Esta semana, la comunidad internacional se reúne de nuevo en Nueva York para celebrar una serie de debates importantes sobre el cambio climático y el desarrollo sostenible. Esta vez, se les observará de cerca. Los jóvenes líderes climáticos y los representantes de la sociedad civil estarán presentes en cada etapa, velando por que los debates y las decisiones avancen en la dirección correcta para el planeta, para sus habitantes más pobres y para las generaciones futuras. ¿Pero estamos colectivamente a la altura del desafío? ¿Podemos responder a sus justificadas exigencias de una acción concreta e inmediata?
Han transcurrido cuatro años desde la adopción de la Objetivos de Desarrollo Sostenible y del Acuerdo de París, y pese a los sinceros esfuerzos de muchos actores, la realidad es que, a escala mundial, hemos estado avanzando hacia atrás en lugar de hacia delante. Mientras tanto, la «etiqueta de precio» para revertir la situación a tiempo y construir un futuro sostenible e inclusivo sigue aumentando desde la previsión de una brecha de financiación de los ODS de 2,5 billones de dólares anuales realizada en 2014.
Para mí, financiar los ODS puede compararse con la navegación, en el sentido de que los países deben asumir el papel de patrón y volver a tomar el timón del barco. Cada uno conoce mejor las aguas por las que debe navegar para satisfacer las necesidades de desarrollo de su propia población. Al mismo tiempo, la arquitectura colaborativa de la comunidad internacional debe funcionar como una fuerza eólica eficaz, aportando la energía catalizadora que impulse el barco hacia delante.
Para lograrlo, los esfuerzos existentes de las instituciones de financiación para el desarrollo, la sociedad civil y los sectores privado y público deben trabajar de forma sincronizada para que el viento sople en una misma dirección, y el patrón pueda tener un mayor control del barco y trazar una ruta más fluida y eficiente para todos los implicados.
Por último, no se puede navegar sin el rumbo adecuado, es decir, la dirección de avance del barco en relación con el viento. Esta es la parte complicada, y para ello se necesita una tripulación experimentada, comprometida y centrada: un grupo de trabajo que tenga acceso a las herramientas y los conocimientos adecuados para preparar las velas con el ángulo correcto que permita dirigir el barco en la dirección adecuada.
A efectos de nuestra metáfora, esta es la Hoja de Ruta de Financiación Nacional, un conjunto de próximos pasos prácticos, herramientas y redes que aprovechan la colaboración público-privada para ayudar a los países a acelerar sus esfuerzos en pro de los ODS y a aumentar las fuentes de capital disponibles para avanzar en sus prioridades de desarrollo sostenible.
La hoja de ruta se presentará oficialmente en la Cumbre sobre el Impacto del Desarrollo Sostenible del Foro Económico Mundial en Nueva York el 24 de septiembre, con el primer grupo de países que iniciarán este camino, entre ellos Santa Lucía, como prototipo para los pequeños Estados insulares. La hoja de ruta será clave para hacer avanzar la relación entre la ONU y el Foro de colaboración estratégica con el fin de acelerar la aplicación de la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible.
Mantener los ODS a flote
La buena noticia es que no necesitamos reinventar la rueda, ni el mástil. Ya existen buenos ejemplos de soluciones transformadoras para la financiación de los ODS que funcionan como un GPS eficaz y que se inscriben en cualquiera de las tres áreas interrelacionadas clave que impulsan el desarrollo sostenible: la financiación (incluida la financiación mixta), la capacidad y cartera de proyectos, y el entorno propicio.
Y la Cuarta Revolución Industrial está aquí para ayudar. Disponemos de las herramientas analíticas digitales adecuadas: COSMOS es una plataforma de mapeo para identificar los programas, iniciativas, coaliciones e instituciones activos más relevantes que trabajan en la movilización de financiación para los ODS en el África subsahariana, y puede ayudar a detectar lagunas, solapamientos y posibles espacios de colaboración. El objetivo es convertirla en un proceso de cribado mundial de las acciones sobre el terreno que pueda utilizarse para apoyar a los países de forma más eficaz.
La cuestión es: ¿podemos crear las colaboraciones adecuadas para ampliar soluciones transformadoras para los países a la velocidad que se necesita?
Como el reloj avanza, la colaboración de múltiples partes interesadas nunca ha sido más vital ni más necesaria para abordar los desafíos sistémicos que obstaculizan la creación de las condiciones para la financiación de los ODS. Como todos estamos en el mismo barco en lo que respecta al clima y al desarrollo sostenible, espero que juntos podamos zarpar hacia un futuro mejor.



