En África no hay suficientes científicos. ¿Cómo podemos cambiar esta situación?

Dr. Celine Nobah (R) of the Association of Women Researchers in the Ivory Coast (AFEMC-CI) stands beside a canoe as she conducts research to ensure that fish in the lagoon Ebrie are safe for consumption, in Nbadon, Abidjan March 4, 2013. The association was formed to raise the profile of women working in scientific research in the Ivory Coast. It helps women raise funding for their projects and seeks to promote scientific research, a field dominated by men, as a viable career option among young women by helping them obtain scholarships. REUTERS/Thierry Gouegnon (IVORY COAST - Tags: SCIENCE TECHNOLOGY BUSINESS MARITIME) - RTR3EO36
Africa must invest in research and development to realize its goal of shared prosperity within a generation.Image: REUTERS/Thierry Gouegnon
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La Agenda 2063 de la Unión Africana establece la ambiciosa meta de transformar la situación socioeconómica del continente. Presenta la visión de una África próspera, basada en el crecimiento inclusivo y el desarrollo sostenible, y señala la inversión en educación, desarrollo de competencias y ciencia como tres pilares fundamentales para alcanzar este objetivo.

Existe un firme deseo de invertir en la ciencia africana, pero esa visión está lejos de hacerse realidad. La investigación y el desarrollo (I+D) y la innovación en África padecen una falta crónica de inversión y una ejecución deficiente. El continente alberga al 15% de la población mundial y soporta el 25% de la carga mundial de morbilidad, pero produce apenas el 2% de la investigación del mundo.

Solo el 1% de la inversión mundial en I+D se destina a África, y el continente posee apenas el 0,1% de las patentes del mundo. De la investigación médica que sí se lleva a cabo, mucha no da prioridad a las enfermedades o los problemas de salud más apremiantes para los africanos. En pocas palabras, no hay suficientes científicos en África.

Actualmente, África cuenta con 198 investigadores por millón de habitantes, frente a 428 en Chile y más de 4.000 en el Reino Unido y Estados Unidos. Para alcanzar siquiera el promedio mundial de investigadores por habitante, el continente necesita un millón más de nuevos doctores.

La situación está empeorando. La falta de oportunidades hace que África pierda cada año unos 20.000 profesionales, que se trasladan a países de ingresos altos. No hacer nada es retroceder.

El debate sobre la I+D africana suele quedar estancado en estos desafíos aparentemente insuperables. Sin embargo, al igual que muchas regiones del mundo, el continente africano atraviesa profundos cambios sociales y económicos que ofrecen oportunidades prometedoras.

En los cinco años hasta 2015, cuando muchos países aún se recuperaban de la crisis económica mundial, el PIB de África creció un 3,3% anual, más rápido que el promedio mundial. Además, el FMI prevé que el continente será la segunda economía de más rápido crecimiento del mundo para 2020. La demografía está cambiando, con una mayor urbanización y una clase media emergente. Se espera que África tenga la mayor población en edad de trabajar del mundo para 2034.

Existe una verdadera oportunidad de invertir en este grupo para crear un futuro prometedor y sostenible: uno que ofrezca buenas carreras profesionales, seguridad económica y contribuya positivamente al desarrollo social y económico de África.

Es hora de actuar. Si África quiere alcanzar su objetivo de prosperidad compartida en la próxima generación, debe mejorar su panorama de I+D e innovación invirtiendo en las personas.

Ya se están logrando algunos avances. El programa Developing Excellence in Leadership, Training and Science (DELTAS) Africa ya ha invertido 60 millones de libras esterlinas en la formación de investigadores africanos. La financiación procede de Wellcome y del Gobierno del Reino Unido, pero el programa no se dirige desde Londres, sino desde Nairobi, a cargo de la Alliance for Accelerating Excellence in Science in Africa (AESA). Al desplazar así el centro de gravedad, DELTAS empieza a garantizar que la ciencia para África esté dirigida por investigadores africanos y siga respondiendo a las necesidades del continente.

Es un gran comienzo, pero queda mucho por hacer. Para que la financiación sea sostenible a largo plazo, debe proceder no solo de inversores extranjeros, sino también del propio continente. Se están desarrollando numerosas iniciativas para fomentar precisamente eso. La más reciente, que se debatirá en detalle esta semana en el Foro Económico Mundial sobre África, es la Coalición para la Investigación y la Innovación Africanas (CARI). CARI busca crear en África una comunidad de I+D altamente coordinada, bien financiada e innovadora, que supere la persistente escasez y fragmentación de recursos del continente.

Es difícil exagerar la magnitud del desafío que tenemos por delante. Aumentar la capacidad de investigación es un proceso largo y complejo que requiere aportes continuos a nivel individual, institucional y de todo el sistema. Es necesario apoyar cada uno de estos niveles, pero el elemento que los sustenta es el talento humano: en este caso, una fuerza laboral científica altamente cualificada y competitiva a escala internacional.

Por supuesto, aumentar el número de científicos en África no es el fin, sino el medio. Todo el panorama de I+D e innovación depende de quienes trabajan en él. Una mayor experiencia se traduce en un entorno de investigación más sólido, que acelerará la transferencia de nuevos conocimientos a los responsables de formular políticas, la comercialización de productos útiles y, en última instancia, la mejora de la salud y el desarrollo en todo el continente. Una fuerza laboral cualificada también atrae inversión del sector privado, algo que escasea notablemente en África.

Las economías impulsadas por la innovación deben su éxito a un liderazgo político sólido en ciencia, tecnología e innovación. Kenia es un ejemplo de aplicación exitosa: ha situado la ciencia y la innovación en el centro de su hoja de ruta para convertirse en un país de ingresos medios para 2030.

Al desarrollar una estrategia política integral y crear un Ministerio de Educación, Ciencia y Tecnología, Kenia ha pasado del puesto 99 al 85 en el Índice Mundial de Innovación y está cerca de alcanzar su objetivo de destinar el 1% del PIB a I+D. Aspira a llegar finalmente al 2%.

Es precisamente este tipo de visión y liderazgo lo que necesitamos ver replicado en todo el continente. Por supuesto, llevará tiempo. Las exigencias financieras contrapuestas que todo gobierno debe gestionar son especialmente acuciantes en el África subsahariana. Pero ignorar la inversión en I+D es ignorar la inversión en el futuro de África.

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