La repercusión económica de la COVID-19 puede haber empujado a 100 millones de personas a la pobreza extrema.
Un nuevo estudio del FMI propone un marco para que los países en desarrollo evalúen las opciones de política que pueden impulsar el crecimiento a largo plazo y movilizar más ingresos.
Para alcanzar los Objetivos de Desarrollo Sostenible, los países necesitarán agendas de reforma muy ambiciosas, escriben cuatro expertos.
La repercusión de la pandemia en los más pobres del mundo ha sido especialmente dura. Es posible que la COVID-19 haya empujado a unos 100 millones de personas a la pobreza extrema solo en 2020, mientras que el la ONU advierte que en algunas regiones la pobreza podría aumentar a niveles no vistos en 30 años. La crisis actual ha frenado el avance hacia los objetivos básicos de desarrollo, ya que los países en desarrollo de bajos ingresos deben ahora equilibrar el gasto urgente para proteger vidas y medios de subsistencia con las inversiones a más largo plazo en salud, educación, infraestructura física y otras necesidades esenciales.
En un nuevo estudio, proponemos un marco para que los países en desarrollo evalúen las opciones de política que pueden impulsar el crecimiento a largo plazo, movilizar más ingresos y atraer inversiones privadas para contribuir a alcanzar los Objetivos de Desarrollo Sostenible. Incluso con reformas nacionales ambiciosas, la mayoría de los países en desarrollo de bajos ingresos no podrán movilizar los recursos necesarios para financiar estos objetivos. Necesitan un apoyo decisivo y extraordinario de la comunidad internacional, incluidos los donantes privados y oficiales y las instituciones financieras internacionales.
Un revés importante
En 2000, los líderes mundiales se propusieron acabar con la pobreza y crear un camino hacia la prosperidad y las oportunidades para todos. Estos objetivos se sustentaron en los Objetivos de Desarrollo del Milenio y, quince años después, en los Objetivos de Desarrollo Sostenible fijados para 2030. Estos últimos representan un plan compartido para la paz y la prosperidad, para las personas y el planeta, ahora y en el futuro. Requieren inversiones significativas tanto en capital humano como físico.
Hasta hace poco, el desarrollo avanzaba de forma constante, aunque desigual, con éxitos medibles en la reducción de la pobreza y la mortalidad infantil. Pero incluso antes de la pandemia, muchos países no iban por buen camino para cumplir los Objetivos de Desarrollo Sostenible en 2030. La COVID-19 golpeó duramente la agenda de desarrollo, infectando a más de 150 millones de personas y matando a más de tres millones. Sumió al mundo en una recesión grave, revirtiendo las tendencias de convergencia de ingresos entre los países en desarrollo de bajos ingresos y las economías avanzadas.
Desde que comenzó la pandemia, el FMI ha proporcionado financiación de emergencia por valor de 110 000 millones de dólares a 86 países, incluidos 52 beneficiarios de bajos ingresos. Hemos comprometido 280 000 millones de dólares en total, y nuestra prevista asignación general de DEG por valor de 650 000 millones de dólares beneficiará a los países pobres sin aumentar su carga de deuda. El Banco Mundial y otros socios para el desarrollo también han ofrecido apoyo. Pero esto por sí solo no basta.
En nuestro documento, desarrollamos una herramienta macroeconómica novedosa para ayudar a evaluar las estrategias de financiación del desarrollo, incluida la financiación de los Objetivos de Desarrollo Sostenible. Nos centramos en la inversión en desarrollo social y capital físico en cinco ámbitos fundamentales para un crecimiento sostenible e inclusivo: salud, educación, carreteras, electricidad, y agua y saneamiento. Estas áreas clave del desarrollo son las partidas de gasto más importantes en la mayoría de los presupuestos gubernamentales.
Aplicamos nuestro marco a cuatro países: Camboya, Nigeria, Pakistán y Ruanda. Estos países necesitarán, en promedio, una financiación anual adicional superior al 14 por ciento del PIB para alcanzar los Objetivos de Desarrollo Sostenible en 2030, unos 2½ puntos porcentuales al año por encima del nivel previo a la pandemia. Dicho de otro modo, sin aumentar la financiación, la COVID-19 podría haber retrasado hasta cinco años el avance hacia los Objetivos de Desarrollo Sostenible en los 4 países.
El revés podría ser mucho mayor si la pandemia provoca secuelas económicas permanentes. Las medidas de confinamiento han frenado considerablemente la actividad económica, privando a las personas de ingresos e impidiendo que los niños asistan a la escuela. Estimamos que el daño duradero al capital humano de una economía, y por tanto a su potencial de crecimiento, podría aumentar las necesidades de financiación del desarrollo en 1,7 puntos porcentuales adicionales del PIB al año.
Afrontar el desafío
¿Cómo pueden los países aspirar a lograr avances significativos hacia los Objetivos de Desarrollo Sostenible en estas nuevas y más difíciles circunstancias provocadas por la pandemia?
No será fácil. Los países tendrán que encontrar el equilibrio adecuado entre financiar el desarrollo y salvaguardar la sostenibilidad de la deuda, entre los objetivos de desarrollo a largo plazo y las necesidades inmediatas urgentes, y entre invertir en las personas y modernizar la infraestructura. Deberán seguir atendiendo el asunto que tienen entre manos: gestionar la pandemia. Al mismo tiempo, sin embargo, también deberán llevar adelante una agenda de reformas muy ambiciosa que priorice lo siguiente:
Fomentar el crecimiento, lo que pondrá en marcha un círculo virtuoso. Amplía el pastel, lo que da lugar a recursos adicionales para el desarrollo, que a su vez impulsan aún más el crecimiento. Por ello, son esenciales las reformas estructurales que promuevan el crecimiento, incluidos los esfuerzos para mejorar la estabilidad macroeconómica, la calidad institucional, la transparencia, la gobernanza y la inclusión financiera. Nuestro estudio destaca cómo el sólido crecimiento de Nigeria y Pakistán les permitió avanzar de forma significativa en la reducción de la pobreza extrema antes de 2015. Relanzar el crecimiento, que desde entonces se ha estancado en estos países muy poblados, será fundamental.
Fortalecer la capacidad de recaudar impuestos es fundamental para financiar los servicios públicos básicos necesarios para alcanzar los objetivos clave de desarrollo. La experiencia demuestra que aumentar la proporción de ingresos fiscales sobre el PIB en un promedio de 5 puntos porcentuales a medio plazo, mediante reformas integrales de la política y la administración tributarias, es un objetivo ambicioso pero alcanzable para muchos países en desarrollo. Camboya lo ha logrado: en los 20 años previos a la pandemia, incrementó sus ingresos fiscales de menos del 10 por ciento del PIB a alrededor del 25 por ciento del PIB.
Mejorar la eficiencia del gasto. Alrededor de la mitad del gasto en inversión pública en los países en desarrollo se desperdicia. Mejorar la eficiencia mediante una mejor gestión económica, junto con una mayor transparencia y gobernanza, permitirá a los gobiernos lograr más con menos.
Catalizar la inversión privada. Fortalecer el marco institucional mediante una mejor gobernanza y un entorno regulatorio más sólido ayudará a catalizar inversiones privadas adicionales. Ruanda, por ejemplo, logró aumentar la inversión privada en los sectores del agua y la energía, de prácticamente nada en 2005–09 a más de 1½ por ciento del PIB al año en 2015–17.
Aplicadas en conjunto, estas reformas podrían generar hasta la mitad de los recursos necesarios para lograr avances sustanciales hacia los Objetivos de Desarrollo Sostenible. Pero incluso con programas de reforma tan ambiciosos, estimamos que los objetivos de desarrollo se retrasarían una década o más en tres de nuestros cuatro países de estudio de caso si actuaran por su cuenta.
¿Qué está haciendo el Foro Económico Mundial para promover el desarrollo urbano sostenible?
Las ciudades son responsables del 75 % de las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero y albergan a más de la mitad de la población mundial, cifra que crecerá hasta los dos tercios en 2050. Al priorizar la energía más limpia, las ciudades podrían contribuir con más de la mitad de los recortes de emisiones necesarios para mantener el calentamiento global por debajo de 2°C, lo que estaría en línea con el Acuerdo de París.
Para lograr ciudades con emisiones netas cero y positivas para la naturaleza y comunidades para 2050, el Foro Económico Mundial colabora con partes interesadas de los sectores público y privado en iniciativas que impulsan la ambición global mediante la acción local. Estas son solo algunas:
Davos Baukultur Alliance: Avanzar en la planificación, la construcción y la gestión de alta calidad de edificios, infraestructuras y espacios públicos, con principios basados en la resiliencia climática, la sostenibilidad y la circularidad en el entorno construido. Más información.
Global New Mobility Coalition: Explorar nuevas soluciones para reducir la congestión y las emisiones, mejorar la infraestructura de vehículos eléctricos y transformar la movilidad urbana y las entregas. Más información.
Alliance for Urban Innovation: Conectar a innovadores y emprendedores con nuevos mercados y oportunidades que reinventen y transformen la calidad de vida y las economías locales. Más información.
G20 Global Smart Cities Alliance: Acelerar soluciones inteligentes y prácticas para generar resiliencia climática, mejorar el bienestar público y abordar los desafíos más apremiantes de las ciudades y las comunidades locales. Más información.
Future of Travel and Tourism: Impulsar un crecimiento económico inclusivo y sostenible, a la vez que se preserva el patrimonio cultural y se protegen los ecosistemas naturales. Más información..
Descubra cómo puede formar parte de nuestros esfuerzos por crear ciudades y comunidades más sostenibles y habitables. Contáctenos aquí.
Por eso es fundamental que la comunidad internacional también dé un paso al frente. Si los socios para el desarrollo aumentan gradualmente la ayuda oficial al desarrollo, del 0,3 por ciento actual al objetivo de la ONU del 0,7 por ciento de la renta nacional bruta, muchos países en desarrollo de bajos ingresos podrían estar en condiciones de alcanzar sus objetivos de desarrollo en 2030 o poco después. Proporcionar esta asistencia puede ser una tarea muy exigente para los responsables de las políticas en las economías avanzadas, que probablemente se centren ahora más en sus desafíos internos. Pero contribuir al desarrollo es una inversión valiosa con un potencial de rendimientos elevados para todos. Como dijo Joseph Stiglitz, la única prosperidad verdadera y sostenible es la prosperidad compartida.



