Lo que nos enseña un dramaturgo noruego sobre el liderazgo mundial

Actor Helmut Lohner performs during a dress rehearsal of Henrik Ibsen's play 'John Gabriel Borkman' at Theater in der Josefstadt in Vienna February 28, 2012. The play is directed by Elmar Goerden and will have its premiere on March 1. REUTERS/Herwig Prammer (AUSTRIA - Tags: ENTERTAINMENT) - BM2E82S1BMZ01
“A community is like a ship; everyone ought to be prepared to take the helm.”Image: REUTERS/Herwig Prammer
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El dramaturgo noruego Henrik Ibsen escribió en una ocasión: “Una comunidad es como un barco; todos deberían estar preparados para tomar el timón.” Con nuestro barco global zarandeado por las aguas tormentosas y peligrosas del cambio climático, cada uno de nosotros debe estar preparado para ejercer un liderazgo adecuado y realista.

El fallecido Kofi Annan en una ocasión afirmó que el cambio climático es «el problema existencial de nuestro tiempo». Una ola de fenómenos meteorológicos extremos el pasado verano –desde los incendios forestales en California y Suecia hasta las inundaciones en India y la sequía en Australia– demuestra lo acertado que estaba. Y, como también comprendió Annan, hacer frente a esta crisis no significa solo proteger la economía o incluso el medio ambiente; también significa defender la justicia, preservar los derechos humanos y comprometerse con la solidaridad social.

Durante más de cuatro décadas, estos valores han inspirado mi labor para impulsar el desarrollo sostenible tanto a nivel nacional como internacional. En la década de 1980, mientras ejercía como jefe de Gobierno de Noruega, presidí la Comisión Mundial sobre Medio Ambiente y Desarrollo, por invitación del entonces secretario general de las Naciones Unidas, Javier Pérez de Cuéllar. En 1987, la Comisión publicó su informe, “Nuestro futuro común”, se convirtió en un documento de referencia que llevó el desarrollo sostenible a la atención de presidentes, primeros ministros y ministros de finanzas de todo el mundo. Impulsó la Conferencia sobre Medio Ambiente y Desarrollo de 1992 en Río de Janeiro, y sigue influyendo en los debates mundiales.

Image: Naciones Unidas

Hoy escribo como miembro de The Elders, un grupo de líderes independientes fundado por Nelson Mandela para trabajar por la paz, la justicia y los derechos humanos. La acción climática es esencial para el progreso en todas estas áreas.

Sabemos qué hay que hacer. Hay que gravar y reducir las emisiones de dióxido de carbono. Hay que eliminar los subsidios a las industrias de combustibles fósiles. Y hay que proporcionar apoyo financiero a los países menos desarrollados, que son los más vulnerables a los efectos del cambio climático, a pesar de haber contribuido casi nada al problema.

¿Por qué no se toman estas medidas? Con algunas excepciones lamentables y evidentes, los líderes mundiales reconocen la realidad del cambio climático. Ven los daños que los fenómenos meteorológicos extremos pueden causar en los hogares, las infraestructuras y los medios de vida, y escuchan las advertencias de los científicos del clima de que las condiciones solo empeorarán.

Pero una estrategia climática suficientemente audaz exige valor y compromiso político por parte de los líderes. Además, estas estrategias deben actualizarse de forma continua para reflejar las cambiantes realidades socioeconómicas – desde la globalización y la inteligencia artificial hasta una mayor conciencia sobre la discriminación de género y racial – con el fin de garantizar el apoyo de los ciudadanos, especialmente de los jóvenes.

Por supuesto, los ciudadanos comunes –de nuevo, especialmente los jóvenes– también tienen la responsabilidad de contribuir a una acción climática eficaz. Los desafíos que enfrenta el mundo pueden parecer abrumadores, pero la tarea de sus ciudadanos es sencilla: implicarse. Esto significa cambiar sus propios comportamientos, incluso votando, exigiendo más acción a los líderes e, incluso, asumiendo ellos mismos el liderazgo.

En su penetrante estudio sobre el valor y la cobardía humanos, “Un enemigo del pueblo”, el dramaturgo noruego Henrik Ibsen escribió: “Una comunidad es como un barco; todos deberían estar preparados para tomar el timón.” Con nuestro barco global zarandeado por aguas tormentosas y peligrosas, cada uno de nosotros debe estar preparado para ejercer el liderazgo de manera adecuada y realista, ya sea en nuestra comunidad local o a nivel nacional o internacional.

Ya contamos con cartas de navegación que pueden guiarnos hacia la seguridad. Los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible de la ONU, acordados por los 193 Estados miembros de la ONU en 2015, abarcan todos los elementos interconectados de la vida y el desarrollo humanos, desde la salud, la educación y el medio ambiente hasta la paz, la justicia, la seguridad y la igualdad.

Por ejemplo, no puede haber desarrollo, sostenible o de otro tipo, sin una población mundial sana. Sin embargo, como mi compañero en The Elders y exsecretario general de la ONU Ban Ki-moon, y yo constatamos de primera mano durante un reciente viaje a India que solo en ese país millones de personas caen cada año en la pobreza debido a los gastos sanitarios.

La buena noticia es que India también demuestra cómo las reformas innovadoras a nivel estatal y nacional pueden mejorar el acceso. En particular, las Clínicas Mohalla del gobierno estatal de Delhi, fieles a su nombre (mohalla significa comunidad o vecindario en hindi), ofrecen un paquete básico de servicios de salud esenciales – incluidos medicamentos, diagnósticos y consultas – de forma gratuita.

El desafío sanitario al que se enfrenta India es compartido por muchos países del mundo, incluidos otros mucho más ricos, como Estados Unidos. Afrontarlo exigirá no solo más innovación, sino también la aplicación de soluciones existentes, como las Clínicas Mohalla, basada en el reconocimiento de que la salud es un bien público y que los sistemas de atención sanitaria eficaces se construyen sobre la solidaridad social, el mismo principio que inspira todos los ODS.

Lo cierto es que todos los jefes de Estado, todos los gobiernos y todos los ciudadanos tienen la responsabilidad de garantizar que alcancemos los ODS. En ese sentido, los objetivos refutan la idea de que la mejor manera de maximizar la prosperidad y la seguridad es anteponer el propio país y sus intereses, aislándolo de sus vecinos.

Alcanzar los ODS –y, por tanto, hacer frente a la crisis climática– exigirá plantar cara a los intereses políticos, empresariales y económicos creados que pretenden mantener nuestro orden desigual actual. También exigirá que transformemos nuestros estilos de vida insostenibles y nuestros patrones de producción y consumo, al tiempo que afrontamos el problema del rápido crecimiento demográfico. Todos tendremos que aportar lo que nos corresponde.

Este año, personas de todo el mundo conmemoran el centenario del nacimiento de Mandela. Mandela, uno de los líderes más notables y visionarios que ha conocido el mundo, entendió que el desarrollo humano es un esfuerzo colectivo y holístico. “Superar la pobreza”, declaró en una ocasión, “no es una tarea de caridad, es un acto de justicia.”

Honremos el legado de Mandela emprendiendo una acción urgente, cooperativa e integral para alcanzar los ODS. Construyamos un mundo que podamos legar con orgullo a nuestros hijos y nietos.

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