Cómo subsanar los sistemas alimentarios disfuncionales puede ayudarnos a cumplir todos los ODS

Pre-consumer food waste is stockpiled before being feed to black soldier fly larvae at the Enterra Feed Corporation in Langley, British Columbia, Canada, March 14, 2018. Picture taken March 14, 2018. REUTERS/Ben Nelms - RC197FAF9DC0
Around a third of the food produced for humans is lost or wasted - just one example of a broken food systemImage: REUTERS/Ben Nelms
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Los líderes mundiales se han fijado una serie de metas y objetivos ambiciosos en la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible. Poner fin al hambre en 2030 (ODS 2) o reducir en un tercio la mortalidad prematura por enfermedades no transmisibles (ODS 3), por ejemplo, no será tarea fácil. Ante una profusión de compromisos semejante, los responsables de políticas deberían ver la mejora de los sistemas alimentarios mundiales como un filón de oportunidades.

La paradoja del desperdicio de alimentos y el hambre

La pérdida y el desperdicio de alimentos, principalmente en los países desarrollados, contrastan marcadamente con la desnutrición generalizada, sobre todo en los países en desarrollo. Unos 821 millones de personas, es decir, una de cada nueve, pasaron hambre en 2017. Mientras tanto, alrededor de una tercera parte de los alimentos producidos para consumo humano se pierde o desperdicia — unas 1.300 millones de toneladas al año. Si solo se lograra salvar una cuarta parte de los alimentos perdidos y desperdiciados, se podría alimentar a 870 millones de personas. Este es solo un ejemplo de sistemas alimentarios disfuncionales.

Para alcanzar el ODS 2 (hambre cero), los responsables de políticas deben examinar las dimensiones económica, social y ambiental de los sistemas alimentarios y cómo están interconectadas. La pérdida y el desperdicio de alimentos es uno de los tres pilares del Índice de Sostenibilidad Alimentaria (FSI, por sus siglas en inglés), desarrollado por The Economist Intelligence Unit junto con el Barilla Center for Food & Nutrition. Los otros dos son la agricultura sostenible y los retos nutricionales. El FSI muestra que Francia es líder mundial en la limitación de la pérdida y el desperdicio de alimentos. Esto se debe, por ejemplo, a una legislación que obliga a los supermercados con una superficie de 400 metros cuadrados o más a redistribuir los alimentos sobrantes entre organizaciones benéficas que atienden a comunidades pobres.

Otros ejemplos de buenas prácticas para reducir la pérdida y el desperdicio de alimentos identificados en el informe que acompaña a los últimos resultados del FSI incluyen la tecnología de contadores inteligentes de Winnow, con sede en Londres, que, al acoplarse a los cubos de basura, ayuda a los chefs a medir, supervisar y reducir el desperdicio de alimentos.

Pero limitar la pérdida y el desperdicio de alimentos no solo es fundamental para el ODS 2. También es un factor importante para otros ODS, como el ODS 12 (consumo y producción responsables), y está estrechamente asociado con otros componentes del FSI, en particular la agricultura sostenible. La agricultura representa alrededor del 70 % del uso mundial de agua y el 30 % de las emisiones de gases de efecto invernadero. El crecimiento de la población mundial, la urbanización creciente y el deterioro de los recursos naturales significan que debemos hacer más con menos, reduciendo al mismo tiempo nuestra huella de carbono. Esto implica que las prácticas agrícolas sostenibles también desempeñan un papel importante en el ODS 13 (acción por el clima).

El FSI muestra que los líderes mundiales en agricultura sostenible son Austria, Dinamarca e Israel. Las mejores prácticas en agricultura sostenible identificadas en nuestro estudio incluyen el método de colocación profunda del fertilizante utilizado por millones de agricultores en Bangladés para reducir el uso de fertilizantes y aumentar los rendimientos.

El reto de la nutrición

Existen muchas más conexiones entre la necesidad de corregir los sistemas alimentarios y el logro de los ODS. Por ejemplo, abordar la coexistencia de la sobrenutrición y la malnutrición será fundamental para alcanzar el ODS 3 (salud y bienestar), como destacó recientemente José Graziano da Silva, director general de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura.

Alrededor de 151 millones de niños menores de cinco años sufren retraso del crecimiento, mientras que aproximadamente 38 millones tienen sobrepeso. En todo el mundo, la obesidad se ha triplicado desde 1975. El reto de la malnutrición y la sobrenutrición solo puede resolverse si los responsables de políticas replantean el funcionamiento de los sistemas alimentarios. Esto se refleja en algunas de las mejores prácticas para abordar los retos nutricionales, identificadas en nuestro estudio, entre ellas la educación nutricional obligatoria dentro del currículo nacional de la educación primaria, como en Costa de Marfil. Los países líderes en la categoría de retos nutricionales del FSI son Japón, Corea del Sur y Dinamarca.

Las mejores prácticas hacia los ODS

Los ODS centrados en ámbitos como el hambre, la salud y el clima parecen ser los beneficiarios evidentes de un cambio hacia sistemas alimentarios sostenibles. Pero existen vínculos importantes entre los sistemas alimentarios y otros ODS quizás menos evidentes, como los relativos a la pobreza (ODS 1), igualdad de género (ODS 5) y ciudades y comunidades sostenibles (ODS 11).

Esto demuestra una vez más que la alimentación es un hilo conductor que vincula los 17 ODS. Cuanto antes comprendan los responsables de políticas que reformar los sistemas alimentarios será una palanca poderosa para el desarrollo sostenible, más cerca estaremos de alcanzar los ODS.

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