Los científicos han transferido recuerdos entre dos seres vivos

Snails (Helix Pomatia) are seen at the Vladimir Rabkov's farm in the village of Dolginovo, Belarus August 22, 2017. REUTERS/Vasily Fedosenko - RC1C8A9683D0
We may be a lot closer to modifying our memories according to UCLA researchers.Image: REUTERS/Vasily Fedosenko
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Es posible que no puedas llevar tu casa a cuestas o liberar ácido sulfúrico, pero tienes mucho más en común con un caracol marino de lo que crees. Sobre todo en lo que respecta a tu cerebro.

Sí, los caracoles marinos pueden tener 20.000 neuronas, una cifra irrisoria comparada con los 100.000 millones de los humanos. Pero los científicos han estado estudiando a los caracoles marinos desde hace mucho tiempo, y saben muchísimo sobre cómo aprenden estos organismos. Muchos organismos marinos funcionan de la misma manera que los mamíferos, solo que los procesos que los mantienen con vida son mucho menos complejos. Y los caracoles marinos no son una excepción: sus nervios transmiten impulsos de forma muy parecida a como lo hacen los nuestros.

Así que es impresionante que investigadores de la UCLA hayan logrado transferir recuerdos de haber recibido descargas eléctricas entre caracoles marinos. ¿Aún más impresionante? Que estas primeras investigaciones podrían algún día allanar el camino para procesos similares en humanos.

En el estudio, publicado el lunes en la revista eNeuro, los caracoles de un grupo fueron entrenados para responder a un estímulo; en este caso, una descarga en la cola (amantes de los animales, no se preocupen: la descarga no lastimaba a los caracoles. Solo desencadenaba un reflejo defensivo de enroscarse, algo parecido a retirar la mano de una estufa caliente). Al principio, los caracoles solo se enroscaban durante unos segundos. Pero, mediante descargas repetidas, los investigadores los entrenaron para enroscarse durante más tiempo, hasta unos 50 segundos.

A continuación, el equipo tomó parte del ácido ribonucleico (ARN), que forma proteínas a partir del ADN de las células, del tejido nervioso de la parte superior del abdomen de los caracoles entrenados, y lo inyectó en el cuello de los caracoles no entrenados para que llegara a su sistema circulatorio. Cuando recibieron las descargas, los caracoles que no habían recibido inyección de ARN se enroscaban solo durante unos segundos, como lo hacen todos los caracoles que no han sido entrenados. ¿Pero los que recibieron ARN de los caracoles entrenados? Mantuvieron la postura durante 40 segundos, como si recordaran cómo responder a un estímulo, aunque nunca antes se habían enfrentado a él. Los investigadores también probaron algunas de las mismas técnicas en neuronas de caracol en una placa de Petri.

Esto es muy importante porque ayuda a zanjar un debate científico de larga data. Verás, algunos investigadores piensan que los recuerdos se almacenan en las sinapsis (los espacios entre las células nerviosas). Otro grupo creía que los recuerdos se almacenaban en los núcleos de las neuronas. Como explicó el autor del estudio David Glanzman a la BBC, “Si los recuerdos se almacenaran en las sinapsis, no hay forma de que nuestro experimento hubiera funcionado.”

Para tratar las enfermedades relacionadas con la memoria en los humanos, primero debemos comprender cómo almacena el cerebro los recuerdos. El equipo de la UCLA sugiere que su investigación podría permitirnos algún día, como indica el estudio, “modificar, potenciar o debilitar los recuerdos”. Esto podría dar lugar a nuevas formas para que personas con alzhéimer en etapa temprana recuperen parte de lo que perdieron, o a tratamientos novedosos para el trastorno de estrés postraumático (TEPT).

No nos emocionemos demasiado; estos son caracoles, después de todo. Estos hallazgos no zanjan el debate sobre dónde se almacenan los recuerdos, y desde luego no significan que podamos restaurar al instante recuerdos detallados en humanos.

Pero existen muchos tipos diferentes de ARN, y el equipo de Glanzman planea realizar más investigaciones para determinar qué tipos afectan más directamente a la memoria.

Así que todavía estamos lejos de convertirnos en cinturones negros de kárate solo por inyectarnos ARN en el cuello, o de descargar geniales pasos de baile directamente en nuestra mente. Pero quizá estemos un paso más cerca, gracias al humilde caracol marino, tan a menudo sometido a descargas.

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