Cemento sostenible: el cambio sencillo que podría reducir drásticamente las emisiones globales de carbono

A general view shows rising smoke from a Syrian regime controlled cement factory, in Aleppo, Syria August 9, 2016. REUTERS/Abdalrhman Ismail TPX IMAGES OF THE DAY - S1BETUMQVBAA
The world produces more than 10 billion tonnes of concrete each year.Image: REUTERS/Abdalrhman Ismail
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  • El cemento es fundamental en la industria de la construcción, ya que es el pegamento que mantiene unido el hormigón.

  • Pero la producción de cemento representa alrededor del 8% de las emisiones globales de CO₂.

  • Existen alternativas bajas en carbono que podrían contribuir a transformar la forma en que construimos las ciudades para mitigar el cambio climático.

El 22 de agosto es el Día de Sobrecapacidad de la Tierra, fecha que marca el momento en que la demanda de recursos ecológicos de la humanidad en un año determinado supera lo que la Tierra puede regenerar en ese mismo año. Esto se debe al consumo masivo de recursos ecológicos y a la acumulación de residuos. Gran parte de ello procede de la industria pesada y de la forma en que construimos nuestras ciudades.

Curiosamente, el Día de Sobrecapacidad de la Tierra de 2020 se cumple casi exactamente dos años después de que Greta Thunberg iniciara la primera huelga escolar por el clima. En los últimos dos años, ha inspirado a millones de personas a luchar por la justicia climática y un futuro mejor, y el Parlamento Europeo declaró una “emergencia climática y medioambiental”.

Al mismo tiempo, durante esos dos años la humanidad ha emitido más de 80 000 millones de toneladas de CO₂, y la Tierra ha vivido el segundo año más cálido registrado. A pesar de la mayor conciencia sobre la crisis climática, está claro que aún queda mucho por hacer.

Hace unos 200 años, al inicio de la revolución industrial, la huella de carbono de la humanidad era casi nula. Hoy, la huella de carbono de la humanidad representa más de la mitad de nuestra huella ecológica total, lo que hace que los seres humanos utilicen muchos más recursos de los que pueden renovarse cada año, equivalentes a los recursos renovables de 1,6 Tierras.

Descarbonizar la industria y la economía es esencial para mejorar el equilibrio entre nuestra huella ecológica y los recursos renovables del planeta. Esto daría a la humanidad la mejor oportunidad posible de mitigar los efectos del cambio climático. En consecuencia, debemos repensar la forma en que construimos nuestras ciudades. Y para ello, tenemos que hablar del cemento.

El cemento, el “pegamento” del hormigón, es el material duradero, impermeable y omnipresente sobre el que se construye la civilización moderna. El hormigón es el segundo producto más utilizado después del agua, y el mundo produce más de 10 000 millones de toneladas al año.

Según informes recientes indican que, desde la introducción del cemento Portland hace unos 200 años, nuestro entorno construido ya supera al entorno natural que existe desde hace millones de años. Esto se debe principalmente a la rápida urbanización. Para 2050, se prevé que el 80% de la población mundial viva en ciudades.

Sin embargo, la capacidad de construir obras de ingeniería como el Viaducto de Millau y el Burj Khalifa tiene un alto coste ambiental. La producción de cemento por sí sola (sin contar otros aspectos de la construcción) representa alrededor del 8% de las emisiones globales de CO₂, de las cuales aproximadamente la mitad procede de reacciones químicas inherentes al proceso de producción. A medida que otros sectores, como la energía y la agricultura, reduzcan su participación en las emisiones, la producción de cemento podría representar casi una cuarta parte de todas las emisiones de CO₂ de origen humano para 2050.

El paso completo a cemento sostenible podría, según la tecnología utilizada, evitar entre 1.720 y 2.750 millones de toneladas de emisiones de CO₂ al año, lo que retrasaría el Día de Sobrecapacidad de la Tierra aproximadamente diez días. Estos ahorros podrían lograrse ya hoy. Para 2050, los ahorros podrían alcanzar entre 7.250 y 11.600 millones de toneladas de emisiones de CO₂ al año, retrasando el Día de Sobrecapacidad de la Tierra aproximadamente 40 días.

Esta reducción de la huella de carbono puede lograrse únicamente cambiando el tipo de cemento que utilizamos para construir ciudades e infraestructuras. Se pueden lograr más ahorros con un diseño más eficiente y el uso de cementos sostenibles de mayor rendimiento, de modo que se necesite menos cemento (y, por tanto, menos carbono) para obtener el mismo resultado.

Hacer el cemento más sostenible

Muchos cementos bajos en CO₂ han surgido como alternativas atractivas y más sostenibles al cemento Portland tradicional. El cemento Portland se produce calentando una mezcla de piedra caliza y otros minerales a unos 1.450 °C, un proceso que da lugar a reacciones químicas que liberan grandes cantidades de CO₂.

Pero también se utilizan ampliamente en el hormigón otros materiales, en su mayoría generados a partir de residuos o subproductos industriales, como ceniza volante de carbón, escoria de alto horno, arcillas calcinadas, caliza finamente molida o humo de sílice. Se emplean mezclados con el cemento tradicional o como aglutinante (o “pegamento”) por sí solos, sin cemento Portland.

Es importante destacar que la forma en que se producen estos materiales genera emisiones de CO₂ mucho menores que el cemento Portland. Esto puede reducir las emisiones de CO₂ entre un 50% y un 80%, según la tecnología utilizada.

El uso de estos materiales en el cemento aporta mayor resistencia y durabilidad, y además mejora la sostenibilidad al reducir las emisiones de CO₂ asociadas y reciclar residuos industriales. Muchos de estos cementos han sido destacados en el informe del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente de 2016 como los que tienen mayor potencial para reducir las emisiones de CO₂ relacionadas con el cemento.

Pese a los amplios beneficios ambientales y técnicos que pueden lograrse, el sector de la construcción ha sido lento en la adopción de tecnologías de cemento sostenible, que se han centrado principalmente en nichos de mercado más pequeños. Esto ha limitado la capacidad del sector para descarbonizarse.

Una cosa se ha vuelto cada vez más clara en los últimos años. Si queremos mitigar la crisis existencial en la que nos encontramos, es preciso actuar ya. El Acuerdo de París compromete a los líderes mundiales a responder a la amenaza del cambio climático manteniendo el aumento de la temperatura media mundial por debajo de 2 °C, y procurando limitarlo a 1,5 °C.

Para lograrlo, es esencial que revolucionemos la forma en que construimos nuestras ciudades, pasando a tecnologías de cemento sostenible que reutilicen residuos industriales e impulsen una economía circular. Las soluciones están al alcance de la mano. Y nuestro futuro depende de ello.

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