Para hacer frente a los desafíos globales, los sectores público y privado deben unir fuerzas. He aquí por qué

Migrants and artists prepare to perform during the theater project 'Heart of Darkness', based on a novel by Polish novelist Joseph Conrad at a theater in Berlin, Germany, July 30, 2015.
Image: REUTERS/Fabrizio Bensch
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La cooperación público-privada es fundamental para alcanzar los Objetivos de Desarrollo Sostenible acordados por las Naciones Unidas en 2015. Bertrand Badré, investigador visitante del Peterson Institute for International Economics, exdirector financiero del Grupo Banco Mundial y copresidente del Consejo Global del Futuro sobre Gobernanza Internacional y Cooperación Público-Privada, afirma que las alianzas entre múltiples partes interesadas son la única manera de abordar los desafíos globales del desarrollo sostenible, pero advierte que no son fáciles.

¿Puede explicar la importancia de la cooperación público-privada y la gobernanza internacional? ¿Por qué necesitamos un Consejo Global del Futuro para debatir este tema?

Ninguno de los Objetivos de Desarrollo Sostenible [ODS] aprobados por la Asamblea General de las Naciones Unidas hace un año puede alcanzarse realmente solo mediante el sector público o el privado. Ya se trate de la infraestructura de las tradicionales alianzas público-privadas, de la salud o de la educación, uno se da cuenta de que cada vez vivimos más en un mundo en el que es necesario combinar ambos sectores, tanto desde el punto de vista financiero como en cuanto a competencias.

No debemos engañarnos: conseguir que los sectores público y privado trabajen juntos es complejo. Sus intereses no están alineados de entrada y existe desconfianza entre ambos. En la mayoría de los países, las autoridades públicas creen que el sector privado quiere llevarse los beneficios sin asumir ningún riesgo. A la inversa, el sector privado cree que el sector público, en el peor de los casos, es corrupto, o demasiado burocrático, lento o poco receptivo.

Así que, por un lado, creo que la cooperación público-privada es, en realidad, la clave, pero no es una solución milagrosa. No es fácil; es difícil. Tenemos que explicar por qué es importante y destacar los casos de éxito, pero también establecer los principios que hacen que la cooperación público-privada funcione.

¿Cómo está cambiando este ámbito? ¿Qué fuerzas impulsan esos cambios?

Es, en realidad, el resultado de los últimos 10-15 años. Si nos remontamos al año 2000, entonces todo giraba en torno al dinero público, el apoyo público y la administración pública, mientras que el sector privado estaba muy lejos, era algo distante y deseable, pero prescindible. Sin embargo, en Monterrey [la Conferencia Internacional de las Naciones Unidas sobre la Financiación para el Desarrollo de 2002], la gente empezó a hablar de alianzas, aunque todavía eran solo palabras vacías.

Después, la gente empezó a darse cuenta de que cada vez más dinero procedía de fuentes privadas, ya fuera del sector financiero, de las remesas o de la inversión extranjera directa; y también de que tenía sentido trabajar juntos.

¿En qué medida pueden las alianzas entre múltiples partes interesadas ayudar a abordar los desafíos globales del desarrollo sostenible?

No se trata de «en qué medida»; no hay alternativa. He trabajado en temas tan diversos como la seguridad vial, la educación o la financiación de infraestructuras, todos ellos parte de la agenda de los ODS. En todos los casos, realmente es necesario reunir a la gente alrededor de la mesa. Pensemos, por ejemplo, en la seguridad vial, una de las principales causas de muerte en el mundo hoy. No es solo una cuestión de legislación o de hacer cumplir la ley; también se necesitan buenas infraestructuras, buenos automóviles, cooperación con las empresas de bebidas alcohólicas, etcétera. Se trata, en definitiva, de trabajar juntos con un enfoque que incluya a múltiples partes interesadas.

Ya no ocurre que el gobierno o una organización internacional tomen una decisión y luego pidan al sector privado que se sume y cubra las carencias. El gran cambio ahora consiste en sentar a todos alrededor de la mesa desde el primer día y obligarlos a trabajar juntos. Es difícil.

¿Qué papel deberían desempeñar las organizaciones internacionales en la toma de decisiones globales? ¿Cómo evolucionará ese papel con el tiempo?

Desempeñan un papel fundamental, pero aún deben adaptarse. No son deus ex machina que aparecen de la nada y toman decisiones; eso ya quedó atrás. Tampoco actúan por su cuenta; eso también quedó atrás. Deben formar parte de este debate entre múltiples partes interesadas.

Desde el punto de vista cultural, no es tan sencillo: quieren tomar la iniciativa y hacer las cosas por su cuenta, pero deben aceptar una auténtica alianza entre múltiples partes interesadas. Creo que son fundamentales porque pueden actuar como engranajes entre las distintas partes y también coordinarse con la sociedad civil.

Ya sean votantes, consumidores, inversores o personas que aportan fondos a ONG, los miembros de la sociedad civil pueden exigir que tanto el sector público como el privado cumplan lo que prometen y comprobar que hacen bien su trabajo. Por eso la llamo el mortero del sistema: tiene que haber personas que exijan cuentas a los demás. Ese será el papel de cada uno de nosotros.

¿En qué medida pueden las redes transnacionales de expertos ofrecer una alternativa a la coordinación intergubernamental?

No estoy seguro de que sean una alternativa; una vez más, tenemos que unir fuerzas. Con el auge del populismo en todas partes, se observa la desconfianza hacia la élite cosmopolita. No podemos depender únicamente de los expertos; tenemos que conectar con la gente sobre el terreno. No quiero un sistema que flote en el aire, tome decisiones e impulse una agenda que la gente no acepta.

Realmente tenemos que reunir a todos alrededor de la mesa. Todo lo que tenga un carácter internacional o transnacional es positivo, porque la dura realidad es que hoy la mayoría de los asuntos exceden el ámbito de la gobernanza nacional: el comercio, el clima, los refugiados; la mayoría de estos grandes temas no pueden abordarse a escala nacional. Hay que cooperar con los países vecinos, así que se necesitan estas redes y la capacidad de participar en el plano mundial de una manera flexible e inteligente; no solo con el enfoque kissingeriano, westfaliano, de Estado a Estado.

¿En qué medida la gobernanza internacional sigue el ritmo de los avances tecnológicos? ¿Qué más hay que hacer?

Este es uno de los desafíos que observé durante mi etapa en el Banco Mundial. Por su constitución, las organizaciones internacionales son estructuras relativamente pesadas; son complejas y tienen una naturaleza política, así que no avanzan con rapidez de forma natural. Esto se nota más cuando la tecnología evoluciona a una velocidad vertiginosa. Es hora de analizar las consecuencias y tratar de adaptarse.

De verdad desearía que el Banco Mundial financiara operaciones que fueran de primer nivel desde el punto de vista tecnológico. Al hablar de grupos con múltiples partes interesadas, realmente necesitamos que haya representantes de este mundo tecnológico en rápida transformación. Ya no se puede trabajar en compartimentos estancos, y esa es, en retrospectiva, mi mayor frustración. Hay demasiados compartimentos estancos, y eso dificulta enormemente alcanzar alguna forma de bien común.

¿Cuál es el futuro de la cooperación público-privada y la gobernanza internacional? ¿Dónde estaremos en 2030?

Realmente creo que, si no somos capaces de llevar la cooperación público-privada a la siguiente etapa, no alcanzaremos los ODS. Incluso si avanzamos a la siguiente etapa, será difícil alcanzar los ODS; si no lo hacemos, será imposible. Tenemos que avanzar y dejar de limitarnos a hablar y redactar informes. Tenemos que demostrar que la cooperación público-privada es la clave, que funciona, que es difícil, pero que marca la diferencia. Desde esa perspectiva, las organizaciones internacionales y, en particular, el Foro Económico Mundial tienen la responsabilidad específica de conectar los puntos y, básicamente, reconstruir la confianza en un sistema en el que se evaporó tras la crisis.

¿Qué tecnología o dispositivo le gustaría ver más para 2030?

Es una pregunta difícil, porque hay muchas opciones. Por mi trayectoria en el ámbito financiero, me interesa mucho ver cómo podemos adoptar la cadena de bloques de una manera innovadora. Creo que puede marcar una verdadera diferencia en la inclusión financiera y en la recuperación de la confianza en el sistema financiero. También me interesa mucho ver cómo se desarrolla la inteligencia artificial, un ámbito en el que creo que se puede marcar la diferencia en numerosos campos.

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