Las casas que sufrieron daños mínimos por el terremoto de Cachemira de 2005 se construyeron con una antigua técnica conocida como estructura de madera «Dhaji».
Casi el 40 % de las viviendas reconstruidas en el marco del proyecto del Banco Mundial utilizaron estas antiguas técnicas de estructuras de madera y mampostería de piedra, gracias a datos fiables.
Las casas de madera pueden construirse con materiales disponibles localmente, como barro, piedra y madera, a menudo una alternativa más barata.
En el trasfondo de los debates sobre los compromisos climáticos y la financiación para el clima en la COP26 estaba la necesidad fundamental de cambiar los patrones de desarrollo insostenibles. Mientras los gobiernos fijan objetivos para 2050 y 2070, los peligros naturales, como las inundaciones, los deslizamientos de tierra, los desprendimientos de rocas y las tormentas, ya son cada vez más frecuentes e intensos, y causan muertes y pérdidas de alrededor de 3 billones de dólares estadounidenses en todo el mundo en los últimos 20 años.
Tras estos desastres surge la oportunidad de canalizar la financiación para la reconstrucción hacia un desarrollo más resiliente y menos intensivo en energía. Por desgracia, a menudo se desaprovecha: ante la falta de una planificación avanzada a largo plazo, puede haber especulación, y los incentivos para «reconstruir mejor» pueden quedar eclipsados por los de reconstruir rápidamente o de la misma manera. Mientras tanto, con frecuencia se pasan por alto soluciones más sostenibles.
Pero a veces se encuentra e implementa una solución sostenible, como ocurrió con la reconstrucción de las viviendas destruidas en el terremoto de Cachemira de 2005. El terremoto, de magnitud 7,6, azotó el norte de Pakistán y Cachemira, y se cobró 87.000 vidas, entre ellas las de 19.000 niños, muchos de los cuales murieron cuando se derrumbaron numerosos edificios escolares. En respuesta, la Asociación Internacional de Fomento, el fondo del Banco Mundial para los países más pobres, AIF, aportó 238 millones de dólares para la rehabilitación y la reconstrucción a través del Proyecto del Fondo de Alivio de la Pobreza de Pakistán. El proyecto estableció dos oficinas sobre el terreno en la zona afectada por el terremoto y dio capacidad a equipos locales con experiencia en ingeniería y movilización social para informar tanto de los problemas como de las soluciones.
«A veces se encuentra e implementa una solución sostenible, como ocurrió con la reconstrucción de las viviendas destruidas en el terremoto de Cachemira de 2005».
Los informes semanales de los equipos del proyecto sobre el terreno señalaron las dificultades para cumplir las directrices gubernamentales de reconstrucción de viviendas. Estas directrices exigían utilizar materiales de construcción con mortero de arena y cemento; sin embargo, importar esos materiales a través del terreno montañoso del norte de Pakistán y usar cemento en una región con escasez de agua resultó difícil. Mientras tanto, entre las infraestructuras derruidas y los escombros, los equipos del proyecto encontraron una solución: las casas que apenas habían sufrido daños por el terremoto se habían construido con una técnica centenaria conocida como la estructura de madera «Dhaji». Esta técnica tradicional de construcción —un sistema de mampostería con entramado de listones de madera, similar a un mosaico y relleno de barro, piedra y otros materiales locales— se ha utilizado desde la antigüedad en culturas de todo el mundo.
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Esta observación, respaldada por datos recogidos sobre el terreno, llevó a modificar las directrices de reconstrucción. Como resultado, casi el 40 % de las viviendas reconstruidas en el marco del proyecto utilizaron estas técnicas de estructuras de madera y mampostería de piedra. «Los habitantes de estas zonas montañosas han aprendido a lo largo de los siglos qué es lo más adecuado para sus respectivos contextos», afirma Kamran Akbar, especialista sénior en gestión del riesgo de desastres del Banco Mundial, quien dirigió los esfuerzos para establecer unidades locales sobre el terreno, crear alianzas con organizaciones no gubernamentales comunitarias y responder de forma adaptativa a los informes recibidos desde el terreno.
La madera: un material de construcción resiliente y con bajas emisiones de carbono
Aunque el hormigón es el material de construcción predominante en todo el mundo, constituye una fuente importante de emisiones de gases de efecto invernadero. De hecho, si la industria del hormigón fuera un país, sería el tercer mayor emisor de CO2después de China y Estados Unidos. Las estructuras de madera han demostrado ser más resilientesante ciertos tipos de desastres, como los terremotos, y también más sostenibles. Las casas de madera pueden construirse con materiales disponibles localmente, como barro, piedra y madera, a menudo una alternativa más barata. También permiten generar empleo local, a diferencia de la experiencia especializada que suele tener que contratarse externamente para construir de forma segura una estructura de hormigón armado de varias plantas. Los árboles capturan y almacenan carbono de forma natural durante su vida y, si se aprovechan de manera sostenible, la madera puede ser uno de los materiales de construcción más ecológicos disponibles, además de contribuir a los medios de vida rurales. Estas estructuras de madera también ofrecen una oportunidad para conectar con la cultura y construir sobre las estructuras del pasado con miras a un futuro más resiliente.
Dado que es probable que en el futuro aumenten la frecuencia y la intensidad de los peligros naturales, en los próximos años habrá más oportunidades de reconstruir; ojalá, de manera más segura y sostenible. Las lecciones aprendidas de los desastres han demostrado que la magnitud de la destrucción no se debe en realidad al fenómeno natural en sí, sino al desarrollo humano. «No son los terremotos los que matan», cita Akbar; «es el hormigón».
Sin embargo, si la destrucción causada por los desastres naturales suele deberse a la actividad humana, también es algo que podemos cambiar. La COP26 puso de relieve las carencias de la financiación climática y la necesidad de garantizar que los fondos lleguen a quienes más los necesitan. Aunque la madera no puede sustituir al hormigón, puede incorporarse en soluciones creativas para replantear el desarrollo en función de lo que mejor se adapte al contexto local. Los fondos para reconstruir después de un desastre, junto con una participación local deliberada y la inclusión de las voces de quienes más han sufrido sus consecuencias, pueden contribuir a ello.



