Invertir de forma responsable puede movilizar billones de dólares: así es cómo

A man takes pictures with his smartphone at a screen showing stock market prices inside a brokerage in Taipei, Taiwan, August 25, 2015. Taiwan stocks rebounded from steep losses in the prior session on hopes the government would soon step in to shore up market confidence after the key index plunged to a near three-year low on Monday. REUTERS/Pichi Chuang TPX IMAGES OF THE DAY - RTX1PJIL
Considering the social, environmental and governance impact of investment is becoming mainstreamImage: REUTERS/Pichi Chuang
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Los mercados de capitales gestionan un valor estimado de 71 billones de dólares, aproximadamente el tamaño del PIB combinado de todos los países del mundo (78 billones de dólares en términos nominales, en 2015).

El deber fiduciario es la regla de oro que rige el destino de gran parte de este capital.

Es un principio bastante sencillo: los gestores de activos (agentes fiduciarios o fideicomisarios) tienen la obligación legal de actuar en beneficio de los propietarios de los activos (mandantes) o de los beneficiarios (en el caso de los fondos de pensiones).

Los elementos esenciales del deber fiduciario, tal como se definen en leyes, reglamentos y jurisprudencia de todo el mundo, se encuentran en los deberes principales de prudencia y lealtad, así como en los deberes de buena fe, imparcialidad y supervisión.

La obligación fiduciaria establece una relación de «confianza» y rigurosos estándares de conducta. Es el equivalente, para los gestores de fondos, del juramento hipocrático.

Un cambio rápido

Algunos inversores institucionales han interpretado de forma restrictiva sus deberes fiduciarios.

A menudo, las decisiones de inversión se han basado únicamente en indicadores financieros tradicionales para conocer el rendimiento actual y futuro de un activo.

Algunos inversores sostenían que eso bastaba para cumplir con sus deberes fiduciarios.

Esto se basaba en la creencia de que gestionar el capital teniendo en cuenta también cuestiones ambientales, sociales y de gobernanza (ESG) podría comprometer la rentabilidad y, por tanto, no estaría en consonancia con los deberes fiduciarios.

Esto está cambiando rápidamente por tres motivos:

1. El valor de los factores ESG y la interpretación moderna del deber fiduciario

Los factores ESG representan riesgos y oportunidades que pueden tener efectos financieros en el rendimiento de un activo financiero, pero quizá no se reflejen en los datos financieros tradicionales.

Las prácticas ESG pueden ayudar a que una empresa sea menos vulnerable a los riesgos reputacionales, políticos y regulatorios, lo que reduce la volatilidad de los flujos de caja y del rendimiento de las acciones.

Por consiguiente, no integrar los factores ESG en los procesos de inversión puede provocar una valoración incorrecta del riesgo y decisiones deficientes de asignación de activos.

Para los inversores institucionales, los principios ESG pueden ayudar a cumplir su misión fundamental: lograr un rendimiento superior ajustado al riesgo a largo plazo.

Los factores ESG están pasando rápidamente de los márgenes a la corriente principal.

La proporción de inversores institucionales que consideran que el deber fiduciario excluye tener en cuenta los factores ESG está disminuyendo rápidamente (hasta solo el 8 % de los inversores europeos en una encuesta reciente; aunque en Estados Unidos sigue siendo del 22 %).

Esto refleja que la interpretación de los deberes fiduciarios cambia con el tiempo y responde a las normas sociales y a las expectativas del mercado.

Por consiguiente, los inversores institucionales deben adaptarse para cumplir con sus deberes.

Un informe de 2015 publicado por los Principios para la Inversión Responsable (PRI) y la Iniciativa Financiera del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (UNEP FI) concluyó que no tener en cuenta en la práctica de inversión los factores que impulsan el valor de las inversiones a largo plazo, incluidas las cuestiones ESG, constituye un incumplimiento del deber fiduciario.

Una serie de estudios demuestra que la aplicación analítica de los factores ESG mejora el rendimiento financiero, de las carteras y de las acciones; entre ellos, los publicados por la Escuela de Negocios de Harvard, Cambridge Associates y la Global Impact Investing Network.

Un estudio publicado por el Journal of Sustainable Finance and Investing demostró que las empresas cotizadas con buenas prácticas ESG presentan una volatilidad de la rentabilidad de sus acciones menor que las empresas de referencia: un 28,6 % menos, en promedio. Además, el efecto positivo sobre la rentabilidad del capital es, en promedio, un 6,1 % mayor en las empresas con buenas prácticas ESG.

El valor de los factores ESG para los inversores los convierte en un componente fundamental del análisis financiero y del deber fiduciario.

Los gobiernos también están respondiendo e incorporando en la regulación la interpretación moderna del deber fiduciario.

En el Reino Unido, las directrices de The Pensions Regulator indican que «los fideicomisarios de los fondos de pensiones del Reino Unido deben tener en cuenta los factores ESG al tomar decisiones de inversión cuando dichos factores sean financieramente significativos».

En Canadá, muchos planes de pensiones deben incluir los factores ESG en sus informes regulatorios.

En Japón, los reguladores han identificado la creación de valor sostenible como un objetivo central de la cadena de inversión.

El proyecto sobre el deber fiduciario, dirigido por The Generation Foundation, los Principios para la Inversión Responsable (PRI) y la Iniciativa Financiera del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (UNEP FI), identifica medidas adicionales en materia de regulación y práctica de inversión en los principales mercados de capitales, como Estados Unidos, Brasil y Japón, para facilitar que los inversores institucionales integren los factores ESG.

Impulsar los factores ESG suele depender menos de crear nuevas regulaciones que de mejorar las existentes.

2. El largo plazo

Tras la crisis financiera de 2008, cobra fuerza el consenso de que «buscar altas rentabilidades inmediatas sin tener en cuenta las implicaciones a largo plazo puede dar lugar a un rendimiento inferior para los inversores a largo plazo y, por extensión, para la economía en su conjunto», como señala un informe breve de la Escuela Kennedy de Harvard.

Un vistazo rápido a las políticas de inversión de los principales inversores institucionales también indica que invertir a largo plazo es la opción preferida; el Sistema de Jubilación de los Empleados Públicos de California (CalPERS) lo considera «una responsabilidad y una ventaja».

La inversión a largo plazo requiere analizar los factores ESG a nivel de empresa, de cartera y de sistema.

Los efectos de los factores ESG, como la gestión del capital humano o el cambio climático, se perciben a corto, medio, largo y muy largo plazo. Son esenciales para la creación de valor sostenible.

3. Aprendizaje automático

Pese a la importancia que se atribuye a la creación de valor a largo plazo, los inversores recurren cada vez más a los macrodatos, la inteligencia artificial y el aprendizaje automático para orientar la asignación de activos y la toma de decisiones de inversión.

Un ámbito de interés para la inversión responsable es la cuantificación de los datos ESG. La inteligencia artificial y el aprendizaje automático no son una novedad en la gestión de activos. Por ejemplo, las instituciones financieras que buscan optimizar sus decisiones financieras recurren habitualmente a los servicios de asesoramiento automatizado, la negociación algorítmica o la negociación de alta frecuencia.

La aplicación del aprendizaje automático y los macrodatos a los factores ESG, complementada con una gestión activa de las empresas participadas y una divulgación de datos ESG mejor estandarizada, puede permitir evaluar esos datos de manera eficiente, normalizada y objetiva.

Los inversores institucionales ya están adoptando nuevas formas cuantitativas de incorporar los factores ESG a sus enfoques de inversión, como la beta inteligente y los índices bursátiles con sesgo ESG.

Los fondos están empezando a incorporar el aprendizaje automático al análisis ESG.

Por ejemplo, Richmond Global, una gestora de activos con sede en Nueva York, acaba de lanzar el Compass Fund.

Este imputará datos ESG para empresas que actualmente no se evalúan, detectando patrones en el conjunto completo de métricas ESG. También utilizará datos ESG de alta calidad disponibles, junto con datos financieros materiales específicos de los gestores de activos, para ampliar y optimizar la toma de decisiones de inversión mediante la identificación de métricas materialmente relevantes y la predicción del rendimiento financiero futuro.

El aprendizaje automático y los macrodatos también están a punto de utilizarse para medir el impacto.

Clarity, una empresa con sede en Nueva York y Madrid, pronto lanzará una herramienta automatizada para los gestores de activos que opten por optimizar sus carteras midiendo el impacto de las empresas cotizadas en la sociedad.

Mediante algoritmos de aprendizaje automático, estima las necesidades de la población y hasta qué punto las empresas las están cubriendo realmente en relación con el capital utilizado.

Avanzar

Persisten los desafíos.

Algunos inversores no tienen claro cómo se incorporan las consideraciones ESG a la toma de decisiones, y la divulgación corporativa de los factores ESG suele ser irregular y difícil de comparar.

Pero la industria de la inversión está cambiando rápidamente a medida que empiezan a desplegarse enormes volúmenes de capital teniendo en cuenta los factores ESG.

El siguiente paso clave es que los responsables de formular políticas y los reguladores establezcan un acuerdo internacional sobre los deberes que los fiduciarios tienen con sus beneficiarios e incluyan los factores ESG en la ecuación, tal como se solicita en la Declaración internacional sobre el deber fiduciario emitida por PRI, UNEP FI y The Generation Foundation.

Al eliminar el obstáculo más persistente para la inversión responsable, movilizaremos billones de dólares en inversiones que contribuirán positivamente a la creación de valor sostenible a largo plazo y a la resiliencia de nuestros mercados de capitales.

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