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Este año, 2018, se cumple el 60.º aniversario de una publicación pionera de dos científicos sociales académicos que reconocieron por primera vez la estrecha relación entre la estructura etaria de la población (la distribución por edades de la población de un país) y el desarrollo, escribe Richard Cincotta en el informe del Wilson Center, ¿Marca el cambio demográfico el ritmo del desarrollo?
En Crecimiento demográfico y desarrollo en países de bajos ingresos (Princeton U. Press, 1958), el demógrafo Ansley Coale (1917-2002) y el economista Edgar M. Hoover (1907-1992) plantearon que las futuras disminuciones de la fecundidad transformarían las estructuras etarias de los países en desarrollo.
Coale y Hoover demostraron que estas estructuras etarias recién transformadas tendrían una mayor proporción de personas en edad de trabajar y una menor proporción de niños y personas mayores dependientes (fig. 1). Según ellos, esta transición algún día ayudaría a sacar del grupo de bajos ingresos a los países con poblaciones jóvenes de Asia, América Latina y África.
Sesenta años después, abundan los datos y hay sólidas pruebas que respaldan la teoría de Coale y Hoover. Sin embargo, los economistas académicos y los politólogos —cuyas teorías influyen mucho en las prioridades de la ayuda exterior y los objetivos de desarrollo— han tardado en aceptar que los avances en la transición de la estructura etaria (el paso de distribuciones de población muy jóvenes a otras más maduras) influyen en el ritmo de otras transiciones del desarrollo más básicas.

Cronologías de la estructura etaria
Para ilustrar cómo los cambios en la estructura etaria marcan el ritmo de otras transiciones del desarrollo, tomamos prestado un modelo desarrollado para pronosticar tendencias políticas para las publicaciones de Tendencias Globales del Consejo Nacional de Inteligencia (NIC)Tendencias Globales .
Al medir la madurez de las estructuras etarias mediante la edad mediana (la edad de la persona respecto de la cual la mitad de la población es más joven), elaboramos «cronologías de la estructura etaria» que representan el ritmo —en términos de edad mediana— de las tres transiciones más básicas del desarrollo: supervivencia infantil, nivel educativo e ingreso per cápita.
Las cronologías de la estructura etaria difieren mucho de las cronologías históricas. En estas últimas, el tiempo cronológico suele representarse en una línea horizontal (eje horizontal), en la que puntos y barras indican cuándo ocurrió un acontecimiento histórico y cuánto duró. En lugar del tiempo cronológico, las cronologías de la estructura etaria usan un eje horizontal que representa la transición de la estructura etaria (denominada «tiempo de la estructura etaria»), cuyo rango va de una edad mediana de 15 a 55 años. Actualmente, Níger es el país con la estructura etaria más joven, con una edad mediana de unos 15 años. Japón, con una edad mediana de 47 años, tiene la estructura etaria más madura.
El método estadístico empleado para elaborar cronologías de la estructura etaria (regresión logística) trabaja con datos categóricos, en lugar de puntos de datos individuales. Por eso, para mostrar el ritmo del desarrollo en estas cronologías, cada una de las tres transiciones básicas —supervivencia infantil, nivel educativo e ingreso— se divide en una serie de categorías consecutivas.
Por ejemplo, la transición del ingreso se representa mediante las categorías del Banco Mundial: ingreso bajo, mediano bajo, mediano alto y alto. De forma similar, la transición de la supervivencia infantil se divide en cinco categorías de supervivencia, y la del nivel educativo, en cinco categorías de logro educativo.
A diferencia de las cronologías históricas, cada cronología de la estructura etaria está trazada por una serie de curvas. Cada curva muestra cuándo —en términos de edad mediana— es probable que los países alcancen esa categoría. La siguiente curva (a la derecha en la serie) muestra con qué rapidez, en términos de avance de la edad mediana, es probable que los países pasen a la categoría inmediatamente superior (fig. 2).

Marcar el ritmo del desarrollo
Si la estructura etaria no guardara relación de algún modo con el ritmo de alguna de estas tres transiciones del desarrollo, no se observaría una secuencia ordenada de curvas. Sin embargo, el conjunto de curvas de cada transición sí refleja un patrón ordenado. Aunque cada patrón difiere en pendiente y separación, las tres transiciones comparten una característica: a medida que aumenta la edad mediana, los países avanzan de forma previsible por la secuencia progresiva de categorías de cada transición, como si hubiera un calendario demográfico del desarrollo.
Otra observación clave: es difícil comportarse como un Estado moderno cuando la estructura etaria es joven. Los gráficos muestran que, con una edad mediana de la población inferior a 25 años, lo más probable es que los países se encuentren en niveles bajos o medianos bajos de desarrollo en cuanto a supervivencia infantil, nivel educativo e ingreso.
En la mayoría de los países —con la excepción de los exportadores de petróleo y minerales y de los países menos poblados (principalmente Estados insulares con menos de 5 millones de habitantes)—, los niveles moderados de desarrollo (las categorías medianas altas) se alcanzan con una edad mediana de entre 26 y 35 años. Durante este tramo de 10 años del tiempo de la estructura etaria, los países atraviesan una «ventana demográfica» de estructuras etarias favorables en lo social y lo económico, que el NIC, en sus Tendencias Globales ha denominado la fase intermedia de la transición de la estructura etaria (sombreada en la fig. 2).
El lado de la demanda del desarrollo, relegado
¿Sugiere la estrecha relación entre la estructura etaria y otras transiciones clave del desarrollo que las políticas e inversiones en educación y creación de empleo no son importantes? ¿O que lo más importante es la disminución de la fecundidad? En absoluto. Estos resultados simplemente reafirman una conclusión común en la literatura de salud pública: los logros impulsados por los servicios en cualquiera de las transiciones básicas —supervivencia infantil, disminución de la fecundidad, nivel educativo o ingreso— suelen impulsar la demanda de otros servicios y acelerar el progreso en varias transiciones del desarrollo (véase la fig. 3).
Estos resultados también sugieren que la demografía —el lado de la demanda del desarrollo— es tan esencial como la infraestructura que constituye su lado de la oferta. La reducción del tamaño de las familias disminuye el tamaño de las cohortes en edad escolar, lo que ayuda a los gobiernos y a los padres a invertir más en cada niño. Además, el menor crecimiento de las cohortes de adultos jóvenes reduce la competencia por los empleos y suele aumentar la proporción de personas con empleo pleno.

Reconsiderar el papel de la demografía
¿Cómo se perdieron de vista las ideas de Coale y Hoover sobre el desarrollo?
Durante las seis décadas transcurridas desde que publicaron sus conclusiones, los economistas del desarrollo y los investigadores políticos se han centrado casi exclusivamente en el lado de la oferta del desarrollo: en las instituciones, las políticas y las inversiones en infraestructura que son clave para el desarrollo económico.
No es de extrañar: estos han sido los temas centrales de sus disciplinas desde el final de la Segunda Guerra Mundial. Sin embargo, los teóricos del desarrollo ignoraron en gran medida la demografía —el lado de la demanda del desarrollo—, relegándola al papel de «estadísticas complementarias» y dejándola de lado incluso en los planes de estudio de ciencias sociales.
Luego llegaron los tigres asiáticos y muchos más datos. A finales de la década de 1960 y durante la década de 1970, la fecundidad disminuyó en un puñado de países de Asia Oriental (Corea del Sur, Singapur, Taiwán, Tailandia, Hong Kong e Indonesia), que así iniciaron la transición de la estructura etaria.
A mediados de la década de 1980, estos países mostraban las características favorables que Coale y Hoover habían previsto: una gran proporción de personas en edad de trabajar y cohortes relativamente pequeñas de niños y personas mayores dependientes, lo que los demógrafos llaman ahora «dividendo demográfico». Cuando esos mismos Estados comenzaron su despegue económico, los demógrafos retomaron y ampliaron la teoría de Coale y Hoover.
La mayoría de los demógrafos cree que hace tiempo que los organismos internacionales de desarrollo deberían haber reconocido el papel que desempeñan los cambios en la estructura etaria de la población en el desarrollo social, económico y político.
Según las pruebas actuales, una reconceptualización realista situaría la disminución de la fecundidad en un punto clave (fig. 3), vinculado a mejoras en el nivel educativo y la salud infantil, que impulsa el paso hacia el conjunto de estructuras etarias favorables asociadas con el dividendo demográfico.
¿Marca el cambio demográfico el ritmo del desarrollo? Richard Cincotta, Wilson Center


