La disminución de la confianza en las autoridades centrales está cambiando la forma en que el desarrollo internacional concibe el espacio cívico.
Los organismos de desarrollo deben ir más allá de la localización y avanzar hacia la «comunitización».
Relacionarse más directamente con la población puede aumentar considerablemente la eficacia de la prestación de servicios sociales y públicos.
La falta de confianza en el gobierno central, los políticos, los medios de comunicación y, más recientemente, las fuerzas del orden es ya un fenómeno global generalizado. El Barómetro de confianza de Edelman de 2022 señala que: «La desconfianza es ahora la emoción predominante en la sociedad; casi el 60 % de las personas tiende a desconfiar». Además, el estudio aporta un giro adicional: mientras la confianza se desploma en las democracias, aumenta vertiginosamente en las autocracias.
A esto se suma el cierre del espacio cívico y el cuestionamiento de la premisa de que la sociedad civil puede exigir responsabilidades al gobierno.
¿Qué significa esto para el futuro del espacio cívico? El mismo estudio de Edelman de 2022 concluyó que la confianza, antes jerárquica, ahora es local y dispersa: mi empleador, mis colegas, mi familia, mis amistades y mi comunidad. Durante la pandemia de COVID-19 vimos ejemplos de ello. En muchos países, la información de los gobiernos centrales solía considerarse parte de una conspiración sobre la COVID-19, mientras que se creía que las amistades y los vecinos sabían más. Se veía el hospital de la capital como un foco de contagio, pero al personal sanitario local se lo consideraba seguro. Aprendimos que, para ser realmente eficaces, las medidas de comportamiento, el diagnóstico y el tratamiento debían realizarse a nivel local: de manera distribuida, adaptada y más cercana a la gente.
¿Desarrollo internacional mediante la localización o la comunitización?
Si tanto la confianza como la eficacia de la prestación de servicios sociales y públicos que esta conlleva ya no son verticales ni jerárquicas, sino horizontales y locales, ¿qué significa eso para el desarrollo internacional?
En los últimos 10 años, se ha prestado cada vez más atención a la localización: quién implementa, quién dirige, quién administra el dinero, quién toma las decisiones y quién rinde cuentas a quién. Todas son cuestiones fundamentales. En Pact, la organización de desarrollo internacional que dirijo, nos hemos comprometido a no crear filiales locales ficticias, precisamente porque creemos firmemente en reforzar y apoyar las capacidades locales dentro de cada país.
Pero ¿es la localización, por importante que sea, todo el desafío? Recordemos esa encuesta de Edelman que decía que la confianza ahora es horizontal. ¿Suponemos erróneamente que el gobierno local puede simplemente sustituir al central? ¿Suponemos erróneamente que la sociedad civil y los medios de comunicación locales pueden ganarse la confianza que sus homólogos nacionales no han logrado obtener? ¿Necesitamos localización, o algo más específico, como la comunitización?
¿Qué quiero decir con comunitización? Veamos algunos ejemplos.
En Esuatini, las tasas de supresión viral del VIH entre adolescentes aumentaron cuando los trabajadores comunitarios de salud, en el punto de prestación del tratamiento, llegaron a conocer a sus pacientes y dejaron de reprenderlos. La noticia pronto se difundió y aumentó el número de adolescentes que buscaban servicios relacionados con el VIH y el sida.
En Colombia, las mujeres que trabajan en los sectores de la panela y las flores de corte están creando deliberadamente sus propios círculos de confianza en sus comunidades para prevenir la violencia de género y promover los derechos de las mujeres en los municipios del país. También buscan evaluar cómo influyen las habilidades interpersonales y la confianza en los resultados.
En un caso así, no podemos medir el éxito por la cantidad de mosquiteros que entregamos ni por el número de organizaciones locales con las que colaboramos. Debemos medir cuántas comunidades involucramos, cuántas diseñan el enfoque y cuántas se apropian de las iniciativas. Esto es la comunitización.
La idea no es que cada decisión deba someterse a votación a mano alzada en la plaza del pueblo. La idea es que debemos trabajar dentro de círculos de confianza más horizontales para involucrar a la gente, no solo a sus representantes políticos o cívicos. Eso significa reconsiderar cómo entendemos la eficacia política y del desarrollo, y también cómo concebimos la sociedad civil.
Financiación del desarrollo sostenible
Si eso parece una tarea demasiado titánica, o incluso algo que no importa demasiado, pensemos en cuántas personas más podrían haber aceptado vacunarse contra la COVID-19 si los centros, las campañas y los esfuerzos de persuasión se hubieran sustentado en círculos de confianza arraigados en la comunidad.
Sin esa confianza, quizá nos felicitemos por nuestros avances en materia de localización, pero podríamos estar creando nuevas jerarquías verticales locales que carecen de la confianza que las sociedades necesitan con tanta urgencia.


