Se estima que los países en desarrollo necesitarán hasta 4,5 billones de dólares de inversión al año para alcanzar los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) para 2030. Estas mismas estimaciones indican que existe una brecha de financiación de 3,1 billones de dólares al año.
Aunque se ha escrito mucho sobre la financiación combinada como solución, sigue el debate sobre cómo definir el término y cuáles son el mejor enfoque y las fuentes más adecuadas para obtener estos fondos. Hay algo claro: con 17 ODS y 169 metas individuales, la Agenda 2030 de las Naciones Unidas para el Desarrollo Sostenible es demasiado ambiciosa para que cualquier entidad o sector pueda abordarla por sí solo.
Por eso, combinar fondos de organizaciones donantes, gobiernos y deuda y capital privados es nuestra mejor oportunidad de lograr un impacto real en los problemas que amenazan a nuestra sociedad y los medios de vida de las generaciones venideras. Reunir a estas entidades permitiría que las iniciativas sostenibles se beneficiaran de la innovación del sector privado y de sus conocimientos técnicos y operativos, además de impulsar la inversión hacia proyectos con impacto en el desarrollo que, de otro modo, no se llevarían a cabo.
La naturaleza del trabajo humanitario y de desarrollo plantea una serie singular de desafíos para las empresas del sector privado, que suelen buscar una rentabilidad más rápida de sus inversiones de capital y operativas. Es cierto que estas inversiones pueden destinarse a proyectos de alto riesgo, pero también tienen el potencial de generar beneficios muy elevados, no solo para los inversores, sino también para los millones de personas de todo el mundo atrapadas en la pobreza.
Confía, pero verifica
Por desgracia, incluso algunas de las mejores intenciones de resolver los problemas que amenazan a la sociedad no han dado hasta ahora los resultados esperados. Para lograr avances reales, primero debemos abordar el elefante en la habitación: la confianza.
Históricamente, muchas personas han trazado una distinción entre la sociedad civil y el sector privado: de un lado están quienes hacen el bien; del otro, quienes tienen interés en ganar dinero. El primer paso para entablar una colaboración productiva es derribar los muros del «nosotros y ellos» y reconocer nuestros objetivos comunes, aunque sigamos caminos distintos para alcanzarlos. Ernest Hemingway dejó una gran frase: «La mejor manera de saber si puedes confiar en alguien es confiar en esa persona».
Los pilares fundamentales de la confianza son la transparencia y la rendición de cuentas, dos aspectos que suelen faltar en los ejemplos actuales de financiación combinada. Esto se debe a que la financiación combinada solo representa la mitad de la ecuación. Nuestro mayor desafío no consiste únicamente en cerrar la brecha de financiación para el desarrollo, sino también en determinar las formas más eficaces de invertir esos fondos y lograr que miles de millones de dólares hagan el trabajo de billones.
Un enfoque de cinco pasos para el desarrollo sostenible
Aproximadamente el 82 % del capital que llega al mundo en desarrollo ya proviene del sector privado. Sin embargo, no existe una forma adecuada de garantizar que estos fondos contribuyan a la agenda de desarrollo. Las iniciativas gubernamentales suelen estar desconectadas y carecen de una estrategia integral. Además, los donantes no cuentan con buenos mecanismos de coordinación para aprovechar las inversiones de los demás.
Aunque hay oportunidades de inversión atractivas, necesitamos un nuevo enfoque centrado en todo el ecosistema para impulsar una transformación sistémica e inclusiva de los mercados. Este enfoque puede aplicarse mediante cinco pasos sencillos, pero fundamentales.
1: Colaborar con los gobiernos
Para que se produzca un cambio sistémico, toda estrategia debe comenzar por establecer relaciones sólidas a nivel nacional. Las empresas deben colaborar con los gobiernos en programas que ayuden a lograr mayores ahorros y eficiencias, aumentar los ingresos, reducir la delincuencia, ampliar la inclusión financiera y mejorar la calidad de vida en general. Según nuestra experiencia en Mastercard, este es un primer paso esencial para los países que necesitan un enfoque integral que impulse sus iniciativas de desarrollo.
2: Evaluar el mercado
Para que una solución tenga éxito, primero hay que entender el problema. La investigación, basada en casos de uso específicos y de gran impacto, adaptados a cada mercado, debe llevarse a cabo en colaboración con las partes interesadas locales para obtener una visión clara e integral del estado actual. Esto permite comprender mejor el entorno regulatorio y las relaciones entre las instituciones locales que podrían influir en el plan.
3: Crear un plan maestro del ecosistema
Con una investigación exhaustiva sobre las necesidades del mercado local, se puede elaborar un diseño integral o «plan maestro». Esta hoja de ruta hacia el estado futuro deseado describe qué funciones se necesitan en el ecosistema. ¿Cuál es un modelo de negocio sostenible? ¿Qué requisitos técnicos y de infraestructura hacen falta para alcanzar la visión? Estas preguntas se responden con aportaciones de actores de los sectores público y privado, lo que aumenta la probabilidad de que los planes de un país puedan ampliarse.
4: Gestionar (o diseñar) las inversiones
Aquí es donde entra en juego la estructura de financiación combinada. El «plan maestro del ecosistema» sirve de base para coordinar las inversiones —incluidas las donaciones, el capital y la deuda— con el fin de amplificar el impacto de cada una, aumentar la eficiencia y reducir los costes de transacción asociados. Esto implica gestionar las inversiones de forma continua, lo que incluye elaborar un plan de financiación nacional y recomendaciones de financiación individuales.
5: Medir los resultados
Como se ha mencionado, una de las principales críticas a la financiación combinada es la falta de rendición de cuentas y de pruebas de que el enfoque haya tenido éxito. Por eso, el último paso, y uno fundamental, es medir el impacto. Esto implica elaborar y poner en práctica planes de seguimiento y evaluación antes y después de la financiación para cada beneficiario y cartera nacional, e informar periódicamente de los resultados. Solo así podremos comprender a fondo cómo y dónde puede desplegarse la financiación combinada de la manera más eficaz.
Promover los ODS no es simplemente algo bueno que hacer: es una necesidad empresarial. La longevidad de las empresas de todo el mundo depende de que aumenten el acceso a los servicios financieros y su uso entre quienes se encuentran en la base de la pirámide. Dado que los objetivos empresariales y los objetivos mundiales están inextricablemente vinculados, la mejor manera de impulsar un cambio transformador es actuar en el nivel del ecosistema. Así se atienden las necesidades de los gobiernos en los mercados, se crea un espacio para que el sector privado opere en ellos y se hace asequible para las poblaciones desatendidas conectarse a la economía formal.
Debemos ir más allá de los aspectos básicos de la financiación combinada y analizar cómo maximizar de verdad el impacto de los fondos públicos, privados y del sector social, de forma que se garantice la transparencia y la rendición de cuentas. Esta es la fórmula para encontrar nuevas y mejores maneras de impulsar las oportunidades y el crecimiento económicos, el empoderamiento y la dignidad individuales, y construir comunidades más resilientes.


