Si piensa en la generación de energía en Oriente Medio, probablemente piense en el petróleo. Pero, en realidad, la región está a la vanguardia de la carrera por descarbonizar la producción de energía.
En marzo comenzó a funcionar una de las primeras plantas solares de la región vinculada a una instalación de almacenamiento. La planta Al Badiya, en Al-Mafraq (Jordania), combina una granja solar de 23 megavatios (MW) con una capacidad de almacenamiento de 12,6 MWh mediante baterías de iones de litio.
Es solo la última planta de energía verde de la región en entrar en funcionamiento. En febrero, Abu Dabi, capital de los Emiratos Árabes Unidos, puso en marcha «la mayor planta de batería virtual del mundo», capaz de almacenar 648 MWh para equilibrar la demanda en la red y mantener el suministro de la ciudad durante hasta seis horas en caso de interrupción.
Cuanto más grande, mejor
Ese lanzamiento siguió de cerca el inicio de operaciones de lo que se afirma que es la mayor planta solar del mundo, Noor Abu Dabi. Con 1.177 MW, duplica la capacidad del anterior titular del récord, la granja solar Desert Sunlight de 550 MW en California.
El año pasado, Dubái completó una importante instalación de almacenamiento de energía en baterías en su enorme parque solar Mohammed bin Rashid Al Maktoum. Y en mayo del año pasado, Líbano abrió su mercado energético para permitir que empresas privadas de generación solar y eólica vendieran electricidad a la red. El objetivo es poner fin a la dependencia del país del petróleo para la generación de electricidad.
Entonces, ¿por qué Oriente Medio, rico en petróleo y que todavía genera la mayor parte de su electricidad a partir de combustibles fósiles, se muestra tan interesado en alternativas ecológicas? El hecho evidente es que los líderes se enfrentan al cambio climático y a la transición mundial hacia las energías renovables, así como al eventual fin de la producción de petróleo a medida que los recursos finitos de combustibles fósiles disminuyan a lo largo del siglo.
En una entrevista poco habitual, el príncipe heredero de Abu Dabi, el jeque Mohammed bin Zayed, pareció aceptar el cambio. «Dentro de 50 años, cuando quizá tengamos el último barril de petróleo… puedo decirles que celebraremos ese momento», declaró.
Solar, eólica e hidroeléctrica
La región tiene altos niveles de radiación solar, lo que hace de la energía solar una solución atractiva. Pero Dubái también ha encargado el desarrollo de una central hidroeléctrica en la presa de Hatta, en las montañas de Hajar. La energía solar se utilizará para bombear agua a un depósito de gran altura en los períodos de menor demanda, y el agua almacenada se liberará para alimentar la central hidroeléctrica en las horas punta.
Los Emiratos Árabes Unidos están canalizando sus considerables ingresos petroleros hacia la energía alternativa. Para 2030 planean invertir 160.000 millones de dólares en energías renovables, con el objetivo declarado de generar dos tercios de su electricidad a partir de fuentes libres de carbono a mediados de siglo.
Este ambicioso objetivo, uno de los más exigentes de la región, también se ha visto impulsado por las preocupaciones sobre el cambio climático. Las ciudades costeras de baja altitud de los Emiratos Árabes Unidos son especialmente vulnerables a la subida del nivel del mar.
El año pasado, el Foro Económico Mundial publicó un libro blanco en el que pide eliminar los obstáculos regulatorios a una mayor innovación en la generación de energía sostenible. Dado que dos tercios de los gases de efecto invernadero proceden de la generación de energía, el libro blanco sugería que el progreso era, en ese momento, demasiado lento para evitar un cambio climático catastrófico.


