las Naciones Unidas a partir de septiembre de 2015. «Si la industria no da un paso al frente para establecer sus propias reglas», advirtió, «es probable que los gobiernos de todo el mundo empiecen a imponer regulaciones y restricciones».

    Las empresas tecnológicas están acumulando poder, con enormes beneficios, gran influencia política y dominio global de sus respectivos nichos. La adquisición personal de The Washington Post por parte de Jeff Bezos es un claro ejemplo de cómo los vastos recursos financieros de las empresas tecnológicas les permiten adentrarse en nuevos espacios públicos.

    La propia arrogancia de las empresas tecnológicas ha provocado un deseo generalizado de limitar su influencia. Sin embargo, la propia naturaleza de internet dificulta la regulación de estas empresas. Los servidores pueden trasladarse de una jurisdicción a otra y se pueden crear sociedades pantalla en lugares favorables, como Irlanda, para ayudar a reducir los impuestos. Los grupos de presión pueden controlar la agenda política. (Basta ver cómo Silicon Valley frustró los esfuerzos de Hollywood por aprobar leyes contra la piratería en línea).

    Nadie sabe cómo se desarrollarán estos asuntos, pero la primera lección de Davos fue que el período de luna de miel ha terminado definitivamente para las empresas tecnológicas «estrella». Se han convertido en el nuevo establishment y, en adelante, se esperará que se comporten «adecuadamente», atendiendo no solo a sus propios intereses, sino también a los de otras partes interesadas. Las empresas tecnológicas tendrán que equilibrar sus intereses con las necesidades y demandas de los gobiernos, los usuarios individuales y otras empresas, y no será fácil.

  2. Amenazas «monstruosas» sin forma definida

    Érase una vez, las amenazas al orden mundial provenían de entidades únicas y claramente definibles. Ahora, las mayores amenazas a las que nos enfrentamos provienen todas de actores no estatales, o «monstruos».

    Estas nuevas amenazas monstruosas son ambiguas y difíciles de definir. Evolucionan y cambian de forma continuamente; son difíciles de localizar o comprender, e indiferentes a las restricciones convencionales, como los valores morales o las fronteras nacionales.

    Los monstruos adoptan diversas formas: pueden ser grupos transnacionales improvisados, como el Estado Islámico (ISIL) en Oriente Medio o Boko Haram en África; una enfermedad como el virus del Ébola o un problema medioambiental como el cambio climático, que cruzan libremente las fronteras; o incluso una técnica sigilosa como el ciberterrorismo, capaz de causar enormes daños mientras oculta su punto de origen.

    La respuesta a estas complejas amenazas monstruosas será desagradable y caótica, pero no hacerles frente es más peligroso. En Davos asistí a una sesión sobre cómo combatir al Estado Islámico (ISIL), patrocinada por el Wilson Center. Surgió un consenso: la única manera de abordar la amenaza del ISIL es mediante la cooperación, con Estados Unidos al frente de una coalición de fuerzas europeas y árabes. Creo que un enfoque similar, flexible y basado en alianzas es el adecuado para abordar todas estas amenazas «monstruosas» modernas, sea cual sea su forma. Las amenazas complejas que cruzan fronteras exigen soluciones complejas que también las trasciendan.

  3. La confianza desaparece

La tercera tendencia que observé es más abstracta que las dos primeras, pero no menos grave: la confianza se ha evaporado en todos los sectores de la sociedad.

El gobierno ha perdido la confianza debido a su incapacidad para resolver problemas. El sector privado, especialmente la banca, la ha perdido a causa de los escándalos interminables. El mercado ha perdido la confianza porque lo único que ha hecho es aumentar la desigualdad. Los medios de comunicación han perdido la confianza porque ya no se considera que digan la verdad. El sector tecnológico también ha perdido la confianza, como se ha mencionado antes, por la evasión fiscal y los problemas de privacidad.

Entonces, ¿en quién podemos confiar ahora?

En una sesión de Davos coordinada por Edelman, la mayor empresa independiente de relaciones públicas del mundo, se propusieron varias alternativas. Las ONG fueron una opción, hasta que su capacidad y escalabilidad limitadas las descartaron. Kevin Rudd, ex primer ministro de Australia, estaba convencido de que el gobierno recuperaría la confianza y volvería a cobrar protagonismo, una opinión que pocos compartían.

El consenso final fue el siguiente: en un mundo complejo y «plano», con múltiples amenazas «monstruosas» a las que hacer frente, ninguna entidad puede resolver los problemas por sí sola, así que es perfectamente lógico que el público no confíe en ellas.

Ya hemos visto que, en el futuro, la mejor —y quizá la única— manera de abordar los problemas globales será mediante un enfoque de múltiples partes interesadas: reunir a todos para debatir los asuntos, idear soluciones y ponerlas en práctica conjuntamente.

Los líderes de los distintos grupos de partes interesadas, desde los gobiernos en adelante, se ganarán la confianza de sus públicos mediante una comunicación proactiva y sumamente transparente, explicando qué hacen y por qué, exactamente como se hace en el Foro Económico Mundial de Davos.

Quizá la forma más sencilla de resumir lo que me llevo de Davos 2015 sea con una analogía cinematográfica. En Hollywood, cuando el mundo se enfrenta a una amenaza existencial demasiado grande para que un solo superhéroe pueda afrontarla por su cuenta, varios superhéroes se unen para combatir como los Vengadores o la Liga de la Justicia.

Tenemos que hacer lo mismo. Para abordar nuestros problemas existenciales actuales —un sector tecnológico con demasiado poder, amenazas de seguridad transnacionales y amorfas, y el colapso general de la confianza—, todos los distintos «buenos» del mundo deben unirse para luchar por el mundo, y tenemos que apoyarlos.

Autor: Yoshito Hori, presidente y director ejecutivo de GLOBIS Corporation; presidente de GLOBIS University; socio director de GLOBIS Capital Partners, Japón

Imagen: Un participante fotografía el Foro Económico Mundial en la localidad alpina suiza de Davos el 23 de enero de 2015. REUTERS/Ruben Sprich

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