Podemos evitar que los niños caigan por las grietas de nuestro mundo fracturado

A kid touches a crack on a wall at his damaged home in the community of Oaxaca, on the outskirts of Mexicali April 7, 2010. Scared families south of the Mexico-California border readied to sleep outside for a second night on Monday after a big earthquake tore cracks in roads and houses and dozens of aftershocks rattled the area. REUTERS/Tomas Bravo (MEXICO - Tags: DISASTER) - GM1E6480BDO01
'New cooperative ventures can ensure children have some hope when things start to fall apart'Image: REUTERS/Tomas Bravo
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En un mundo fracturado, los niños suelen ser los primeros en caer por las grietas.

Una cuarta parte de los no combatientes muertos en el conflicto sirio el año pasado tenía menos de 18 años, según un estudio reciente publicado en Lancet Global Health. Millones más están lejos de sus hogares y ahora se están perdiendo su séptimo año de escolarización.

Proporción de las muertes violentas de civiles correspondientes a mujeres y niños durante los años 2011–16 del conflicto sirioImage: Debarati Guha-Sapir, Benjamin Schlüter, Jose Manuel Rodriguez-Llanes, Louis Lillywhite, Madelyn Hsiao-Rei Hicks

Cientos de niños agotados y desalentados cruzan a diario a pie la frontera desde Sudán del Sur hasta Uganda; muchos ya no tienen familiares adultos en sus vidas. Un enorme número de niños soporta penurias como parte de poblaciones civiles, ya sea al huir de Myanmar, ser bombardeados en Yemen o ser desplazados en la República Centroafricana.

Las sociedades desarraigadas, la pobreza sistémica, los gobernantes cleptocráticos y la gobernanza frágil contribuyen a este mundo devastado para los jóvenes. Alimentan el vil comercio de niños esclavizados. Quiebran las normas culturales y fragmentan la protección cívica, dejando a los miembros más vulnerables de la sociedad expuestos a la violencia y el abuso. Todo esto amenaza los avances que hemos logrado en las últimas dos décadas en salud, educación y protección infantil.

Como ejemplo de cómo puede ocurrir esto, hace unas semanas pasé un tiempo con una comunidad sumamente vulnerable en Nueva Delhi, India. Estas familias de Shadipur son inmigrantes de tercera generación en la ciudad y sobreviven buscando en las calles objetos que puedan vender y mendigando.

Los visité por primera vez en 2013 y entablé amistad con una adolescente llamada Sonam y su familia. Sin embargo, apenas unos días antes de que visitara a Sonam este año, toda su comunidad fue arrasada por bulldozers. Vivían en asentamientos informales —aunque llevaban más de 50 años en el mismo terreno— y las autoridades decidieron reubicarlos en una nueva zona para dar paso a nuevos desarrollos.

Ese es el problema de ser pobre y carecer de poder, de tener que seguir adelante en ese frágil margen entre apenas llegar a fin de mes y el desastre. Una comunidad que se ha beneficiado de inversiones en salud y protección, educación y autoestima puede quedar en riesgo casi de un instante a otro. He oído esta historia muchas veces, por lo general entre lágrimas, cuando refugiados de Siria, Sudán del Sur y otros lugares me han contado lo rápido que se desmoronaron sus vidas.

World Vision seguirá trabajando con la comunidad de Nueva Delhi mientras se traslada a una nueva zona, ayudando a que los niños vayan a la escuela y a que todos los demás accedan a servicios. Pero ¿quién atenderá a los millones de otros niños que caen por las fisuras?

La buena noticia, a menudo silenciada en una época de miedo y cinismo, es que hay indicios de nuevas iniciativas de cooperación que pueden garantizar que los niños tengan alguna esperanza cuando las cosas empiezan a desmoronarse.

Nuestra experiencia demuestra que algunas empresas con visión de futuro empiezan a ir más allá de la filantropía e imaginan un mundo en el que su éxito se mida, en parte, por la contribución que hacen a un mundo seguro y sostenible para las personas más vulnerables de la sociedad.

Los principales proveedores de tarjetas de crédito están trabajando para añadir valor a los pagos en efectivo que las organizaciones humanitarias hacen a las personas afectadas por crisis de hambre o emergencias repentinas. Su tecnología ofrece a las poblaciones afectadas una nueva forma de participar en el sistema financiero mundial.

En otros ámbitos, la visión de DSM la está llevando más allá del alcance habitual de «una empresa dedicada a la nutrición» hacia el compromiso de brindar una mejor nutrición a los niños más pobres del mundo. Vemos la misma sensibilidad en las inversiones de Procter & Gamble, Coca-Cola y otras empresas para proporcionar agua potable a lugares remotos; y en Microsoft y otras compañías tecnológicas, que muestran liderazgo al ofrecer formación en competencias tecnológicas avanzadas a jóvenes refugiados sirios.

Durante varios años, World Vision ha tenido el agrado de trabajar con varios Estados miembros de la ONU que quieren garantizar que los niños más pobres del mundo no se queden atrás. Este año, la reformulación por parte del Gobierno de China de su iniciativa de la Franja y la Ruta para que apoye los objetivos de «Todas las mujeres, todos los niños» en más de 43 países —incluidos muchos de los más pobres de África— ha creado un nuevo actor de gran peso en el desarrollo mundial.

Las comunidades religiosas —casi siempre la primera línea de defensa local para los más pobres de la sociedad— trabajan cada vez más juntas a escala mundial para responder al hambre, proteger a los niños, fortalecer a las familias y ayudar a los refugiados. Las organizaciones de la ONU, encabezadas por el Programa Mundial de Alimentos y UNICEF, se están abriendo a las posibilidades de trabajar de manera más deliberada con personas de fe para cumplir sus mandatos.

Este año, las seis mayores agencias centradas en la infancia acordaron trabajar juntas de maneras nuevas y cuantificables para reducir sustancialmente la violencia contra los niños en todo el mundo.

Esta colaboración entre empresas comprometidas y solidarias, gobiernos, comunidades religiosas y sociedad civil puede ayudar a reparar las grietas que crea nuestro mundo fracturado y por las que se cuelan tantos niños. Es una señal del progreso que debemos alcanzar y del espíritu con el que debemos afrontar el futuro.

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