En 2011, olas de hasta 50 pies prácticamente borraron del mapa la ciudad portuaria japonesa de Onagawa.
Con una magnitud de 9,0, el mayor terremoto jamás registrado en Japón y el tsunami que provocó causaron 16.000 muertes y destruyeron 122.000 edificios. Situada en la costa de Tōhoku, cerca del epicentro submarino, Onagawa quedó casi arrasada por toda la fuerza del desastre: se destruyó cerca del 70 % de sus edificios y murió el 10 % de su población murió.
Ocho años después, una nueva ciudad ha surgido del polvo y los escombros. Pero, ante una población que ya estaba disminuyendo, la reconstrucción va más allá de volver a construir: busca revitalizar la localidad.
¿Qué está haciendo el Foro Económico Mundial respecto al futuro de las ciudades?
El Centro para la Transformación Urbana conecta a líderes de ciudades, empresas y gobiernos para comprender los desafíos y las oportunidades que configuran el futuro urbano.
Mediante el aprendizaje entre pares y la colaboración, el Centro permite que las ciudades intercambien conocimientos y conviertan un entendimiento compartido en soluciones urbanas prácticas y resilientes.
La población de Onagawa había disminuido de 16.000 a 10.000 habitantes entre 1980 y 2010, y un tercio tiene ahora más de 65 años. Ante el peor desastre natural que Japón había sufrido jamás, el municipio quería evitar que Onagawa se convirtiera en un pueblo fantasma.
¿La solución? Llevar a la gente al centro de la localidad para comprar, trabajar o utilizar los servicios. La ciudad ha prohibido prácticamente todo, salvo las viviendas, en las afueras, y ha concentrado todas las actividades en un distrito central. En la práctica, Onagawa ha proscrito la expansión urbana descontrolada. Así, se espera que el centro siga animado aunque la población continúe disminuyendo.
Aunque muchas empresas que ya existían no sobrevivieron al tsunami, la localidad aprovechó la oportunidad para renovar su imagen e intentar atraer a gente más joven con buenas tiendas y restaurantes de moda.
Antes del tsunami, gran parte del centro de la localidad era de propiedad privada, por lo que el municipio poco podía hacer ante el declive gradual a medida que los establecimientos cerraban. Ahora ha asumido la propiedad de los terrenos, y una empresa de desarrollo comunitario es propietaria y gestiona las tiendas y sus arrendatarios.
Con un enfoque audaz de la planificación urbana, Onagawa aspira a convertirse en un modelo para reconstruir comunidades.
Hacer que las ciudades sean habitables
Los efectos negativos de la expansión urbana descontrolada —el crecimiento mal planificado de las ciudades— se observan en todo el mundo. La mala conectividad entre viviendas, empleos, tiendas y servicios aumenta el número de coches en las calles y agrava la congestión y la contaminación atmosférica en las zonas urbanas. Los desarrollos inmobiliarios en las afueras, en zonas con alquileres más bajos, han vaciado muchos centros urbanos. La pérdida de espacios verdes, además de perjudicar el bienestar de las personas, también daña el medioambiente y aumenta el riesgo de desastres como las inundaciones repentinas.
Al mismo tiempo, impulsadas por mejores oportunidades laborales y la esperanza de una mayor prosperidad, cada vez más personas se trasladan del campo a las ciudades. Actualmente, más de la mitad de la población mundial vive en zonas urbanas; se prevé que para 2050 esta cifra alcance el 70 %. El 60 % de los terrenos que serán urbanos en 2030 aún no se ha urbanizado.
Esta transición se está produciendo mucho más rápido en los países en desarrollo que en otras partes. Pocos países están suficientemente preparados para los desafíos que plantea. Y aún menos gestionan adecuadamente este crecimiento y ponen en marcha las herramientas administrativas y la infraestructura necesarias.
La urbanización no es mala en sí misma: las ciudades generan el 80 % del PIB mundial. Sin embargo, también consumen la mayoría de los recursos naturales del planeta y producen tres cuartas partes de las emisiones de CO₂. Las ciudades del futuro mejor planificadas y más exitosas combinarán innovación y tecnología inteligentes y sostenibles para impulsar a gran escala la productividad económica urbana.




