La capacidad de pasar de los combustibles fósiles a las fuentes de energía renovable podría quedar en manos de las comunidades locales. Una nueva investigación sugiere que los sistemas descentralizados e inteligentes de microrredes pueden cubrir la mayor parte, si no la totalidad, de nuestras necesidades energéticas futuras.
Los Países Bajos están a la vanguardia de un nuevo enfoque para generar y compartir energía que podría permitir que los barrios del futuro próximo produzcan su propia energía renovable.
Los Aardehuizen: una microrred vecinal
Un estudio encargado por el Ministerio de Asuntos Económicos de los Países Bajos y la Agencia Empresarial de los Países Bajos está evaluando el rendimiento de tres proyectos de microrredes en Ámsterdam y uno en Olst.
Las microrredes conectan un barrio a una red energética local que funciona de manera independiente de la red eléctrica principal, para compartir energía local entre los hogares. Las comunidades de estas redes están descentralizadas y son propiedad de cada pueblo o barrio, que las gestiona.
El sistema combina varias tecnologías compatibles, como paneles solares en los tejados, vehículos eléctricos, bombas de calor y baterías de almacenamiento, para captar y distribuir energía limpia de forma inteligente entre la comunidad.
A partir de datos del mundo real, los investigadores descubrieron que las tecnologías de microrredes podrían hacer que las comunidades locales fueran autosuficientes en un 90 % en materia energética, con la posibilidad de alcanzar la autosuficiencia total en el futuro.
Si se optimizan eficazmente, las redes podrían convertirse en un eje central de los esfuerzos del país por adoptar energías renovables.
Florijn de Graaf, autor del informe, prevé que casi la mitad de todos los hogares de la UE generarán energía renovable para 2050, y que un tercio de ellos formará parte de una comunidad energética local.
Cumplir los objetivos climáticos
Como parte del Acuerdo de París, el Gobierno neerlandés se ha comprometido a reducir las emisiones de dióxido de carbono del país entre un 80 y un 90 % para 2050, con planes de que las fuentes renovables representen el 14 % de la producción energética para 2020.
Esta cifra está por debajo del objetivo de la UE de que las energías renovables representen el 20 % de la producción de los países miembros para 2020.
Suecia lidera el avance entre los países de la UE: el 53,8 % de su producción energética procede de fuentes renovables, cifra que ya supera su objetivo del 49 % para 2020. Los Países Bajos van bastante rezagados, con un total actual del 6 %, pero hay motivos para el optimismo.
Si se optimizan adecuadamente, las microrredes podrían desempeñar un papel fundamental en el apoyo a los esfuerzos por pasar a sistemas de energía renovable y cumplir los objetivos climáticos.
«A medida que pasa el tiempo, bajan los costes y aumenta la conciencia climática, cada vez más personas empezarán a tener una o varias de estas tecnologías», explica De Graaf.
El futuro de las microrredes
Actualmente, las microrredes alimentan aparatos individuales —como coches o bombas de calor— de forma aislada, lo que impone grandes exigencias al sistema; es como una toma de corriente sobrecargada con demasiados enchufes. A medida que se añaden más aparatos, puede ser necesario realizar costosas mejoras para mantener el suministro eléctrico.
El futuro de las microrredes reside en lo que el informe denomina sistemas SIDE: energía descentralizada, inteligente e integrada.
Una red SIDE utiliza un sistema de gestión inteligente para integrar distintos componentes y equilibrar la oferta y la demanda locales, lo que reduce los costes. Por ejemplo, los paneles solares captan energía cuando brilla el sol y cargan vehículos eléctricos; el excedente de energía se almacena en una batería o el sistema lo distribuye para abastecer otras viviendas de la comunidad.
Los datos del estudio muestran que, a largo plazo, los sistemas SIDE son menos costosos que los sistemas convencionales alimentados por la red y no requieren costosas mejoras de infraestructura.
El objetivo final es utilizar la tecnología SIDE para crear los «Smarthoods» del futuro, donde los flujos circulares de agua, alimentos y energía permitirían que las comunidades fueran totalmente autosuficientes, reciclando agua, materiales y residuos siempre que sea viable.
Si el éxito de las pruebas neerlandesas pudiera reproducirse a gran escala, esto podría transformar drásticamente el panorama energético y contribuir en cierta medida a alcanzar los ambiciosos objetivos de energía renovable fijados por los Países Bajos.
El éxito a escala mundial dependerá de muchos factores específicos de cada país, como la política energética y la regulación. En teoría, los lugares con abundantes recursos eólicos, hídricos y solares —sobre todo si también tienen precios locales de la electricidad elevados y tarifas energéticas costosas— deberían ser buenos candidatos para las microrredes.





